Sevilla en la Ópera (IX). La Carmen de Bizet pasea a Sevilla por el mundo

De todas las grandes óperas que hemos tratado hasta ahora, probablemente la que se pasea por más emplazamientos dentro de Sevilla, es Carmen. Desde su estreno, en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París el 3 de marzo de 1875, que fue un fracaso, y su reposición meses después, cuando falleció su compositor, Carmen ha mantenido viva en la imaginación de los miles de personas que la han escuchado y visto, la imagen que para los románticos correspondía a Sevilla, y se ha mantenido en el “top ten” por cuanto al número de representaciones se trata, en todo el mundo.

Su compositor, Georges Bizet, fue en vida un gran incomprendido en la escena musical francesa, que ascendió al lugar que le correspondía en la Historia de la Ópera solo después de su muerte, gracias a Carmen. Nació en París el 25 de octubre de 1838. Hijo de un cantante y compositor aficionado, y de una profesora de piano. Demostró desde muy temprana edad tener un gran talento para la música. Ingresó en el Conservatorio de París con 9 años, uno menos que la edad permitida. Allí tuvo como profesor de composición a Jacques Fromental Halévy (1799-1862), compositor de una de las óperas fundacionales de la grand-opéra francesa, La Juive (1835), con cuya hija se casaría años más tarde, y estuvo bajo la influencia de Charles Gounod (1818-1893), el más grande compositor, para muchos musicólogos e historiadores, del S XIX francés. En 1857 ganó el prestigioso Gran Premio de Roma de composición, y esto le permitió seguir con su formación musical en Italia durante tres años. De este período es su primera ópera compuesta con tan solo 21 años, Don Procopio.

A su regreso a París, sobrevivió haciendo arreglos y transcripciones de piano para otros compositores. Como Mozart, era capaz de componer obras enteras de memoria, que luego pasaba al papel. De sus 30 proyectos musicales solo 8 óperas se estrenaron con poco o ningún éxito, y apenas se conservan las partituras de 6, caracterizadas todas por un elemento común típico del Romanticismo: el exotismo. Encargada por el Teatro Lírico de París en 1830, su obra Los pescadores de perlas, ambientada en la exótica Ceilán, a pesar de la tibieza con que fue recibida, es hoy día la segunda ópera que más se representa de Bizet, después de Carmen. En 1866 Bizet firmó el contrato para componer La bella muchacha de Perth, con libreto inspirado en la novela de Walter Scott, autor cuyas novelas fueron inspiración para más de 30 óperas, La donna del lago (1819), de Rossini, y Lucía de Lammermoor (1835), de Gaetano Donizetti, entre ellas. Las brumas, castillos, y campiñas escocesas eran un escenario ideal para los compositores románticos. Se estrenó en el Teatro-Lírico el 26 de diciembre de 1867, y aunque por problemas financieros del teatro solo se representó 18 veces, tuvo mejor aceptación entre la crítica que sus trabajos anteriores. En 1872 estrenó en el mismo teatro la ópera en un acto Djamileh, ambientada en El Cairo, que tuvo muy poca acogida. El siguiente encargo de importancia, la música incidental para la obra de Alphonse Daudet, La arlesiana, fue un fracaso rotundo, a pesar de lo cual la exquisita música de Bizet sobrevivió y, aún hoy, se sigue interpretando en forma de suite como pieza orquestal.

En 1874, renunció uno de los dos subdirectores de la Opéra-Comique, que se había opuesto frontalmente a que se representara dos años antes, Carmen, con lo cual Bizet retomó y concluyó la partitura. Los ensayos comenzaron en octubre, y con ellos los problemas. La orquesta tuvo dificultades con la música, y el coro protestó porque algunas partes se le hacían imposibles, además por tener que actuar, acostumbrados como estaban al hieratismo en escena. La dirección del teatro consideró que algunos pasajes de la ópera eran “impropios”, pero cuando los cantantes principales amenazaron con abandonar la producción, cambió de idea y acabó aceptándolos. Por cuenta de todo lo anterior, el estreno se retrasó para el 3 de marzo de 1875, día en el que, por casualidad, se anunció que se nombraba a Bizet caballero de la Legión de Honor.

Al estreno asistieron músicos de la talla de Jules Massenet, Camille Saint-Saëns, y Charles Gounod. La acogida del público fue tibia, aunque el compositor sí fue felicitado por Massenet y Saint-Saéns. No por Gounod, quien se había distanciado de Bizet y además consideró que le había copiado la música. Las críticas en la prensa fueron negativas; llegaron a decir que la interpretación de la mezzosoprano Celestina Galli-Marie, en el rol titular, era “la verdadera encarnación del vicio”. Bizet se sintió muy afectado por todo esto.

En mayo de 1875, aún deprimido por el fracaso de Carmen, y muy afectado por una dolencia respiratoria de la que padeció durante muchos años (era un fumador empedernido y padecía de inflamaciones de garganta frecuentes), Bizet fue con su mujer a su casa de vacaciones en Bougival. Sintiéndose algo recuperado se dio un baño en el Sena. Inmediatamente recayó con fiebres altas, y dolores. Falleció el 3 de junio durante la madrugada, de un ataque al corazón, con solo 36 años. Al funeral, que tuvo lugar el 5 de junio en la iglesia de la Santa Trinidad en Montmartre, asistieron alrededor de 4000 personas. Fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise. Gounod, encargado de decir el elogio no pudo terminar, roto por el llanto. Esa misma noche se dio una función especial de Carmen en la Opéra-Comique tras la cual se elevó a Bizet a la categoría que siempre le había correspondido, la de genio.

Carmen está inspirada en la novela homónima de Prosper Mérimée (1803-1870), publicada en 1835. Mérimée era un gran conocedor de España, por donde viajó hasta en 7 ocasiones con estancias de meses, a lo largo de su vida. Uniendo dos historias de gitanas que le habían contado en Sevilla, creó el argumento para su novela. Aunque la ópera sigue muy de cerca a la novela, tiene varios elementos argumentales de importancia cambiados, entre ellos la inclusión del personaje Micaela, creado por los hábiles libretistas Ludovic Halévy (1834-1908), sobrino de Jacques Fromental Halévy, y Henri Meilhac (1831-1897). Este binomio mantuvo una colaboración de más de 20 años durante los cuales escribieron los libretos para óperas muy populares de Jacques Offenbach (1819-1880), y de otros compositores. La Carmen de la ópera a diferencia de la de la novela, no roba, ni miente, ni se prostituye. Es un personaje que guarda una dignidad y una entereza que la diferencia de la literaria. Es fundamentalmente una mujer con un fuerte espíritu, libre y sensual, que asume sus actos con valentía.

La ópera comienza en una plaza de Sevilla frente a la fábrica de tabacos, donde hay un puesto militar. Aparece Micaela (soprano), que viene desde Navarra en busca de su amado, el joven sargento Don José (tenor). Es la hora del descanso, las cigarreras, sus pretendientes, y los soldados se pasean por la plaza. Entra en escena la más admirada por todos los hombres, la gitana Carmen, cantando la famosísima Habanera, que levanta un gran revuelo. Carmen advierte la presencia de José, quien no le ha prestado mucha atención. La insolente sensualidad de la gitana confunde al soldado, que encuentra sosiego en su prometida Micaela. Estalla un gran alboroto en la fábrica. Carmen le ha dado un navajazo a otra de las cigarreras durante una pelea. El teniente Zúñiga (bajo), ordena el arresto de la insolente Carmen que se niega a declarar, y encarga a José que la lleve a prisión. Pero durante el traslado Carmen seduce a José, canta su famosa Seguidilla, y este la deja huir, por lo que es arrestado.

 

 

El acto segundo tiene lugar en la taberna de Lilas Pastia (personaje hablado), cerca de la muralla de Sevilla. La taberna es un hervidero de contrabandistas. Carmen es miembro de la banda. Ella espera la llegada de José, que ha sido liberado. Entra en escena el torero granadino Escamillo (bajo-barítono), cantando el aria “Toreador”. Escamillo queda fascinado por la belleza de Carmen. Esta escena, aunque comienza en la calle, suele ser representada dentro de la taberna de Lilas Pastia. Los contrabandistas quieren que Carmen los acompañe a dar un golpe en el camino a Gibraltar, pero ella insiste en quedarse porque está esperando a José, de quien dice haberse enamorado, lo que provoca la burla de sus amigos. Llega José, Carmen canta y baila para él. José canta su hermosa aria La flor que me tiraste, que curiosamente es la única que aparecía originalmente en la partitura, todas las demás arias, hoy día muy conocidas, incluida la Habanera de Carmen, basada en El arreglito, de Iradier (1809-1865), fueron adiciones de última hora. Este encuentro es muy apasionado, pero no termina bien entre Carmen y José. Antes de que él se retire de la taberna, entra el teniente Zúñiga, que aún anda persiguiendo a Carmen. José y él se baten. Los contrabandistas los separan sujetando a Zúñiga. A José no le queda más salida que unirse a ellos.

El acto tercero sucede en un paraje montañoso cerca de Sevilla, en la guarida de los contrabandistas, descrito magistralmente en la música del preludio. Carmen ya se ha hartado de la compañía de Don José. Él expresa que tiene cargos de conciencia porque su madre lo cree honorable. Carmen le dice que se vaya con ella. Es un intercambio muy tenso entre ellos en que se presiente la tragedia. A continuación, en compañía de otras gitanas, viene una de las escenas más profundas y sombrías de la ópera, Carmen se tira las cartas que le presagian su muerte. Los contrabandistas marchan dejando a José vigilando la mercancía. Hasta allí llega Micaela buscando a Don José. También aparece el torero Escamilo en busca de Carmen. Él y José después de unas palabras, se enfrentan en una pelea a navajazos. Vuelven los gitanos e interrumpen la pelea. Carmen los separa y Escamillo, antes de partir, invita a Carmen a una corrida de toros en Sevilla. Entra Micaela quien avisa a José de que su madre está a punto de morir, y ha pedido verlo antes. Él se marcha, no sin advertir a Carmen que se han de volver a encontrar.

El acto cuarto es frente a la plaza de toros. Con gran algarabía la multitud se dirige a la plaza. Aparecen Carmen y Escamillo, que se han hecho amantes. Escamillo entra para la corrida. Carmen se queda frente a la plaza donde una amiga le advierte que tenga cuidado porque Don José anda por allí. Contesta que no teme a nadie. Aparece Don José quien le suplica e implora que vuelva con él. Ella le contesta que todo está acabado entre ellos, que no lo ama ya. Él insiste expresándole su amor y rogándole que no lo deje. Se escuchan los cantos dentro de la plaza, donde la corrida está por comenzar. Carmen quiere entrar, pero José se lo impide. Ella le dice que ama a Escamillo. Él le ofrece ser bandido, lo que ella quiera, con tal de que no lo abandone. Ella le tira el anillo que tiempo atrás él le regaló, e insiste en entrar en la plaza. El la apuñala de muerte. Fin.

Carmen es considerada por varios historiadores de la música como la cumbre de la ópera francesa, y una de las mayores obras maestras de la ópera. Con Carmen nace el realismo en la ópera, que en la escuela italiana será el verismo. Carmen fue elevada por Bizet (y los guionistas), a arquetipo universal. La escena final en que la heroína, fiel a sus principios, desafía a la muerte y va valiente a su encuentro, es de las más conmovedoras de todo el repertorio operístico.

Una vez que has escuchado Carmen, cuando visitas Sevilla por primera vez, su fantasma parece estar esperándote a la vuelta de una esquina. Cuando caminas por delante de la (hoy Universidad) Real Fábrica de Tabaco por primera vez, un amante de esta ópera -como yo-, no puede menos que detenerse, buscar en el móvil la música de la entrada de Carmen en escena, y quedarte ahí, soñando, escuchando: “Mais nous ne voyons pas la Carmencita! …Carmen! Sur tes pas, nous nous pressons tous!…” el coro que precede a la Habanera.

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1 Comment

  1. Zoé dice:

    Grandiosa esta Serie. Ya es un libro.

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