Sevilla en la ópera (VIII). La primavera de Verdi en la sevillana Fonda de Londres

La versión que conocemos de La fuerza del destino no es la que se estrenó en Rusia. Verdi no había quedado satisfecho con el resultado final, consideraba que el guion era excesivamente cruel (como se suele decir de modo jocoso, en esta ópera se moría hasta el apuntador). Así como debemos a la insistencia de su esposa Giuseppina que, por su interés en conocer la fabulosa San Petersburgo, fue quien se encargó de convencer a Verdi, y de negociar los términos de la contratación, debemos a la de su editor Tito Ricordi (1811-1888), la versión que triunfó en La Scala. Ricordi quiso que, para el retorno de Verdi a La Scala la temporada de 1869, se pusiera La fuerza del destino en una versión más al gusto italiano, y recomendó a Verdi el periodista, poeta, y novelista Antonio Ghislanzoni (1824-1893), quien escribió el final que hoy conocemos (Ghislanzoni más adelante sería el autor del libreto de la celebérrima Aida, estrenada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871).

Me gustaría aportar una nota sobre Giuseppina Strepponi (8 de septiembre de 1815-14 de noviembre de 1897), porque cuando se habla de ella se suele decir “la mujer”, “la esposa de Verdi”, a secas, lo cual es una visión muy reduccionista sobre su persona. Graduada con honores de canto y piano en el Conservatorio de Milán, cuando Verdi y ella se conocieron, era ya una figura indiscutible de la lírica en Italia, prima dona del Teatro alla Scala. Influyó para que sus dos primeros triunfos en ese importantísimo teatro se representaran: Oberto, conde de San Bonifacio, en 1839, y Nabucodonosor, en 1842. Reconocida en toda Italia, interpretó un amplio repertorio principalmente belcantista. Donizetti compuso una ópera para ella. Su voz era descrita como “de timbre limpio y penetrante con una gran técnica”, también poseía una “bella figura, y era una excelente intérprete”. Su voz se deterioró por exceso de trabajo (y por afrontar papeles que no eran los más apropiados por sus características). Con apenas 31 años (y tres embarazos llevados a término fuera del matrimonio, con hombres casados, lo cual era causa de escándalo mayor en su época), se retiró. Se mudó a París, para dedicarse a dar clases de canto. Allí coincidió con Verdi en 1847, nació el amor entre ellos, y desde entonces nunca más se separaron. Vivieron en Busseto, pueblo natal de Verdi, y luego en Santa Ágata, en la que hoy se conoce como Villa Verdi, hasta su muerte. Los primeros 17 años no estaban casados, cosa que hicieron en 1859, para escándalo absoluto de los pueblerinos, quienes nunca aprobaron aquella convivencia ni antes, ni después del matrimonio. Fueron una pareja feliz muy compenetrada. Sus conocimientos de inglés y francés ayudaron mucho en la carrera de Verdi, sus consejos musicales y prácticos sobre cantantes, locaciones, y procedimientos, están presentes en todas las óperas de Verdi, excepto en La Traviata. Solía sentarse en un rincón a tejer mientras Verdi componía, y le iba comentando y hasta corrigiendo.

Seis años después del estreno en San Petersburgo, se estrenó la versión que llega a nuestros días en La Scala, el 27 de febrero de 1869. Existe la tendencia a analizar esta ópera contrastando el drama íntimo con su repercusión pública, sus elementos cómicos con los trágicos, pero a todas luces la intención de Verdi fue crear una atmósfera de un mundo encorsetado por la devoción religiosa, los convencionalismos sociales, y la guerra, para mostrarnos la vida de unas personas en particular, en ese escenario.

La trama de la ópera es bastante truculenta, lo cual impacta en la calidad dramatúrgica de la misma. La acción está ubicada en Sevilla en el acto I, Hornachuelos en el II, Italia en el III, y vuelve a Hornachuelos en el IV. La época es alrededor de 1750.

La obra comienza en el Castillo de Calatrava, cerca de Sevilla, donde una impaciente Leonora (soprano) pretende huir con Don Álvaro (tenor), un joven de ascendencia noble peruano, pero considerado de estrato social inferior por el Marqués de Calatrava (bajo), padre de Leonora, quien sorprende a los enamorados, y se enfrenta con el joven. Don Álvaro tira su arma al suelo para demostrar que no tiene interés en el enfrentamiento y que su amor es real, con la mala suerte de que la pistola se dispara y mata al Marqués.

El acto segundo consta de dos cuadros. El primero en una taberna en las afueras de Hornachuelos. Hasta allí ha llegado Don Carlos (barítono), hermano de Leonora, disfrazado de estudiante, quien está buscando a los amantes fugados para vengar a su padre. Leonora aparece sola, disfrazada de hombre; Álvaro y ella han tomado caminos diferentes; su hermano no la reconoce y ella escapa. El cuadro segundo sucede en el monasterio donde Leonora comenta al abad su intención de pasar el resto de su vida viviendo como ermitaña. Le señalan que vivirá en una cueva en las cercanías, y la azarosa vida a la que se enfrenta. Se une a los religiosos en una oración.

El acto tres consta de tres cuadros. En el primero nos encontramos en un bosque cerca de Velletri, en Italia. Don Álvaro, creyendo que Leonora ha muerto, ha ido hasta allí para alistarse en el ejército español. Escucha una llamada de auxilio; es Don Carlos, que también va a alistarse, a punto de ser asesinado por unos asaltantes. Álvaro lo salva, y Carlos le jura amistad eterna. Ambos viajan con identidades cambiadas. En el cuadro segundo, Álvaro es gravemente herido y llevado al cuartel de los oficiales. Pensando que va a morir le confía un cofrecito a Carlos (recordemos que ambos tienen las identidades cambiadas), y le pide que lo queme sin ver qué hay en su interior, cuando él muera. Carlos le asegura que mejorará y que seguramente le darán la Orden de Calatrava. Álvaro reacciona fuertemente con un ¡No!, que hace sospechar a Carlos, quien busca y abre el cofrecito, en otra habitación, y encuentra un retrato de su hermana Leonora, con lo que le queda clara la identidad del otro. Entra el cirujano avisando que el herido está fuera de peligro, y esto alegra a Carlos quien promete vengar a su padre. En el tercer cuadro, en un descampado cerca del campo de batalla, Álvaro ya se ha recuperado, y Carlos lo reta a duelo. Comienzan a batirse, pero son separados por otros oficiales. El cuadro termina con una escena coral.

En el cuarto acto, primera escena, nos encontramos en el monasterio cerca de Hornachuelos. Álvaro ha ingresado allí, donde hace vida monacal bajo el nombre de Padre Rafael. Entonces llega Carlos, que ha escuchado que Álvaro se encuentra allí, y lo provoca para que se bata con él. Comienza una pelea en la que se van acercando al monte donde vive Leonora. En la segunda y última escena, aparece Leonora cerca de la cueva donde ha pasado años viviendo como ermitaña, pidiendo al cielo paz, recordando su pasado, y esperando que la muerte la consuele. Escucha a unas personas batiéndose en las cercanías y se refugia en su gruta. Aparece Álvaro pidiendo la extremaunción para Carlos, a quien ha herido de muerte. Se reconocen. Leonora va a auxiliar su hermano pero este la apuñala en el corazón cuando intenta abrazarlo (estas muertes suceden fuera de escena). La ópera termina con El Padre Guardían y Leonora moribunda rezando al cielo por la redención de Álvaro. Ella muere en sus brazos.

Existe la superstición de que esta obra tiene gafe. Tanto su composición como su estreno estuvieron plagados de desgracias. La soprano que debía estrenarla en San Petersburgo murió de un resfriado, y el 4 de mayo de 1960, el barítono estadounidense Leonard Warren, falleció a los 48 años de una hemorragia cerebral mientras la cantaba en el Metropolitan Opera House. A pesar de esta “leyenda”, esta ópera se suele representar con cierta regularidad.

Verdi viajó a España para supervisar el estreno de La fuerza del destino en el Teatro Real de Madrid en 1863. El estreno fue un gran éxito. Verdi fue invitado al palco real, donde fue felicitado por los monarcas (Isabel II y Francisco de Asís de Borbón). Fue así como Verdi vio cumplido su sueño de conocer España y viajar por las ciudades andaluzas. El matrimonio Verdi estuvo en Sevilla del 1 al 3 de marzo, se hospedaron en la Fonda de Londres. Llama la atención que, dada la notoriedad internacional de Verdi, no se le ofreciera ninguna recepción oficial en la ciudad. La prensa por el contrario sí respondió con artículos efusivos celebrando la ocasión.

[Nota: En un artículo firmado recientemente en un periódico local por las periodistas Carmen Otero y Reyes Lama (la primera de ellas, miembro de la familia propietaria del Hotel Inglaterra), en el que anunciaban la finalización de un libro con la historia de dicho establecimiento, exponen que el origen del mismo era la Fonda de Londres ubicado en ese mismo lugar:

"Cuando en 1857 el empresario Antonio Ricca abrió las puertas de la Fonda de Londres, el primer nombre del Hotel Inglaterra, los sevillanos ya disfrutaban con entusiasmo de la nueva plaza que se había inaugurado apenas un año antes, sobre los escombros del viejo convento de San Francisco. El arquitecto municipal Balbino Marrón fue el encargado del diseño definitivo de la Plaza Nueva, una gran explanada rectangular, presidida por el Ayuntamiento, flanqueada por 30 casas señoriales, con fachadas uniformes. Antonio Ricca tuvo claro que ese nuevo espacio de ocio era el lugar perfecto para ampliar su negocio de hostelería, cuidando hasta el último detalle para satisfacer las necesidades de los exigentes viajeros procedentes de Europa y Estados Unidos, que llegaban a Sevilla atraídos por los extravagantes relatos de los viajeros románticos”.

En dicho artículo, La historia de Sevilla desde la Plaza Nueva , se mencionan algunas de las muchas e ilustres personalidades que se alojaron a lo largo de su fructífera trayectoria durante los siglos XIX y XX, entre ellas la emperatriz de Austria Sissi, en 1861, la sevillana Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, el escritor danés de cuentos Hans Christian Andersen o el propio Giuseppe Verdi, así como el rey Alfonso XIII, el príncipe Eduardo de Gales y los premios Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, Miguel Ángel Asturias, José Saramago y Mario Vargas Llosa.]

Sevilla en la ópera (I). La ciudad soñada en toda Europa

Sevilla en la Ópera (II). Los enredos de Mozart en Sevilla

Sevilla en la Ópera (III). Beethoven viene a Sevilla

Sevilla en la Ópera (IV). Rossini entre sus amigos sevillanos

Sevilla en la Ópera (V). Donizetti y las amantes reales del Alcázar de Sevilla.

Sevilla en la Ópera (VI). Locos de amor en los jardines

Sevilla en la Ópera (VII). La fuerza del destino trajo a Verdi a Sevilla

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1 Comment

  1. Dariena dice:

    Estos escritos de “Sevilla en la Ópera” nos han regalado fragmentos de historia maravillosos que magistralmente el autor plasma en sus artículos.

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