Buenos días!!! Tomaba una copa con Victorio y Lucchino cuando les pregunté si su proyección internacional no hubiera sido mayor en el caso de haber vivido por ejemplo en New York en vez de en Sevilla. José Víctor me dio una respuesta inmediata: «Seguramente. Pero hay que pagar el precio de escuchar a los vencejos por la tarde». Pensé entonces que de los dibujos por el aire del vuelo de esos vencejos parece que estuvieran trazados muchos de sus geniales diseños. Y que de la caída de la luz de Sevilla eligieran sus malvas en busca de noches de pasión. El crepúsculo en Victorio y Lucchino es como una forma embrujada de amanecer la noche, de adentrarse en ella con la luz espectacular de la inspiración. Feliz jueves!!!





