¡Buenos días! No fue por la final del Mundial. No tuvieron que ver ayer las alegrías y victorias futbolísticas para que se sacaran las banderas de España. ¡Cuántas veces ha sido acusado de falso ese patriotismo de aficionados que nunca está cuando tiene que estar! Pero ayer estuvo justo cuando correspondía agitar y ondear miles de banderas de esta Nación y por toda la Nación, a lo largo y ancho de una geografía de pueblos y ciudades en toda España. Hasta Sevilla estuvo, la indolente Sevilla, la aletargada Sevilla, la de tantas anestesias cuyos dolores sólo parecen derramarse por la sangre escultórica de sus nazarenos y crucificados. Ayer sintió la herida real de Ceuta, la de unos ciudadanos padeciendo una invasión a través del borde que por lejano que nos quede es también nuestro territorio, es también España. Algún consuelo les habrá dejado en sus desesperaciones nuestra reacción para apoyarlos. Y espero que las investigaciones no decaigan para averiguar quién o quiénes han canjeado sus derechos y libertades por obtener el oro del que cagó el moro. ¡Feliz jueves!
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