¡Buenos días! Hay canciones muy determinadas que parecen haber dejado una incontestable crónica de la grandeza musical en la década de los 60. Una de esas canciones fue «Delilah», vinculada indisolublemente a la portentosa voz de Tom Jones. Cuando se dan reunidas todas las condiciones necesarias e imprescindibles para lograr el difícil objetivo del verdadero éxito, el factor suerte queda descartado. Un bellísimo tema, una dirección orquestal inteligente, unos arreglos bien reflexionados y justos, creadores del clima en este caso de una inmensa decepción amorosa («ella de mí se burló sin tener compasión»). Y una gran voz de imponente soberanía para expresarse: la de Tom Jones, a la que apodaron «la voz del tigre», de un intachable equilibrio entre lo viril y la ternura que reside en todo hombre, por más que en ciertas épocas se le haya negado, como si demostrarla favoreciera a los demás determinar la sospecha de una falta de masculinidad. Los precisos y controlados desmayos de la voz de Tom Jones nos abrieron a tantos la legitimidad para ser sensibles. Dejamos de estar obligados socialmente a la falsa pose del macho, no digamos del ibérico. Inolvidable «Delilah», donde el llanto de un hombre encontró comprensión en el dialogado perfecto de una trompeta. ¡Feliz martes!





