¡Buenos días! Cuando a la política (no digamos a la presidencia del Gobierno de España) accede un ser tan miserable como Pedro Sánchez, se está sirviendo en bandeja una de las grandes oportunidades para extirpar de la democracia el tumor de la polarización. Porque la polarización, los enquistados bandos de la derecha y de la izquierda, acabarán siendo enfermedades de un tiempo que el futuro, por lejano que sea, contemplará como irreconocibles y superadas al modo de la peste o la lepra. Se perdió una ocasión con Rajoy, el estafador electoral, que aún sigue de figureo por mítines y actos a los que no aporta nada positivo. Y puede que de nuevo se nos escape con el caso de Sánchez, cuyo cinismo sólo entiendo asistido por una patología incurable de ambiciones de poder. Sé que fuera de él, como de otros, el muestrario donde elegir es lamentable. La política está plagada entera de vividores que han encontrado en sus puestos y cargos la forma más idónea de solventar su economía, mientras debilitan la de todos bajo una presión fiscal equivalente a robos con guante blanco. No obstante, a muchos, muchísimos españoles, les beneficiaría mentalmente hacer en estos momentos un esforzado ejercicio de objetividad. Y alcanzar a ver la botella por sus dos lados. Puedo asegurar que yo me desplazaría políticamente hasta donde fuera necesario porque estuviera alguien que haga el bien por España. Yo podría ser hasta comunista… si se diera esa hipótesis irreal. ¡Feliz viernes!





