Sevilla en la Ópera (III). Beethoven viene a Sevilla

Sevilla vuelve a aparecer en la obra de Mozart en su segunda colaboración con Lorenzo da Ponte. Se trató esta vez de El libertino castigado, o sea Don Juan, mundialmente conocido como Don Giovanni.

El tema de Don Juan, como ya hemos dicho antes, es sobre el que más óperas se han escrito. Solamente en 1787, el año del estreno de la de Mozart-da Ponte, se estrenaron otras 9 versiones. Lorenzo da Ponte se basó en varias fuentes para su libreto, El burlador de Sevilla y convidado de piedra, atribuido a Tirso de Molina, Dom Juan ou le festin de Pierre, de Molière, y más directamente en el intermedio cómico en un acto Don Giovanni Tenorio, o sia il convitato di pietra, con música de Giuseppe Gazzaniga, y libreto de Giovanni Bertati, que se había estrenado el 5 de febrero de ese mismo año en Venecia durante el carnaval. Lorenzo da Ponte, con su genial instinto teatral, amplió la historia a dos actos, redujo personajes, y le dio más carga y presencia dramática a los suyos.

En esta ópera Mozart consigue dar a la parte sinfónica una categoría muy compleja, encadenando tonalidades e intensidad musical, construyendo un tejido musical en el que se mezclan las voces generando un todo orgánico, y poniendo mucho empeño en que los cantantes reflejaran emoción y expresión, algo que fue bastante rompedor para la época.

El argumento trata sobre el archiconocido tema donjuanesco, la vida de un seductor sin escrúpulos, siempre acompañado de su servidor, el pillo Leporello, que se mueve entre conquistas, celos, y decepciones, algo a lo que en tiempos modernos solemos referirnos como “vivir al límite”. Mozart consigue expresar drama y comedia de manera magistral en Don Giovanni.

Según algunos historiadores el mismísimo Giacomo Casanova, que era amigo de da Ponte, participó en la confección de al menos un aria, aquella en que Leporello enumera las conquistas de Don Juan “Madamina, il catalogo e questo” (Señorita, este es el catálogo). Se han escrito infinidad de ensayos sobre Don Juan, en los que han analizado varios aspectos, desde el moralizante, hasta el social, que había sido tocado con la ópera anterior de ambos, compositor y libretista, Las bodas de Fígaro.

La ópera tuvo mucho éxito desde su primera representación en Praga, donde fue estrenada el 29 de octubre de 1787. Es de las óperas más representadas desde el siglo pasado, como Las bodas de Fígaro, que no hay gran casa de ópera o compañía que no la tengan en su repertorio.

España fue, durante el período romántico, gran fuente de inspiración para músicos, escritores, pintores, y viajeros. Andalucía en particular sirvió de inspiración por muchas razones, entre ellas el exotismo “orientalista”, es decir, las huellas de la dominación musulmana manifiestas en la arquitectura y el arte, y por la imagen folclórica, a veces distorsionada, que se tenía de España.

También lo fue, particularmente para la ópera, pues con el propósito de alejar la temática de otros países de Europa, sobre todo de cuestiones políticas, o de temas amorosos que podían causar escándalo en las sociedades locales, y evitar de esa manera la censura, la acción se colocaba en España.

Entre los muchos viajeros y escritores ilustres que sintieron fascinación por España, están Washinton Irving, Alejandro Dumas, Prosper Mérimée, y muchos más. A este último se debe el tercer personaje arquetipo español, Carmen, que, una vez que trascendió con la ópera de Georges Bizet de 1875, despegó para siempre y, aún en nuestros días, se continúan escribiendo ensayos, interpretaciones, adaptaciones, y versiones sobre el mismo, además de ser una de las óperas que más se representan en todos los teatros del mundo.

Saliendo del Clasicismo y entrando en el Romanticismo, llegamos a la única ópera compuesta por Beethoven, una pieza paradigmática en la Historia del género que funciona como bisagra entre ambos períodos, Fidelio.

La acción está ambientada en una prisión en las afueras de Sevilla. Beethoven había incursionado en el mundo de la ópera en 1803, con un proyecto propuesto por Emanuel Schikaneder, libretista de La flauta mágica de Mozart, pero, antes de terminarlo, se sintió atraído por otro tema, Leonor, ou l’amour conjugal, un drama escrito por Jean-Nicolás Bouilly en 1798, sobre el cual ya se habían compuesto tres óperas (Pierre Gaveaux 1798; Ferdinando Paër, 1804; Johann Simon Mayr 1805), más en concordancia con sus ideas sobre la libertad, la justicia, y la utopía de una Humanidad mejor.

La ópera fue compuesta en lo que se denomina la Segunda etapa de Beethoven, en que abandona las anteriores formas del clasicismo, y se adentra en el estudio y la expresión de los sentimientos, que es una característica del romanticismo. La gestación de la obra fue un largo y doloroso proceso sobre el que Beethoven escribió a su amigo Georg Friedrich Treitschke, guionista encargado de revisar la versión definitiva de Fidelio: “…esta ópera me conseguirá la corona del martirio…”.

Beethoven la revisó tres veces, y compuso cuatro oberturas para ella. La partitura vocal es particularmente difícil debido a la orquestación; requiere de voces con una gran técnica, y de gran potencia. Es una “ópera de rescate”, género muy popular durante la Revolución Francesa, en que un personaje atraviesa grandes vicisitudes para liberar, o rescatar a otro. Este tipo de ópera existía desde mucho antes, dos ejemplos muy conocidos son El rapto en el serrallo, y la Flauta Mágica de Mozart.

Fidelio fracasó la noche de su estreno por una circunstancia muy particular, Viena había sido invadida por los franceses, y el 20 de noviembre de 1805, para la premier, el teatro estaba ocupado mayoritariamente por oficiales del ejército napoleónico, porque la burguesía vienesa había huido de la ciudad. Esto no deja de ser una especie de ironía histórica, pues Beethoven en su juventud había sido admirador de Napoleón Bonaparte, a quien le llegó a dedicar su tercera sinfonía, Heroica. Más tarde, al enterarse de que había dado un golpe de estado y se había proclamado emperador, tachó la dedicatoria con rabia.

Se reestrenó el 29 de marzo y el 10 de abril de 1806, pero, aunque tuvo éxito esta vez, desavenencias entre Beethoven y la gerencia del teatro impidieron más representaciones. El 23 de mayo de 1814, después de otra revisión de la música y del libreto, se reestrenó en su versión definitiva.

El libreto trata de las vicisitudes de Leonore, disfrazada de Fidelio, para rescatar a su marido Florestan, que había sido injustamente encarcelado por el cruel Don Pizarro, gobernador de la prisión de Sevilla, por rencillas políticas dos años antes. Para conseguir su objetivo Leonore, entra a trabajar en la casa de Rocco, el carcelero, cuya hija Marcelina se enamora de Fidelio, que en realidad es Leonore. Hacia el final de la ópera, cuando Pizarro está a punto de asesinar a Florestán con una daga, Fidelio/Leonore, se interpone entre ellos y saca una pistola impidiéndoselo, además de descubrir su identidad. En ese momento suenan las trompetas anunciando la llegada de Don Fernando, el ministro del rey. Florestan es liberado, y la ópera termina con un canto al valor de Leonora, y a la justicia.

(Continuará)

Sevilla en la ópera (I). La ciudad soñada en toda Europa

Sevilla en la Ópera (II). Los enredos de Mozart en Sevilla

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