España arde por los cuatro costados y una vez más los políticos calientan el ambiente y sueltan sus consabidas frases que cada vez convencen menos: “la culpa es del cambio climático”; “el cambio climático mata”; “emergencia nacional”; “gran pacto de Estado”…
Desde que nuestros dirigentes se han vuelto ecológicos, progresistas y verdes, cada año vamos de mal en peor.
Ellos y sólo ellos son los verdaderos culpables de la tragedia.
Dedican recursos y millones de euros a gabinetes, consejos, creación de normativas y toda la burocracia imaginable a través de titulados en la materia que no han visto el campo en su vida, muchos catedráticos y por supuesto, los verdes, esos que van a las plazas de toros a protestar por las corridas pero que no los veo protestar y rasgarse las vestiduras por los millones de animalillos que se están quemando. Pues bien, en estos consejos ¿hay alguien del campo?, ¿hay ganaderos trashumantes?, ¿hay agricultores?, ¿hay brigadas forestales a los que de verdad escuchen? y me van a disculpar, de todo lo nombrado anteriormente son estos últimos los verdaderamente titulados en la materia.
No les voy a hablar de la amalgama de leyes, normativas y pactos verdes nacionales y europeos, primero porque no hay tiempo y segundo porque están demostrando para lo que funcionan. Y por supuesto no les voy a hablar de las promesas a pie de fuego que lanzan cada año y tal y como terminan de exponerlas son quemadas por las llamas. Es más, ni tan siquiera voy a hablarles, por ejemplo, de la resolución del 25 de abril de 2003, para una instalación fotovoltaica en la zona de Bédar y Los Gallardos o esta otra del 3 de junio del presente año para una instalación fotovoltaica en el Cerro del Andévalo… las casualidades no existen, las causalidades, sí.
El onírico progreso, el escapar a la tierra prometida, el tener un título porque mi hijono puede ser pastor u olivarero, tiene que ser abogado, o tiene que ser ingeniero, ha sido uno de los causantes en perder protección en la naturaleza, porque ha abocado la despoblación rural, y aquellos que aún viven en esas zonas rurales han visto cómo las leyes forestales les impiden o dificultan la limpieza de los montes acumulando combustible vegetal. No pueden pastorear, no pueden cortar ramas secas, no pueden gestionar sus tierras.
Así lo determina, por ejemplo, el artículo 67 de la ley 43/2003 de Montes, que sanciona a quien corte, queme o recoja leña y arbustos sin autorización, limita el pastoreo sin permisos especiales.
Por tanto, donde antes teníamos ganado y personas que mantenían nuestros montes limpios, gracias a los políticos y los ecolojetas, esas luminarias catastrofistas, tenemos abandono y fábricas de combustible natural y por supuesto, ecológico.
En las dos últimas décadas la inversión en prevención se bajó un 51 %, y el combustible vegetal por las políticas negligentes y absurdas subió más de un 50%.
Para prevenir hay que hacer cortafuegos de manera manual o de manera natural, es decir, o cortando ramas o dejando que los animales pasten y limpien los montes; hay que invertir de manera real en limpieza, cortafuegos, desbroces a lo largo del año, no sólo cuando se producen los incendios, en ese momento ya no hay control posible.
La gravedad de los incendios no es culpa del cambio climático. Las muertes de miles y miles de animales no son culpa del cambio climático. Las muertes de vidas humanas no son culpa del cambio climático.
Mentira. El cambio climático no mata.
Matan las negligentes políticas y directrices de una horda de políticos, titulados y otras hierbas olorosas indolentes, abúlicas e incompetentes, que no han visto el campo en su puñetera vida y que para justificar su sueldo crean, junto con los que dicen defender la naturaleza, que son aquellos que confunden un toro de lidia con un buey, normativas y leyes que provocan planes de prevención que no se aplican y gestión forestal ineficiente.
Ahora vayan a hacerse fotos a los lugares afectados; prometan lo que no van a cumplir; consuelen a quienes lo han perdido todo e incluso la vida; dispárense mensajitos a través de las redes; culpen a la oposición correspondiente de la situación; discutan si es competencia nacional, regional, provincial o municipal y, entretanto, háganse un TikTok recomendando música para el fin de semana o váyanse a disfrutar de un merecido descanso después de tanto trabajo que, una vez más, ante la devastación y el desastre quienes se manchan las manos, arriesgan e incluso pierden su vida son los miembros y cuerpos de seguridad, los bomberos y el pueblo.
Y llegará ese día en que salga el presidente de turno y diga: “prometimos que acabaríamos con los incendios y lo hemos hecho. Este año no ha habido ninguno” y sólo habrá que mirar a nuestro alrededor para saber que no ha habido incendios, no por las promesas mesiánicas, sino porque ya no queda nada que pueda arder.
Permítanme que parafrasee a alguien que como muchos igual que ella sí saben cómo prevenir los incendios y no les hace falta ser ingenieros para ser licenciados en la materia. Marta García, la ganadera. “Más cabras en el monte y menos cabrones en los despachos”.
Quizás se pueda decir más alto, pero no más claro.
Fin de una era. Fin de un país.
…¿Ven?, siempre hay algo que decir





