Ha cambiado drásticamente el escenario desde que tenemos constancia de nuevas revelaciones que arrojan luz sobre la situación de extrema gravedad que viene arrastrando Ceuta, ya que, lejos de tratarse de una crisis migratoria, es una invasión en toda regla, pues decenas de miles de personas han sido utilizadas como instrumento de guerra híbrida por la dictadura de Rabat.
El diario nacionalista catalán La Vanguardia, nada hostil al gobierno, ha publicado que el CNI hizo llegar hasta siete avisos orales y telefónicos al gobierno, permaneciendo de brazos cruzados el Ejecutivo sanchista.
En menos de 24 horas que transcurrieron entre el 30 y el 31 de julio, entre 50.000 y 72.000 personas entraron en Ceuta, regresaron el 90 % de las mismas tras permanecer pocas horas en la ciudad autónoma, de hecho, según el propio gobierno, volvieron 48.000 de ellas a su país de origen, lo cual desmonta el relato de la crisis migratoria que el gobierno ha tratado de abanderar. Éste queda en entredicho no sólo por la elevada cifra de personas, que no obedece a un flujo migratorio natural, sino por el hecho de que la amplia mayoría de ellas volviesen en cuestión de escasas horas, pues su fin no era la inmigración permanente.
Todo ha sido una acción coordinada para presionar contra la integridad territorial de España, algo que ha quedado constatado por medio de pruebas concluyentes como las aportadas por la Policía Nacional a través de imágenes y vídeos que acreditan un proceso de guiado activo dirigido por gendarmes marroquíes y éstos, a su vez, por agentes de paisano. También es el caso de las imágenes que muestran a decenas e incluso a un centenar de personas saliendo de camiones en la frontera, encargándose el Ejército marroquí de la logística, así como el hecho de que más del 90 % de los móviles desde los cuales se mandaron los mensajes fuesen marroquíes, una actividad inusualmente superior que fue captada por las antenas de telefonía móvil de la zona, lo que refuta la falsa ignorancia que pretende aparentar el gobierno ante esta crisis.
Es más que cuestionable que en una autocracia dirigida férreamente por un monarca absoluto como Marruecos, unos gendarmes actúen de manera autónoma y no siguiendo las directrices de su propio gobierno.
La estrategia del hostil vecino de Rabat ha pasado por colapsar la capacidad del Estado al introducir una masa humana por mar, lo que dio lugar a que los efectivos fronterizos y policiales tuviesen que acudir al rescate humanitario en las costas, un plan premeditado para desviar el foco de atención, y con ello, dejar sin vigilancia las fronteras. Una vez conseguido ese propósito, los servicios asistenciales, sanitarios y de seguridad quedarían colapsados, dañando la imagen internacional de España y dando una sensación de inseguridad de los ceutíes hacia el Estado.
El fin último de esta guerra no convencional que Marruecos ha declarado a España es hacer que la ciudad autónoma le deje de salir rentable, haciendo una demostración de fuerza que les permita reclamar ilegítimamente Ceuta y forzar una negociación permanente con España, algo que no ha sucedido de la noche a la mañana, sino que ya lleva décadas aumentando la población marroquí en la ciudad autónoma, los cuales son más proclives a las tesis anexionistas de su país de origen. No debe olvidarse algo de vital importancia como es el papel que ocupa Mohamed VI en el seno de su régimen, pues no es meramente político sino religioso, ya que es el Comendador de los creyentes y presidente del Consejo Superior de los Ulemas, considerándose que viene en línea directa del profeta Mahoma, un papel propio de una teocracia como la iraní.
Ante esta situación de extrema gravedad que podría haberse abortado, ¿qué hizo el Ejecutivo de Sánchez? No ha negado las advertencias de la Policía y el CNI, limitándose a restarle importancia al calificarlas como “avisos rutinarios”. Si es así, ¿por qué no cesa al responsable de no dar una información ajustada a la realidad?
Hemos visto una situación anómala en medio siglo de democracia en el seno de los escaños del gobierno, ya que la titular de Defensa Margarita Robles, mientras el resto de sus compañeros en el Consejo de Ministros se levantaban para aplaudir a Sánchez tras su intervención en el Congreso, al igual que Zapatero al paso de la bandera norteamericana, ésta ha permanecido sentada y de brazos cruzados, pues la ha dejado en mal lugar. En efecto, tenemos por un lado a Robles diciendo que el CNI alertó de la magnitud de lo que iba a suceder, y por otro, a Sánchez y Marlaska negándolo. Una de las dos partes, inevitablemente está mintiendo, pues ambas versiones son incompatibles, ¿van a permanecer todas ellas sin responsabilidad alguna en ese conglomerado de intereses ávidos de poder y beneficios que se ha convertido el Ejecutivo social-comunista de Sánchez?
Lo verdaderamente grave es la actuación del “ministro tuitero” Óscar Puente, que al igual que su jefe de filas se comporta como un chulo de discoteca y no como ministro de un país de la Unión Europea como España, descalificando las imágenes aportadas por la Policía Nacional al decir que eran tomadas de las redes sociales. Ha cuestionado la profesionalidad y la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para ocultar la negligencia de su gobierno, como si la Policía española no tuviese los medios y conocimientos para distinguir imágenes reales de aquellas que no lo son.
Por si todo lo anterior no fuese suficiente, pocas horas antes de que este asalto masivo a la soberanía territorial de España se produjese, Sánchez y el ministro de Exteriores Albares tachaban de “bulos” y “desinformación” las noticias que apuntaban en línea con lo que posteriormente ha sucedido, culpando a Israel y Rusia y a una supuesta “internacional ultraderechista”. Según él, todo era culpa de un enemigo externo a su medida, creando su propia conspiración judeo-masónica. Si no puede hacer nada y todo depende de instancias internacionales, ¿por qué se aferra tanto al gobierno? ¿será, tal vez para colmar un ego insaciable y cubrir las espaldas de su partido, su núcleo familiar más cercano y las suyas propias ante un negro futuro judicial cada vez más cercado por la corrupción?
Mientras el gobierno señalaba al régimen de Putin, la Unión Europea le dejaba en evidencia y señalaba al de Mohamed VI, de modo que, recientemente, el presentador de La Sexta Iñaki López, nada sospechoso de antisanchista, llegó a decir que, a día de hoy, sólo Sánchez cree que Marruecos no está detrás de todo esto.
Una cuestión esgrimida por esa misma izquierda que tiene un corazón enorme con los recursos de otro, es la relativa a los MENAS. Actúan, dentro de su habitual demagogia, como si tuvieran el monopolio de los sentimientos y los demás fuesen crueles, inhumanos e insensibles, motivo por el que, conscientes de todo ello, el gobierno de Sánchez nos pretende vender que no se puede hacer legalmente nada y en aras de su protección, éstos deben permanecer en España.
Es cierto que el procedimiento de devolución de los menores no acompañados debe producirse de manera individual, igual que el del resto de inmigrantes ilegales, pero tal y como establece tanto el artículo 35 de la Ley Orgánica 4/2000 de Extranjería y los artículos 65-172 del Reglamento por el que se aprueba el Real Decreto 1155/2024, se puede llevar a cabo la reagrupación familiar siempre que se acredite la filiación y haya un servicio de protección de menores adecuado en el país. En efecto, el artículo 168.1 del citado Reglamento establece que, para incoar el procedimiento, el interés superior debe ser satisfecho a través de la reagrupación con sus familias o la puesta a disposición del servicio de protección de su país de origen. No existe, por tanto, ni siquiera por el hecho de ser menor, un derecho a permanecer de manera automática en suelo español, sobre todo cuando el propio Reino de Marruecos y las familias de muchos de esos menores han solicitado su devolución, algo que el propio ministro del Interior marroquí pidió públicamente el pasado 12 de agosto.
Si tanto Marruecos como sus padres solicitan que se devuelva a dichos menores, facilitando los trámites legales, ¿por qué el Ejecutivo socialista no ha movido un dedo para hacer posible el regreso a su país de origen? Tal y como dijo de manera bastante lúcida el historiador Fernando Paz, es porque, de manera inmoral y sin escrúpulos, Sánchez pretende sacar tajada política de esta crisis, repartiendo a los 500 MENAS que actualmente se encuentran en Ceuta entre las diferentes comunidades autónomas, gobernadas en su mayoría por PP y VOX. Si los acogen, VOX romperá los gobiernos como ha sucedido en el pasado, propiciando unas nuevas elecciones, y si no lo hacen, el líder socialista acusará a Feijóo de plegarse ante Abascal, que le marcaría la hoja de ruta a seguir.
Como ya señalé en un artículo anterior, lo que muchos no tienen en cuenta es que no todas las autonomías acogerán a dichos menores inmigrantes, siendo el caso de las Vascongadas, gobernadas por el PNV, y de Cataluña, liderada por el socialista Illa (exministro del propio Sánchez) con el apoyo de ERC, en este último caso, por las exigencias de Puigdemont para frenar la pérdida de votos de JxCat en favor de Alianza Catalana, que experimenta un crecimiento vertiginoso en las encuestas. Una vez más se demuestra que Sánchez está dispuesto a transigir con cualquier política, incluso aquellas que repetidamente ha tachado de “racistas “y “xenófobas”. En base a estos hechos, ha pactado con partidos que promueven políticas que repetidamente ha tachado como tales y ha aceptado condiciones que van en esa misma dirección.
Si este episodio que se está viviendo en Ceuta, y cuyo fin parece lejano, recuerda a algo es a la traición del rey Juan Carlos y Arias Navarro aprovechando la agonía de Franco en 1975, pues tal y como revelaron los documentos desclasificados de la CIA, Colón de Carvajal, en calidad de emisario del ahora Rey Emérito, se reunió con Kissinger en secreto, acordando el reconocimiento de Washington a la nueva monarquía a cambio de la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos para que no quedase en manos del Frente Polisario, pues en el contexto de la Guerra Fría, estaba apoyado por el régimen pro-soviético de Argelia, motivo por el que el entonces Jefe del Estado en funciones como el presidente del gobierno permanecieron de brazos cruzados ante la Marcha Verde, cuando el régimen de Hassan II desplegó a 350.000 civiles desarmados ante la certeza de que España no actuaría so pena de que su imagen quedase dañada ante la comunidad internacional. Tanto entonces como ahora, se cumple lo que decía Blas de Lezo, aquel héroe español que derrotó a los británicos en Cartagena de Indias: “Una Nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”. Los españoles aún estamos a tiempo de salvar ese trozo de España que el déspota marroquí nos pretende arrebatar.





