“Cinco, como mucho. Otro llevaba una bandera, ¡una bandera de España! ¿Quiere más pruebas?”
—Túmbese, don Pedro.
—¿Por qué? Estoy perfectamente. No lo digo yo, usted dice que estoy respondiendo bien al tratamiento.
—Vale, túmbese, eso lo veremos ahora.
—No fueron masivas, ¡no, no, no, que va!
—¿El qué? ¿Las manifestaciones?
—¿Qué manifestaciones?
—Las del miércoles.
—Ah, ese populacho en la calle el día de más calor del verano… ¡Vah, cuatro fachas… y uno llevaba bigote!
—¿Cuatro?
—Cinco, como mucho. Otro llevaba una bandera, ¡una bandera de España! ¿Quiere más pruebas?
—Las imágenes muestran una multitud.
—La fotografía es una ciencia manipulable, ¡que me lo digan a mí!
—¿Y los vídeos?
—Más manipulables todavía, ¿no ve mis TikTok semanales? El éxito está siendo arrollador.
El psiquiatra anotó algo.
—¿Qué escribe?
—“Negación” -le dijo con aparente seguridad, mientras anotaba “como una chota”-.
—Pues apunte también “independencia”.
—¿Independencia de qué?
—De la CIA, de Putin, del Mosad… de los responsables de esta invasión. ¡Yo soy absolutamente independiente, pregunte a Mohamed!
—¿Cree que el CNI está controlado por servicios extranjeros?
—Yo no creo nada.
—Acaba de decirlo y, además, ha dicho “invasión”.
—Una cosa es decirlo y otra creerlo. Recuerde quien soy y mi más que acreditada disputa con la verdad.
—Ya, bueno… vamos bien.
—Además, doctor, ¿hoy no hablamos de la conspiración contra mí?
—¿Quiénes?
—Los jueces.
—¿Todos?
—Al menos los suficientes para dar por saco y no dejarme descansar a gusto en Andorra, o en La Mareta, después del dineral que le he echado encima -espetó mientras suspiraba “menos mal que pagan los de siempre”-.
—¿Por qué?
—Porque no comprenden mi proyecto político, lo que, por otra parte, es lógico: son unos fachas.
—¿Y su mujer?
—Inocente, no lo dude.
—¿Y su hermano?
—Linchado, por apellidarse Azagra… que diga… Sánchez Pérez-Castejón.
—¿Quién lo linchó?
—Todo el mundo y en especial una jueza cordobesa de Badajoz que se le resistió a Leire y a Santos. No les perdono, que vayan preparándose…
—¿Y qué pruebas tiene?
—Doctor, si tuviera pruebas, no estaría aquí tumbado. ¡Y vaya terminando, que mi pueblo está ahí fuera, esperando que le salve!
El psiquiatra dejó el bolígrafo.
—Hablemos de Zapatero.
Sánchez se incorporó de golpe.
—Ah, por fin. Eso me da vida.
—¿Qué representa para usted?
—La luz.
—¿La luz?
—El camino.
—¿El camino hacia dónde?
—Hacia la concordia, hacia la paz, hacia las nubes a través del viento.
—¿Y exactamente quién es Zapatero para usted?
Sánchez miró al techo con expresión beatífica.
—San Pedro.
—¿San Pedro?
—El que guarda las llaves.
—¿Las llaves de qué?
—De la democracia, de la libertad, de la paz… y de su caja fuerte, hasta que se la robaron falsos policías enviados por otro juez facha. ¡No le digo!
El psiquiatra cerró la libreta.
—Don Pedro, creo que ya sé qué le pasa.
—¿Qué?
—Tiene un padecimiento muy común entre los políticos, pero usted es el campeón indiscutible.
—¿Cuál?
—Confundir la realidad con la comparecencia por plasma y sin preguntas.
Sánchez se levantó indignado.
—¡Eso es un infundio!
El médico sonrió entonces.
—Perfecto. Ya tenemos diagnóstico.
—¿Cuál?
—“Síndrome narcisista exacerbado, en coexistencia con síntomas de grandiosidad y egocentrismo presidencial, asociado a complejo de superioridad y adicción al aplauso, concurrente con síndrome de first starring, trastorno de autoadmiración y señales de realidad alternativa. En definitiva, nada grave… pero de todo un poquito”. ¡Dígaselo a alguien que le quiera!
Sánchez salió dando un portazo.
En la sala de espera aguardaban seis personas ¡seis!, ya inquietas por la tardanza de su cita.
Las miró como sólo él sabe, al tiempo que murmuró, al estilo de “me gusta la fruta”, contra Ayuso por la saturación médica.
Todos le devolvieron la misma mirada -de desprecio-, salvo una de ellas, un subsahariano, que se levantó para saludarle y abrazarle.
—¡Una masificación intolerable! -gritaba, mientras se sacudía el pecho y las manos-.
Antes de entrar en el coche blindado, cuya puerta le franqueaba un escolta, llamó a Marlaska:
—¡Que te olvides de La Pájara, ya hablaremos! Ahora quiero denunciar una concentración multitudinaria en la consulta del médico y seguramente sin permiso.





