Continuando con el artículo iniciado hace una semana, el término Sobreendeudamiento fue popularizado por ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros) en una publicación de 2002, y la definió como “situación en la que el consumidor es incapaz de hacer frente de manera simultánea a todas sus deudas exigibles”, sobre todo a raíz de malas prácticas en torno a los créditos inmediatos, y en especial a las tarjetas revolving (aquellas que permiten una línea de crédito renovable con altos intereses).
En tal estado, el patrimonio de una persona es insuficiente para atender al pago integral y puntual de sus deudas, lo que le conduce a la exclusión social y al empobrecimiento total, al no poder disponer casi de ningún bien, ni siquiera de los propios que están embargados.
Algunos síntomas que conducen o reflejan el sobreendeudamiento son el haber solicitado un préstamo para pagar otro; el no saber exactamente cuánto dinero se debe; el no poder ahorrar nada cada mes; el tener como costumbre pagar sólo la cuota mínima mensual de la tarjeta de crédito; el haber tenido que solicitar un aval para obtener un crédito; el no contar con un fondo de emergencia para imprevistos, o el haber recibido notificaciones del banco por atrasos en los pagos.
Las principales causas del sobreendeudamiento provienen de los préstamos hipotecarios contratados a interés variable en un momento de bajos tipos de interés, de la compra compulsiva con tarjetas de crédito, de la facilidad para obtener préstamos de pequeña cuantía a intereses desorbitados, del llamado efecto “cuota inmediata” (sólo nos preocupamos del importe de la cuota y olvidamos la cuantía del principal del préstamo y el plazo de amortización) … Es importante constatar la resistencia a bajar el nivel de vida cuando los ingresos han venido a menos y cómo se acude al endeudamiento (efecto “patada a seguir”).
Entre las consecuencias que conlleva esta situación señalamos cómo el peso del sobreendeudamiento no recae en exclusiva sobre la persona deudora: también afecta a su familia; el exceso de deuda puede empujar al deudor a malvender su patrimonio; los acreedores a los que no se les ha podido pagar inician un proceso judicial que incrementa aún más los gastos del consumidor; los préstamos al consumo con garantía personal, y los descubiertos en cuenta corriente son los últimos en atenderse, siendo los que conllevan mayores intereses de demora; se agrava, en su caso, el problema de familias monoparentales o desestructuradas…
Desde mi experiencia como ejecutivo en Caja de Ahorros y mis conocimientos financieros, le aconsejaría a quien no quisiera verse en esta posición que no solicite un crédito para pagar otro; que no compre una vivienda hasta que no disponga del 20 % del importe de la compra; que no dedique más del 30 % de los ingresos al pago de deudas, que tenga únicamente las tarjetas que necesite, que procure contar con un fondo para emergencias, y, sobre todo, que elabore un presupuesto familiar actualizándolo periódicamente.
En efecto, una herramienta fundamental es el presupuesto familiar: da una visión global del destino del dinero que ingresamos; nos permite detectar dónde podemos ahorrar; favorece la planificación, al establecer objetivos a corto y a largo plazo, y, finalmente, nos da a conocer la holgura ante posibles imprevistos. Su elaboración requiere estimar los ingresos y gastos futuros, los reales y la anotación de las desviaciones en ambos casos.
Habremos de clasificar los gastos en fijos (prioritarios y periódicos), corrientes (necesarios para la vida cotidiana), superfluos (habituales pero prescindibles), extraordinarios (impredecibles) y ¡el ahorro! (recomendable un 10 % de los ingresos nada más cobrarlos), y anotar los ingresos (rendimientos del trabajo, rendimientos financieros y rentas de inmuebles, en su caso). Por último, realizar un balance, reflejando el Activo (primera vivienda, segunda vivienda, en su caso, tesorería e inversiones financieras, si las hubiera) y el Pasivo (deudas pendientes, separando las hipotecarias de las de garantía personal), siendo el Patrimonio neto la diferencia. Hay quien todavía lo hace a mano y quien utiliza una de las aplicaciones gratuitas existentes en Play Store.
Aunque existe una ley de segunda oportunidad (ley 28/2015) que facilita la salida de esta situación, es de sentido común que una buena educación financiera y presupuestaria, una información precontractual adecuada y una correcta valoración de la capacidad de endeudamiento del prestatario por parte del prestamista (CIRBE, ASNEF), se evitará en gran medida que esta penosa situación se produzca, y que, dadas las fechas actuales, el disfrute de la Navidad y Año Nuevo no se convierta en un futuro dolor de cabeza, y no vean a la Economía como la “ciencia lúgubre”, nombre con el que muchos la llamaban en sus comienzos.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Acertadísima difusión de principios contables hecha por Alberto Tobaja. La Economía como «ciencia de la escasez» es la realidad (la verdad).
«El gasto pequeño si tiene lugar a menudo acaba con las fortunas» (Aristóteles. 384 a.C.-322 a.C.)
Felicitaciones al autor y felicidades en Navidad y Año nuevo.