
El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. El Almirante Ulloa (I)
El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. El Almirante Ulloa (II)
El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. El Almirante Ulloa (III)
Estimados lectores, después de un paréntesis en mis publicaciones continúo con la prolífica vida de Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral.
Hasta ahora, la vida de Ulloa había estado prácticamente unida a la de Jorge Juan, siempre en comunicación y en camaradería con mutua comprensión y estima, con compenetración y armonía, pero desde este momento se irán distanciando progresivamente, debido a algunos desacuerdos o discrepancias, tomando cada uno un rumbo diferente; Jorge Juan se irá desligando de la Armada, dedicándose de lleno al estudio científico, a la ingeniería y a las tareas de gobierno en la Academia mientras que Ulloa seguirá vinculado a la Marina, prestando servicios a España como marino experto, ascendiendo paulatinamente a todos los empleos del escalafón de la Armada, siempre fiel al Rey y al servicio de la Corona, y realizando también aportaciones a las ciencias de la naturaleza. Ulloa fue nombrado Teniente de la Real Academia de Guardiamarinas de Cádiz, dedicándose a tareas docentes en ella, y Jorge Juan Capitán de la misma. Jorge Juan modificó el Plan de estudios de la Academia de Guardiamarinas, dándole una orientación más matemática, física, astronómica y, en general, más científica, en detrimento de la preparación tradicional de navegante y combatiente, buscando nuevos profesores acordes con dicho Plan y editándose libros de texto acorde con las nuevas ideas, creando un centro de formación superior y de investigación, mientras que Ulloa rechazó dicha reforma, defendiendo una enseñanza más práctica, orientada directamente a la navegación y al dominio del buque. Jorge Juan redactó, por orden del marqués de la Ensenada, unas ordenanzas para la creación de una Academia de las Ciencias en Madrid similar a las existentes en Europa sin la colaboración de Ulloa; Jorge Juan puso en funcionamiento una Asamblea Amistosa Literaria en Cádiz en la que se dialogaba sobre conocimientos científicos sin que haya constancia de que Ulloa asistiera a sus reuniones. Ulloa, por su parte, publicó en la Royal Society de Londres un interesante trabajo sobre el terremoto de Lisboa de 1755 y el maremoto que provocó en Cádiz y en su entorno, en vez de presentarlo en la citada Asamblea; no habrá correspondencia entre Jorge Juan y Ulloa después de 1751, al volver ambos de su misión de espías en Europa, a pesar de vivir los dos en Cádiz (también es posible que guardaran un respetuoso silencio, o, al menos, se presupone); Ulloa apenas mencionó a Jorge Juan en sus “Conversaciones con sus hijos”. Tenían caracteres muy distintos (Jorge Juan era sereno, equilibrado, sosegado, apacible y diplomático, mientras que Ulloa era vigoroso, práctico, exaltado, fácilmente excitable, poco maleable y transigente, a veces imprudente, un carácter fuerte pero difícil y problemático, lo cual le ocasionó algunos disgustos)
No obstante, ese distanciamiento no debió de significar necesariamente enemistad (de hecho, al parecer, a la muerte de Jorge Juan en 1773 célibe, Ulloa se ofreció a costear su lápida y a escribir su epitafio).
Por esta época, el marqués de la Ensenada fue víctima de intrigas cortesanas y de un complot, con presiones inglesas, siendo destituido por el rey Fernando VI y desterrado a Granada. Ulloa, al ser Ensenada su principal valedor, dimitió de todos sus cargos y se centró en su carrera militar, visitando a Ensenada en su exilio interior. Allí en Granada, Ulloa elaboró un memorándum sobre la Alhambra y unos dibujos que presentó a su regreso a la Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid como el inicio de la recuperación histórica de dicho palacio musulmán.
Tras la caída del poder del marqués de la Ensenada, el proyecto de Academia de las Ciencias se frustró, y no se pudo crear.
Ulloa siempre estuvo bien considerado en la corte, distinguiéndole el Rey con cargos de gran autoridad y responsabilidad, era muy cumplidor de las normas y no le importaba renunciar al cargo si no conseguía reformar lo que pretendía. Por tanto, a partir de ahora, empezó una nueva fase en la vida de Antonio de Ulloa.
El rey Fernando VI, en pago a sus servicios, lo nombró comendador de Ocaña de la Orden de Santiago. Y en febrero de 1758, el monarca, como premio por su competencia al frente de las minas de Almadén al haber aumentado notablemente la producción de mercurio , lo nombró gobernador de Huancavelica (en el Virreinato de Perú) y superintendente general de la célebre mina de mercurio de aquella zona, la más importante de América, de gran riqueza pero que poseía un deficiente y caótico sistema de laboreo, a fin de que aplicase en dicha mina los mismos conocimientos y experiencias que se habían efectuado en las minas de Almadén, lo cual evitaría el costoso transporte de mercurio de España a América y abarataría la producción de oro y de plata. Embarcó en el buque mercante San Rafael y la travesía fue muy larga, tardando 5 meses en llegar a su destino tras realizar la ruta Tenerife-Isla de la Ascensión- Buenos Aires- cabo de Hornos-Valparaíso- El Callao, durante la cual la mayoría de la tripulación sufrió escorbuto (esta enfermedad, conocida como” el mal de los marinos “ o “ la peste del mar”, ya se sabía que estaba producida por la falta de vitamina c, y, al parecer, Ulloa administró zumo de limón a una tripulación surtiendo efecto ). Allí, en Huancavelica, centro minero en decadencia, logró superar el atraso tecnológico y aumentar la producción de mercurio, en base a lo observado en las minas de Almadén en cuanto a sistema de trabajo, rendimientos, transporte, etc…, pero, sin embargo, gobernó en difíciles circunstancias, ya que intentó introducir reformas administrativas desde el primer momento, decidido a acabar con los abusos y desórdenes existentes con firmeza, autoridad y responsabilidad, y con un elevado sentido de la moralidad, lo cual suponía una amenaza para los fuertes intereses creados locales, encontrando una tenaz oposición por parte de la alianza del gremio de los empresarios mineros y de los funcionarios de la Corona, sin poder acabar con el fraude y la corrupción que imperaba allí, que estaban muy arraigados. Fue acusado de abuso de autoridad, siendo relevado de su cargo a petición propia en noviembre de 1764 por el rey Carlos III. Durante este período escribió “Relación y superintendencia de la Real mina de azogues de la villa de Guancavelica”, fue ascendido a contraalmirante en 1760, y aprovechó para recabar más información sobre la geografía, población, flora y fauna de aquellas tierras.
De Huancavelica marchó Ulloa, vía Portobelo-Panamá a La Habana quedando a la espera de un nuevo destino, y en 1765 aprovechó su estancia en la isla de Cuba para elaborar un informe sobre el funcionamiento de las comunicaciones postales entre España y sus posesiones de Ultramar a raíz de la creación de la empresa estatal de los Correos Marítimos, en el que ponía de manifiesto la inviabilidad de la ruta existente y ofreciendo también una posible alternativa al respecto (“ Modo de facilitar los correos de España con el reino de Perú “). Por aquel entonces, la correspondencia para América se enviaba desde La Coruña a la Habana para su posterior reparto por todo el continente, y Ulloa describió a la perfección las dificultades por las que atravesaba la distribución del correo por la América Meridional, problemas que se solventaron al crearse una nueva línea postal entre La Coruña y Buenos Aires, más conveniente y eficaz.
Su estancia en Cuba no duró mucho tiempo, ya que fue nombrado por el rey Carlos III gobernador general de Luisiana (que entonces pertenecía a España tras el fin de la Guerra de los Siete Años), de gran valor estratégico, tomando Ulloa posesión del cargo el 5 de marzo de 1766. Aunque España no implantó allí el mismo modelo de gobierno que el resto de territorios hispanos, que resultaba muy costoso -respetando en principio las leyes y organismos franceses y compartiendo acuerdos y responsabilidades y cediéndose progresivamente el mando de franceses a españoles-, Ulloa gobernó aquel territorio con su habitual integridad, autoridad, y prudencia, como máxima autoridad civil y militar, ejecutando las leyes españolas y fijando con precisión los límites geográficos de aquel inmenso territorio con la zona británica. Dominaba perfectamente el francés, siéndole muy fácil redactar unas ordenanzas municipales para la mejora y el abastecimiento de Nueva Orleans, capital de Luisiana, embelleciéndola, y también persiguiendo el contrabando. Allí se reunió con su esposa, doña Francisca Ramírez de Laredo, joven noble limeña, mucho más joven que él, (tenía 15 años de edad) el 24 de junio de 1767 a la que había conocido durante su estancia en Huancavelica (con la que se había casado anteriormente por poderes en Lima el 1 de marzo de 1766, al no tener las preceptivas autorizaciones) con la que casó presencialmente en Nueva Orleans. Pero, a pesar de todo, su mandato fue problemático y corto, siendo acogido con frialdad, encontrando grandes inconvenientes y tensiones, produciéndose alborotos, con una economía deficitaria, con inflación y subida de precios… Ulloa contaba con pocos recursos militares y económicos y, además, encontró gran oposición por parte de los colonos franceses que no acataban su autoridad, no querida ni deseada ya que Ulloa no era de su agrado, granjeándose su enemistad, tachándolo de usurpador, de aborrecimiento hacia ellos y de protector de los esclavos negros; tampoco aceptaban la restricción de comercio establecida y temían perder su lengua oficial y sus costumbres, por lo que, descontentos, rechazaron a Ulloa y se sublevaron, sin que él pudiera controlar la situación al contar con pocos efectivos. También Ulloa quiso prohibir, sin éxito, que se vendieran armas de fuego a las tribus indias de Luisiana, ya que algunas de ellas tendían a la violencia (con riesgo de insurrección) y habían llevado a cabo incidentes con otras tribus, poniendo en peligro la seguridad del territorio. Ante el cariz que tomó la situación, Ulloa se vio obligado a renunciar a su cargo de gobernador y a embarcar rumbo a La Habana, zarpando hacia la capital de Cuba el 2 de noviembre de 1768. A principios de 1769 regresó a Cádiz, llegando a dicha ciudad el 14 de febrero y reincorporándose como profesor de la Real Academia de Guardiamarinas (que ese año se trasladó a la Isla de León el 15 de noviembre) entre 1770 y 1776. Durante su estancia en Luisiana también amplió su información sobre dicho territorio (al igual que, anteriormente, en Huancavelica). A pesar de que ambas misiones (Huancavelica y Luisiana) fuero amargas experiencias y fracasos, el rey Carlos III siguió confiando en los servicios de Ulloa y lo ascendió a vicealmirante. En 1772 se publicó su obra “Noticias Americanas“, fruto de todos los datos que obtuvo de sus sucesivas estancias en suelo americano despertando gran interés y aceptación en Europa; fue muy editada y traducida y en ella Ulloa describía de forma amena y precisa los territorios de Hispanoamérica y su enorme variedad ( climas, flora, fauna, minerales, lagos y ríos, fósiles, poblaciones indígenas… ), debido a que había comprobado la falta de información que existía sobre la realidad física y humana de América, resultando un compendio científico y antropológico de gran importancia, por lo que recibió el sobrenombre de “ Ulloa el estudioso”. También comprobó que había falta de información sobre el potencial de las armadas europeas, escribiendo por ello “ La Marina, fuerzas navales de la Europa y costas de Berbería, “ obra dirigida al Secretario de Marina, que sería más bien un proyecto “político de desarme naval multilateral” en la que Ulloa expresaba la conveniencia de un acuerdo entre las naciones más poderosas de Europa para reducir drásticamente el potencial de sus Armadas y reconvertir los barcos de guerra sobrantes en barcos mercantes.
Antonio de Ulloa apenas tuvo oportunidades de volver a Sevilla, pero, no obstante, no se olvidó de su ciudad natal. El río Guadalquivir, de gran caudal a su paso por Sevilla, suponía un azote y una amenaza permanente para la urbe por las enormes crecidas del nivel del agua, numeroso y frecuente, ya que al desbordarse de su cauce, a veces las murallas no podían frenar la fuerza del agua, provocando inundaciones con sus desastrosas consecuencias. Una de las zonas más vulnerables y castigadas era la de la Barqueta, por su proximidad al meandro que formaba el Guadalquivir en San Jerónimo (y por ser antiguo cauce del río) donde el agua embestía con violencia, por lo que iba erosionando los cimientos de la muralla, la cual, además, presentaba grietas (ya que resultaba muy costoso reparar las murallas), por ello el pueblo sevillano temía que el agua derribara las murallas. En 1772, Olavide, asistente de Sevilla, que conocía a Ulloa de asistir éste a su tertulia del Alcázar, le encargó que informara y que se hiciera cargo de la lucha contra las riadas del Guadalquivir y protegiera esa zona de las crecidas del río. Ulloa era la persona idónea para ello, era consciente del daño que hacía el Guadalquivir al desbordarse, había estudiado bien las deficiencias que poseía el río y las obras necesarias para corregirlas; era partidario de aprovechar al máximo el único puerto fluvial de España y había denunciado la desidia y la falta de voluntad de las autoridades para aplicar reformas. Desde la Isla de León Ulloa proyectó y dirigió la reconstrucción de las murallas de la Barqueta y la fortificación de la zona entre la puertas de la Barqueta y de San Juan, aproximadamente, entre 1773 y 1779, con la construcción de un gran muro de defensa formado por robustos malecones a modo de tajamar, de forma escalonada y con dientes de sierra para contener el agua del Guadalquivir y disminuir su fuerza, inspeccionando las obras él mismo en persona a veces. Asimismo, prolongó los husillos o alcantarillas para ayudar al desagüe del terreno, y reformó el Patín de las Damas, espacio extramuros, con terreno ganado al río, convertido en un paseo con bancos y escalinata para esparcimiento y disfrute de los sevillanos. Una vez acabadas las obras, en 1780 se colocó una gran lápida de mármol en la parte exterior de la muralla de la Barqueta en señal de recuerdo y de gratitud. Estos trabajos de ingeniería hidráulica evitaron que Sevilla quedara anegada por el agua algunas veces, pero resultaban insuficientes. Por ello, Ulloa pretendía, además, transformar el cauce del río Guadalquivir para alejar sus aguas del núcleo urbano de Sevilla elaborando un proyecto definitivo de defensas para salvar la ciudad del constante peligro a que estaba expuesta por las crecidas del Guadalquivir. También informó y dio su visto bueno a un proyecto que contemplaba la eliminación de los meandros del río mediante un sistema de cortas y aumentar su calado para hacerlo más navegable, principales problemas del Guadalquivir. Y por otro lado, había un plan más amplio para construir malecones desde San Jerónimo hasta Tablada, pero en ese momento no pudieron llevarse a cabo dichos proyectos, por estar España involucrada en la guerra contra Gran Bretaña en defensa de la independencia de las trece colonias de Norteamérica y estar la Real Hacienda falta de recursos económicos (si bien se realizarían posteriormente a lo largo de los siglos XIX Y XX).
Hasta la semana que viene queridos lectores.





