Colas para la hostelería sevillana

 

Esta semana, paseando por la ciudad, me encontré con esta bonita y esperanzadora imagen que ahora pongo ilustrando mi opinión. Nunca una imagen dijo tanto para la hostelería. Hay dos componentes o ingredientes que destacar en esta instantánea.

La primera, la alegría en la Sevilla post pandémica, en donde ya se ve movimiento de turistas, las terrazas comienzan animarse y se oye francés, inglés y algo de alemán en las calles y plazas de nuestra ciudad. 

Necesitamos de ese turista que viene a ver las maravillas de Híspalis y que se “dejan los dineros” en hoteles, bares, restaurantes…

¡Cuánto hemos echado de menos al turista¡ Por más que en la época pre pandémica hubiera un sector rancio sevillanito que protestara en cada esquina del centro por la cantidad de guiris que había pululando por Sevilla.

Miren ustedes que gracias a ellos viven muchas, muchísimas familias en nuestra ciudad, nos guste o no, no tenemos industrias ni grandes negocios que puedan “tirar” de la economía de la ciudad. Así que como somos tan agradables, tan acogedores y simpáticos nos toca ser perfectos anfitriones, que para eso nos lo pintamos solos (y además nos gusta, orgullo de sevillano).

Contamos  con nuestros monumentos, plazas, calles y callejuelas, nos acompaña un clima más que envidiable de Despeñaperros para abajo (obviando julio y agosto, claro), además de una hostelería que no se la salta un galgo.

Y ahí llega el segundo componente de la foto, las colas en la puerta de un bar o restaurante para poder tomar la primera cervecita en cuanto la persiana del negocio se abra completamente. Eran las 13,15 horas, el restaurante ya lo habrán adivinado, porque antiguo sí que es, El Rinconcillo.

Es cierto que son muchos los negocios de hostelería de Sevilla en los que “de toda la vida” había clientes en la puerta esperando a que se abriese el local para tomar algo (normalmente las cervecerías populares y algún que otro bar). Pero es ahora, después de un largo desierto pandémico, cuando nos resulta hasta extraña esta imagen de las colas para entrar a un local, o al menos a mí sí que me sorprendió.

Por el bien de la economía sevillana y la de mis clientes de hostelería, espero que vuelvan a ser populares los turistas, tanto extranjeros como nacionales, que abarroten nuestros bares y restaurantes (también los hoteles, que para eso hay muchos y muy bonitos), porque poco a poco y gracias a las vacunas y a nuestro comportamiento (no a todos, tristemente ) se va venciendo la pandemia y un gran rayo de luz comienza a iluminar nuestra ciudad. 

Ojalá esto sea un comienzo otoñal (post pandémico) lleno de buenas expectativas para todos los negocios  y el Sr Moreno anuncie el final de las restricciones a la hostelería, tal como acaba de anunciar la Juana de Arco de la Hostelería, señora Ayuso. Enhorabuena, acaba usted de ganarse de nuevo las simpatía y el cariño de todo mi gremio.

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