Vaya por delante (dicho sea, sin segundas) que el que esto escribe no tiene ni idea de artes gráficas. Vamos que éste que está aquí -parafraseando el remoquete de moda obra del delantero bético Joaquín- no ha pintado un cuadro en su vida, ‘Hulio’. Tampoco tiene el autor de estas torpes letras nada en contra de la forma con la que cada cual alivie sus penas y picores. Lo que sí resulta molesto al escritor de esta columna es esa manía que tienen algunos de imponer y restregar por la cara a los demás sus conductas, filias y aficiones. Lo mismo me tocaría los escrotos que el cartel navideño que encarga cada año la Asociación de Belenistas de Sevilla (y que se ha convertido oficiosamente en oficial por esa estúpida obsesión que tiene esta ciudad de pregonarlo todo con su correspondiente exaltación y cartela), fuera la imagen de un camionero con un puro, una botella de coñac en una mano y la otra en los cojones mientras ojea u hojea el Playboy. El pintor Manuel Peña, autor del susodicho anuncio navideño nos ha dejado la imagen de un alocado ángel Gabriel anunciando a María en un trasunto de amanerado estilo manierista que mas que un símil a la obra de El Greco se queda en la portada de un disco de Las Grecas. Bien es sabido que la representación angelical tiende a ser efébica, pero en el caso que nos ocupa el exceso de pluma y vena, así como esa pose aceitosa que tan bien ha definido Pilar Fuertes en su articulo Mentes Sucias, lo hace mas propio de la decoración del bar El Garlochí que de la anunciación de la Pascua de la Natividad del Señor, al que la misma ciudad crucificará gozosamente en cuestión de días. Como no podía faltar, el ‘progrecito’ sevillano ha saltado como un resorte a defender el cartelón, envuelto en la bandera irisada del llamado colectivo gay, como si de una agresión homófoba se tratase cualquier disensión sobre la obra. Porque, eso sí, aquí se puede criticar todo, hasta lo mas sagrado, pero contra el homosexualismo, con la iglesia hemos topado Sancho; ahí no hay tío páseme usted el río: si usted opina que el cartel es una mariconada, le cae una tromba de epítetos donde los de homófobo y fascista pueden ser los más suaves. Habrá quien piense que el arte ha de ser provocación, incluso para anunciar algo tan entrañable y conciliador como es la navidad. Pues nada, lo dicho antes: el año que viene que pinten a Torrente con alas, una litrona y un par de señoras en bikini a cada lado.

Boca prestada