Retomando el asunto del Museo Reina Sofía y su director cesante, la nueva dirección, en fase de nombramiento, es una incógnita, pero solo a medias, dado lo previsibles que son los gestores de lo público. Así que es de suponer que el Reina Sofía seguirá funcionando como hasta ahora y subiendo en su categoría de contenedor de basuras y marchante de creadores de ídem.
Al salir a la palestra las últimas críticas contra el director Manuel Borja Villel se han establecido dos bandos de críticos a su larga gestión; por un lado uno muy numeroso que está totalmente en contra de como se ha gestionado este museo nacional y por otro el de los creadores de arte basura, críticos y galeristas de arte subvencionados. Para muestra de lo que digo basta con leer lo que ha dicho la muy subvencionada galerista Helga de Alvear, encantada con Borja Villel porque le ha facilitado comprar obras de artistas que estaban exponiendo en el Reina, como Manolo Quejido. Se conoce que la señora de Alvear no encontró el teléfono de Quejido, ni la dirección de su estudio, hasta que vio su obra en el museo. Y todo así, créanme, no hay por dónde cogerlos, te pringas de una forma u otra y no precisamente de óleo.
La gestión del Ministerio de Cultura, es de auténtica pena y de ella se derivan todos los males del Reina Sofía, no se le puede echar la culpa en exclusiva a quien lo ha dirigido en los últimos quince años, no solo él es el hacedor de ideas tan estúpidas como la de limitar el entendimiento del arte moderno, del arte contemporáneo, tan solo a los artistas nacidos desde 1881, año del nacimiento de Picasso y trasvasar al Museo del Prado la obra de artistas nacidos con anterioridad al genial malagueño, que formaban parte de la colección del Reina Sofía, muchos de ellos por herencia de los extintos Museos Nacionales de Arte Moderno y Contemporáneo. Hicieron una excepción con la obra de Anglada Camarasa, y con la de Vasili Kandinsky, que aunque del Prado, sigue en depósito en el Reina Sofía, tal vez porque a alguien le dio vergüenza de la más que manifiesta incultura de los que pergeñaron el estúpido Decreto, tras el cual, Manuel Borja Villel, dijo sentirse muy aliviado por haberse quitado de encima las «antiguallas» anteriores a la era picassiana. Ya saben, esta gente habría mandado al Museo del Prado a Paul Cézanne por caduco.
Además de todas historias absurdas, no me puedo olvidar de que con el trasiego por Decreto, se dieron cuenta de que había 57 obras que no se sabía dónde estaban o que habían sido destruidas. El Decreto del trasiego museístico data de 1995, pero se llevó a efecto en marzo de 2016.
Sabido es que el poder siempre ha utilizado el arte y a los artistas, de una forma u otra, pero lo de ahora es de chufla, el arte les importa menos que nada, lo desprecian a favor de los discursos que les dictan a los creadores de performances y montajes con tebeos del Capitán Trueno, retratos de Franco y fotos de etarras. Esto de las fotos de etarras y una performance del mismo «artista» con gentes desnudas tiradas por los suelos, fueron muy del agrado de la galerista Helga de Alvear, madre de todos los que tiene subvencionados sus cuentos chinos, esos con los que los estudiantes y licenciados en arte – pobrecitos míos – redactan sus tesis y estudios llenos de palabras absurdas, en base a conceptos, si cabe, aún más absurdos.
Tras estas tesis sobre el arte actual, va la incultura que sobre arte tienen la mayoría de los alumnos de las facultades de Bellas Artes de España, incultura que están haciendo crecer los actuales directores de museos de arte contemporáneo. Tendría su gracia plantarse con un micrófono en el patio de, por ejemplo, la facultad de Bellas Artes de Sevilla y preguntarles a los alumnos si saben quién eran y lo que hacían, Anglada Camarasa, Rusiñol, Ramón Casas, o Francisco Bores, Pancho Cossio, Antoni Clavé y Celso Lagar y que dijeran si sabían de qué época eran cada uno; creo que entre veinte o veinticinco alumnos, con suerte un par de ellos sabrían lo que se les preguntó.
Lo dejo aquí, ya habrá tiempo de seguir con el asunto cuando nombren al nuevo director o directora del Museo Reina Sofía; aunque pensándolo bien tendré que hacerlo antes, si Manuel Borja Villel sigue en funciones hasta que pasen las elecciones generales, que puede que sean en diciembre de 2023, con lo que es posible que Borja Villel se coma los polvorones y el turrón, como director en funciones hasta 2024.





