El Museo sectario (I)

El Museo Nacional de Arte Reina Sofía va a cambiar de director en estos primeros meses de 2023. Manuel Borja Villel se va tras quince años como director y deja las colecciones del museo escondidas unas, distorsionadas otras, para conseguir la plena utilización política de un museo de arte contemporáneo que se ha ido convirtiendo en un contenedor de basuras, de basuras muy caras, eso sí, y en una galería de arte comercial mantenida con algo más de cincuenta millones, confesados, de fondos públicos, gastados por Borja Villel en convertir el Reina Sofía en un museo político globalísta de corte comunista al gusto del actual gobierno, del que lo nombró, que viene a ser el mismo – lo siento Cesar Antonio Molina – y de los de las dos legislaturas de Mariano Rajoy, quien también fue ministro de Cultura de 1999 a 2000, durante la primera legislatura de José Mª Aznar, época en la que no se movió ni un dedo para frenar la situación del Reina Sofía, como tampoco se hizo más tarde, al ser nombrado Presidente del Gobierno el señor Rajoy, etapa en la que tuvimos otros dos ministros de cultura del PP, que fueron por orden de aparición, José Ignacio Wert, de 2011 a 2015, y el señor Iñigo Méndez de Vigo , de 2015 a 2018. Ambos ministros del PP no hicieron absolutamente nada para arrebatarle el Museo Reina Sofía al PSOE, partido que viene siendo el amo de esta institución desde antes de su creación y apertura en 1986. Sí hay que reconocerle al PP una cosa buena en todo el asunto y no es otra que el nombramiento como director del Reina Sofía de Juan Manuel Bonet en el año 2000. Bonet estuvo en el cargo hasta que dimitió el 28 de mayo de 2004, por culpa del manejo y del fraseo de Carmencita Calvo Poyato, recién nombrada por Rodríguez Zapatero Ministra de Cultura.

Hasta aquí un resumen histórico reciente de asunto del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, sobre el que hoy hay abierto un debate en la prensa nacional, entre ficticio e impostado, en el que se está vendiendo el tema como si el problema fuera nuevo, cuando la realidad es que viene arrastrándose, más o menos, desde 1984 cuando Javier Solana Madariaga, por entonces Ministro de Cultura empieza a desmontar el Museo Español de Arte Contemporáneo que llevaba muy pocos años instalado en su nueva sede, obra de los arquitectos, Jaime López de Asiain y Ángel Díaz Domínguez, que ganó el Premio nacional de Arquitectura en 1969. Más que seguro que aquel desmantelamiento del Museo Español de arte Contemporáneo se hizo para comenzar a desvirtuar y tergiversar la historia de todo lo que se había hecho en la España anterior a 1982 con la idea de ir creando esa España de la Ley de Memoria Democrática. Ya saben, solo su memoria vale y siguiendo esa máxima las obras que fueron del Museo Español de Arte Contemporáneo y que pasaron al Museo Reina Sofía y obras que le han sido donadas por la familia de algunos pintores de renombre internacional, en los últimos quince años han desaparecido de sus salas al no ser del gusto de Manuel Borja Villel y de su equipo y me imagino que también por no poder cambiar las biografías de los artistas diciendo que eran exiliados políticos.

Esto de marcar con el marchamo de exiliado por culpa del régimen franquista, incluso lo hacen con Picasso que se instaló definitivamente en París en 1903. Muchos de ustedes dirán que Picasso era comunista y que Franco lo perseguía, pues sepan que para nada, Franco estaba a otras cosas y la gente del mundo del arte la ignoraba, hasta el punto que el crítico de arte periodista, José Mª Moreno Galván, nacido en el sevillano pueblo de la Puebla de Cazalla en 1923, trabajaba en los años 50 para el Museo Español de Arte Contemporáneo y era del Partido Comunista de España. José Mª Moreno Galván consiguió traer a España en los primeros años cincuenta a lo mejorcito del arte de vanguardia internacional y español, de la época. En los cincuenta y sesenta estaba Franco pero no había tanto sectario suelto, ni nos daban la brasa con el cambio climático, ni con el nuevo y agresivo feminismo, ni con el arte basura subvencionado con fondos públicos y tampoco los museos del Estado funcionaban como galerías de arte particulares, cosa que sucede con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía que también funciona como negocio particular de compras y ventas poco o nada claras. Para no cansarles lo dejo por hoy y ya les contaré otro día de qué va este negocio de la política cultural.




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