Lo ocurrido desde ayer por mañana en Ceuta, en la frontera de España con Marruecos, es la consecuencia de los buenismos, la solidaridad y unas políticas que aplican los derechos humanos según para quien. Hoy, además, se celebra el día del Trono en Marruecos, algo muy significativo, ya que, por ejemplo, la Gendarmería de Marruecos no está impidiendo esta diáspora tan terrible.
El 99% de las personas que están llegando a suelo español son bigardos de más de 18 años, que no huyen de un país en guerra, que no vienen buscando pan porque en su país haya hambruna, vienen porque el efecto llamada ha funcionado, el del gobierno y el de sus familiares, que como hemos podido ver estaban esperándolos. No saben español, pero curiosamente todos hana aprendido a decir ¡viva Pedro Sánchez!
Ceuta puede llegar a doblar su población en unas horas y la oleada de personas trae consigo lo inevitable.
El miedo, que es libre, porque cuando no tengan alimento o sustento o trabajo ¿qué harán?, ¿qué harán cuando se los coma la testosterona?, ¿estarán seguras las mujeres con hombres que piensan de ellas que valen menos que una cabra?, ¿qué ocurrirá cuando despierten del sueño del maná en la tierra prometida?
El segundo, el odio, porque la gente ni es capaz, ni tienen obligación de gestionar una avalancha porque sí. Ya está bien de la frase el pueblo salva al pueblo, porque si de verdad están de acuerdo con esta afirmación, ¿para que queremos los gobiernos?
El tercero, el sentimiento de culpabilidad inculcado por los políticos hipócritas que piden a la gente solidaridad, pero desde sus zonas de confort, sus pisazos, sus casas en la playa, con su protección. Hay que ayudar, el sectarismo de la siniestra lo ha dicho y todo aquel que no lo haga será un fascista y un racista.
Miren, si no hay dinero para recursos para apagar los incendios; si no lo hay para proporcionar medios para los cuerpos y fuerzas de seguridad; si no lo hay para mejorar la sanidad o la educación; si no lo hay para evitar que tengamos en España un 34,8 % de niños en riesgo de pobreza o exclusión social; si no lo hay para evitar el 25,7% de pobreza en general; si no lo hay para reducir el 23,77% de paro juvenil; si no lo hay para evitar que 32704 personas mueran sin asistencia por la ley de dependencia; si hay más de 853000 personas esperando una operación; si dos millones de españoles no pueden pagar los medicamentos que necesitan; si tres de cada cuatro familias tienen dificultades para llegar a fin de mes soportando incesantes subidas de luz, agua y la cesta de la compra; si nuestros jóvenes no pueden independizarse porque la vivienda es inaccesible; si no pueden formar una familia porque aunque haya techo no hay sueldo para hacerlo… ¿me quieren decir, los solidarios, progresistas y buenistas cómo lo hacemos con todos los que llegan? ¿me pueden explicar cómo decirle a la generación venidera que por no haber venido dando una patada en la puerta no tienen derecho a nada si no se lo trabajan?
No busquen culpables y no eviten buscarlos. El primero y mayor culpable es Pedro Sánchez, el César, que con su regulación masiva ha provocado un efecto llamada de consecuencias inasumibles e inimaginables; culpables su horda de mamporreros por seguir viviendo del cuento; culpable la oposición cobarde que le falta tiempo para votar a favor junto con el PSOE las políticas migratorias; culpable la Europa del absurdo por su imposición; culpables los hipócritas que desde su posición de poder y comodidad llaman insolidarios y racistas a aquellos que no los acogen y culpables somos todos por no ponerles de una vez por todas las peras al cuarto a esta mafia criminal que nos gobierna y a sus socios, sean a tiempo completo o parcial, que puesto que son cómplices también son mafia criminal.
Y no eviten pronunciar la palabra que define lo que está ocurriendo: invasión. Invasión programada por Marruecos con el beneplácito del César a costa de nuestro sudor, nuestras lágrimas y, probablemente, nuestra sangre.
Lo siento por aquellos a los que han engañado prometiéndoles lo que no existe para aprovecharse de ellos y han jugado con sus vidas; lo siento por quienes van a ser la primera línea de batalla; lo siento por lo que probablemente llegaremos a lamentar; y lo siento por la tozudez del ser humano que con tal de que no lo llamen racista se convence de que en una jarra de un litro caben diez.
Desde mi punto de vista dos soluciones, muy rápidas. O Decreto Ley (que es para lo que está, para situaciones de emergencia) para devolver a todas estas personas a su país garantizando sus derechos y que su Rey los abrace como un padre a sus hijos; o que todos y cada uno de los que nos exigen que debemos acogerlos y ayudarlos los acojan ellos en número suficiente para que los migrantes vivan dignamente en sus casas, respetando sus usos y costumbres, como no puede ser de otra manera.
Y luego no quieren que la gente pida prioridad nacional.
Por cierto, en un hipotético enfrentamiento con Marruecos, ¿a quiénes defenderán estas personas? ¿A España, el país que les da cobijo, paguitas y futuro o a Marruecos, el país que los vio nacer?
No hay más preguntas señoría
Fin de una era. Fin de un país.
…¿Ven?, siempre hay algo que decir






1 Comment
Jamás estaría mejor decir: ¡Y viva España! Francisco Franco en su tiempo así «lo ejecutó». Los pusilánimes demócratas hoy quieren ignorarlo.