“Primero fue una entrada irregular. Después, una llegada imprevista de migrantes. Más tarde, una entrada masiva. Y ahora parece que ‘masivo’ ya no es suficiente”
Masivo: Del latín vulgar *massaticus: Deriva del francés antiguo masseiz, basado en un término latino formado por massa (amontonamiento o volumen, “que se hace o se aplica en gran cantidad” y “que afecta a un gran número de personas o cosas”) y el sufijo -ticus (relativo a). El español tomó el término del francés, massif.
Dos primeras acepciones del diccionario de la RAE:
- adj. Que se aplica en gran cantidad. Sin.: numeroso, multitudinario.
- adj. Perteneciente o relativo a las masas humanas, o hecho por ellas. Emigración masiva. Ataque masivo. Manifestación masiva. Sin.: multitudinario, colectivo, popular.
No hace falta ser filólogo. Masivo significa que algo sucede en una cantidad muy grande, que supera lo habitual y adquiere una dimensión extraordinaria. Deja tan claro su dimensión que carece de superlativo.
El Gobierno parece ahora reconocer que la entrada en Ceuta fue masiva, aunque, insiste, en que desconocía el guarismo exacto de esa masa (81.372, por ejemplo). Cabe preguntarse: Si ese adjetivo ya no refleja su verdadera magnitud, ¿qué palabra es la correcta para describir lo ocurrido?
Hay palabras que describen la realidad de los hechos y otras que parecen diseñadas para suavizarlos y amoldarlos al relato. Con esta gente al mando, el lenguaje se convierte en un escudo frente a las responsabilidades.
Primero fue una entrada irregular. Después, una llegada imprevista de migrantes. Más tarde, una entrada masiva. Y ahora parece que ‘masivo’ ya no es suficiente.
“Masivo” no significa “lo que el Gobierno considere masivo”. La lengua no funciona así y “masivo” significa y significará que afecta a una gran cantidad de personas.
Hasta ahora se entendía que, si decenas de miles de personas cruzaban una frontera en menos de dos días, estábamos ante un fenómeno masivo. Y si ese fenómeno ocurre en Ceuta, frontera exterior de España y de la Unión Europea, su dimensión no es solamente numérica: es también territorial, institucional y política.
Señor Sánchez, señor Marlaska, ¿qué más necesitan?
Si “masivo” les parece insuficiente, quizá deban aclarar qué entienden ustedes por una entrada masiva. ¿Es masiva la llegada de cien personas? ¿De mil? ¿De diez mil? ¿De setenta mil? ¿O solo lo sería cuando la magnitud de la crisis hiciera imposible seguir defendiendo que se trató de una situación gestionada con normalidad?
Por otra parte, si seguimos dispuestos a ser el país solidario y acogedor por excelencia, ¿no ponemos límites? Y si los ponemos, en qué cifras: ¿ochenta mil, ochocientos mil, ocho millones? ¿O somos tan solidarios y buenos, buenísimos, que estamos dispuestos a acoger a los más de ochocientos millones de personas que están en la extrema pobreza a nivel planetario, según el Banco Mundial?
No se trata de discutir sobre adjetivos. Se trata de explicar los hechos. Si hubo avisos, hay que saber quién los recibió y eso ya lo conocemos: todos los que los tenían que recibir. Si existieron informes, hay que saber qué decían y, sin conocer los no desclasificados, sí hemos sabido que los servicios de inteligencia hicieron extraordinariamente bien su trabajo. Si hubo una previsión de entrada masiva, hay que averiguar qué medidas se adoptaron y, a la vista de los acontecimientos, está claro que ninguna.
Y si todo eso ocurrió, alguien tendrá que explicar por qué. Bueno, eso ya es más complicado conociendo al equipo al mando, porque, claro que un gobierno no tiene el deber de adivinar el futuro, pero sí tiene la obligación de responder por sus decisiones y de explicar a los ciudadanos cómo actuó -o dejó de actuar- ante una situación extraordinaria.
Porque “masivo” no es un insulto. No es una acusación. No es una etiqueta partidista. Es una descripción.
El gobierno sanchista ha desarrollado una peligrosa habilidad: cuando la realidad incomoda, se intenta modificar el vocabulario: no se habla de crisis, sino de situación compleja; no se habla de fracaso, sino de dificultades; no se habla de responsabilidad, sino de contexto.
Y cuando la entrada es MA-SI-VA, parece que la palabra se quedara corta y hubiera de buscarse una que defina el caos de una manera superior, como si el adjetivo pudiera limitarse para evitar que la realidad resulte demasiado incómoda.
Señor presidente del Gobierno, señor ministro del Interior, porque todavía hay gente que no conseguís pastorear: Masivo significa que algo afecta a una gran cantidad de personas. No significa pequeño, anecdótico ni administrativamente manejable. Significa, precisamente, que la cantidad es tan importante que no puede tratarse como un episodio ordinario. Y eso lo saben todos los miembros (y miembras) del consejo de ministros; bueno, sin exagerar: no todos/as, cierto es.
Los ciudadanos no necesitan adjetivos superlativos (masivísimo de momento no está reconocido). Necesitan respuestas proporcionadas a los problemas y que éstas no pasen por 35 días de vacaciones pagadas al presidente del gobierno o, como hizo ayer mismo el ínclito personaje, descargando la responsabilidad sobre el señor Vivas de los 3.000 menores, que ahora reconocen que deambulan por la ciudad autónoma; tampoco por un mando único que se limita a culpar a la misma persona, tirando de argumentario; o por un ministro dedicado a tuitear sus realidades paralelas al ganado dispuesto a engullirlas, caso del primer alcalde de Atapuerca.





