Cuando se dispone de capacidad, medios, tiempo y oportunidad para solucionar una difícil situación, no es negativo que se manifiesten unos síntomas, incluso alarmantes, que la hagan perceptible. Pues a la vez que se nos muestra la gravedad de algo que no llegábamos a valorar en su total potencialidad, también se nos brinda la oportunidad de afrontarlo; ya que de otro modo no llegaríamos a ser conscientes del peligro que inadvertidamente se iba gestando.
Lo malo es que a estas situaciones de alerta, que en pura lógica desembocarían en un importante toque de prevención, los humanos apenas le prestamos atención, o ésta nos dura muy poco. A lo que se añade que nadie aprende en cabeza ajena, principio que se cumple también, para desgracia de la humanidad, respecto a pueblos y naciones.
Por eso, no es seguro que la reciente invasión «migrante» de Ceuta (denomínesela como se pueda, quiera o nos dejen), resulte finalmente de utilidad preventiva a otros países para aprender y valorar la dimensión de la amenaza que Occidente tiene a las puertas y cuya ola sólo es cuestión de tiempo que vaya llegando a todas nuestras costas.
Un amenazado Occidente que dormita ante la pantalla, mientras suenan tranquilizadores cantos de sirena que susurran relatos de una pacífica y constructiva convivencia en multiculturalidad, pluralidad, inclusividad, globalismo, tolerancia y respeto a todas las «culturas»…






2 Comments
«Nada hay oculto que no se haya de ver». La pública revelación de los sucesos en Ceuta y probablemente Melilla son consecuencia de la decadencia geopolítica contemporánea de España. Desde hace años sus estadistas son los responsables. Aristóteles señaló: «El conocimiento de un mal incipiente no es tarea de cualquier hombre, sino del político». Sensato el «despertador preventivo» que hace sonar Miguel Ángel Loma. ¡La emergencia de Ceuta no es, precisamente, un mal incipiente! Felicito y saludo al amigo Miguel Ángel.
Muchas gracias, Claudio. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Saludos.