Estimados Sres Obispos:
El pasado 18 escribí una carta al presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Juan José Omella, acerca de la declaración de la Conferencia Episcopal Tarraconense sobre la concesión de indultos a los políticos catalanes condenados por el Tribunal Supremo por los delitos de sedición y malversación cometidos en 2017. Hasta ahora no he obtenido contestación.
La Comisión Permanente integrada por Vds se ha reunido en los últimos días para tratar el tema, pero no ha llegado a ninguna conclusión por falta de acuerdo, por lo que –a diferencia de sus colegas de Cataluña- ha decidido no pronunciarse, dejando a los fieles en la incertidumbre sobre el valor moral de la concesión de indultos a unos condenados que no se han arrepentido de la comisión de sus delitos y han prometido solemnemente que los volverán a cometer.
La rueda de prensa dada por el Secretario General de la Conferencia y portavoz de la misma, monseñor Luis Argüello, fue bastante decepcionante. Aunque hizo afirmaciones harto evidentes, como que había que cumplir la ley, respetar la justicia y el ordenamiento jurídico vigente, y no elevar el sentimiento a categoría jurídica, no sacó las conclusiones correspondientes. Señaló que la Constitución no era un dogma ni las tablas de la ley, sino que marcaba un campo de juego, incluso para su propia modificación. La Constitución no es, en efecto, un dogma, pero es algo más que un campo de juego; es la norma suprema de la Nación que deberá ser respetada por todos los ciudadanos mientras esté en vigor. Dijo que –al igual que los Obispos catalanes- estaban por el diálogo, pero los miembros de la Conferencia Tarraconense han dicho muchas cosas más, algunas de las cuales podrían infringir la legalidad vigente.
En 2006, la Conferencia Episcopal afirmó, en unas “Orientaciones morales ante la situación de España”, que la unidad de la Nación era “un bien moral” y que no resultaba aceptable que “una parte de los ciudadanos de una parte de un Estado legítimamente constituido quiera romper unilateralmente la unidad de la comunidad política”. ¿Han dejado de ser válidas estas consideraciones?
Los Obispos catalanes han respaldado la actuación de unos políticos que han violado reiteradamente la ley y han sido condenados por ello, y avalado la concesión de unos indultos que no están justificados por razones de justicia o equidad. Frente a la claridad con la que éstos han expuesto su posición, resalta el mutismo de los Obispos del resto de España. Los fieles esperan la orientación de sus pastores y no la han obtenido. Menos mal que declaraciones como las del Arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz o del de Toledo, monseñor Francisco Cerro, han salvado el honor de nuestro episcopado.
Reciban, Sres Obispos, los atentos saludos de su hermano en Jesucristo
José Antonio de Yturriaga Barberán
Embajador de España






1 Comment
Es lástima que Obispos llenos buena voluntad, pero sin el respaldo de criterios jurídicos suficientemente claros, se vean en la texitura de hablar sobre lo que sólo alcanzan a conocer ‘de oídas’ y desfigurado. Se me ocurre –y disculpen: no vaya uno a caer en lo mismo que denota– que la sana virtud de la humildad nos puede hacer quedar mejor, y ser más eficazmente provechosa socialmente por su valor de ejemplo y testimonio, si con sencillez obviamos hacer comentarios en asuntos que, por alfas o por nefas, han llegado a ser, cuando menos, comprometidos. Clarividente, en cambio, el Embajador: a cuyos dictámenes jurídicos es claro que me adhiero. Y como biólogo, apunto –por si sirviese– lo que todavía no he oído sobre este tema: que TODA la evolución vital de la biosfera cursa SIEMPRE en el sentido de la INTEGRACIÓN en unidades operativas MAYORES y que exigen mayor COOPERACIÖN coherente en la búsqueda de mayor RENDIMIENTO en el aprovechamiento sostenible de recursos más y más DIVERSIFICADOS. Por ende, los ‘separatismos’ son meros priimitivismos tribales: es decir –y si se me permite el diagnóstico clínico–, una solemne SANDEZ.