Resulta ilustrativo que tanto los detractores como los defensores de Zapatero, todos ellos sin excepción, coincidan en obviar el rasgo esencial de la identidad política y el legado del ex presidente. Nadie se atreve hoy a mencionar aquella primera ley de su primer mandato, la tristemente famosa Ley Orgánica 1/2004 de violencia “de género”, que define lo que Zapatero es, y todo lo que nos traería después. Esta ley es un elefante en la habitación. Quizás por tapar el oprobio de que se aprobara por unanimidad en el Congreso. O para esconder que una ley abiertamente inconstitucional sigue vigente, ratificada por un Tribunal Constitucional pactado por el bipartidismo. Una ley de ingeniería social que preformó el mayor cisma de la sociedad española tras la guerra civil. Que le dio una amplia ventaja a ZP en las siguientes elecciones gracias al voto femenino, iniciándose una segregación electoral por sexo que alcanza a la actualidad. Una ley que, en definitiva, iniciaba el primer ensayo totalitario en occidente tras el nazismo. Cuando un partido se autoproclama fuente única de la moral, imponiéndola a golpe de ley orgánica, que es la forma postmoderna y “democrática” de dominación totalitaria. La izquierda cambiada abiertamente la lucha de clases por el filón de la guerra de sexos. Divide y vencerás. Con la inestimable ayuda del PP, que bendijo la dictadura moral que iba imprimiéndose, inexorablemente, en el Boletín Oficial del Estado. Bambi no era Bambi. Su modus operandi era dividir por ley a los españoles con precisión quirúrgica, en grupos enfrentados: primero por sexo; después por territorios, por falsa memoria histórica, etc.etc. Esta subversión del estado de Derecho es la peor de las corrupciones, porque ataca directamente los fundamentos de la convivencia, tan onerosamente decantados durante tanto tiempo.
La LO 1/2004 representa la corrupción más lesiva para la sociedad y para el individuo; esa que enfrenta, separa, doblega, y saquea. Nadie hasta ahora ha medido en términos de sufrimiento humano los efectos de la ingeniería social del zapaterismo. El ilustre Antonio Escohotado, en una de sus entrevistas, fue clarividente. Zapatero debía estar en la cárcel por múltiples razones, dijo. Pero no citaba la corrupción económica, hablaba de algo peor. Hablaba de abuso de poder, de imposición por ley de la censura, el sesgo y la falsedad. Hablaba de destrucción de las relaciones de padres e hijos, de la destrucción de las relaciones de pareja, de la promoción del separatismo. Hablaba, en resumidas cuentas, de la autolisis inducida en la sociedad española. El resto era fácil. Pedro Sánchez es un mero continuador de la labor de demolición moral realizada por ZP. Heredero del poder totalitario, ese poder arbitrario que ya definió Nietzsche en los prolegómenos del nazismo. Ya lo dijo Escohotado: Zapatero es un talento del mal.
Urge ahora el rearme moral de la sociedad. Es perentorio desmontar, pieza por pieza, el legado nefasto de Zapatero. Hoy, mucho más importante que perseguir el delito, es reparar el profundo daño causado a la sociedad española. Solo procede reconocer el mal, y combatirlo; el mal incrustado en las instituciones, en las leyes, en los colegios, en las alcobas, en los juzgados, en los cerebros… La única regeneración posible pasa por confrontar ese mal. Y quién no lo haga, es parte de ese mal. Y serán malignos quienes dejen intacto su maligno legado. No basta con abstenerse. Porque el mal no descansa.
El juez que procesa a ZP por Plus Ultra tiene un hermano indultado por la gracia de ZP; también archivó dos veces las investigaciones del caso Pegasus, sobre el espionaje de Marruecos al móvil de Sánchez. Ningún partido de la oposición se ha personado en la causa contra ZP ni solicitado la recusación de este juez. Tan solo un puñado de valientes anónimos nos separa del abismo. El resto tenemos la obligación moral de exigir, a los instalados, que restauren el estado de Derecho de inmediato. Que se pringuen en esta última batalla. No hacerlo los define. Que se retraten. No nos sirve un cambio de máscaras en este baile macabro. Porque no podemos perder también esta batalla. Porque no podemos perder esta guerra.






1 Comment
La foto es de Pulitzer para Gabilondo.
Nada menos que entrevistar al enviado de Satanás.