“Quien ayer entregaba las llaves de la investigación con una sonrisa, hoy parece preguntar desde la puerta cuánto piensa quedarse el invitado y si realmente necesita abrir todos los armarios”
Durante su comparecencia ante el juez instructor José Luis Calama en la Audiencia Nacional, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero afirmó en su natural modo engolado: “Yo quiero dar un paso más, señoría. Autorizo a que se investigue fuera de España, en todo el mundo si tengo alguna sociedad, algún bien, a todo…”, manifestando así su total disponibilidad para que se examine su patrimonio internacional. Con el pecho aún henchido, como quien entrega las llaves de la cámara acorazada del Banco de España, añadió: “Si encuentran algo, adelante”.
Los cronistas de la época (17 de junio de este año) recordaban que el mensaje transmitía una confianza casi temeraria en la independencia judicial. Investigar era sinónimo de transparencia. Cuanto más lejos llegara el juez, mejor. El lema parecía ser: “No dejen un cajón sin abrir”.
Años después, perdón, transcurrido mes y medio, el inefable Zapatero ha recurrido la autorización del juez instructor para que la Policía Nacional pueda investigar, entre otras, sus cuentas bancarias, las de sus hijas, Alba y Laura, y las de su secretaria, ya internacionalmente conocida como la Gertru.
En el escrito remitido al juez el 3 de agosto, su abogado pide dejar sin efecto el permiso del propio magistrado a la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional para “ampliar la información que se considere pertinente” sobre los referidos productos bancarios. Porque, entre otras cosas, “una habilitación genérica podría avalar una investigación prospectiva”.
El mismo verbo -investigar- parece haber sufrido una reforma lingüística. Antes parecía significar “llegar hasta el final”. Ahora, para nuestro -en todas sus acepciones- caro presidente, viene acompañado de un asterisco: “hasta donde resulte oportuno… y siempre que no me incomode demasiado”.
La escena tiene algo de entrañable. Quien ayer entregaba las llaves de la investigación con una sonrisa, hoy parece preguntar desde la puerta cuánto piensa quedarse el invitado y si realmente necesita abrir todos los armarios.
Para los que están dispuestos a seguir engullendo ruedas de molino, no se trata de una contradicción, sino de una sofisticada evolución del pensamiento político mediante la cual la independencia judicial es un principio absoluto… especialmente cuando sus resoluciones coinciden con las propias expectativas.
La hemeroteca, mientras tanto, permanece en silencio. No vota, no habla y no concede entrevistas. Solo recuerda. Y eso, para algunos, debiera resultar mucho más incómodo que cualquier investigación, lo que no es el caso de esta ganadería.





