“Lo suyo es ubicuidad administrativa en concomitancia con insolente desfachatez, más conocido como cara de pedernal”
—Buenos días, doña Yolanda. Siéntese… si puede.
—¿Cómo que si puedo? ¡Eso es una obscenidad!
—No, no, no. En ese caso, tiéndase mejor.
—Yo me voy. Esto es un acoso de libro.
—No, no, no. Serénese. Soy un profesional. Es que me ha dicho don Pedro que últimamente está usted en todas partes.
—Naturalmente. Soy vicepresidenta, ministra, líder de Sumar, portavoz de la coalición y conciencia crítica del Gobierno.
—¿Todo a la vez?
—Por supuesto y, si hace falta, en dos o tres sitios alamismavé, como decía don Manuel, que en paz descanse.
—Ah. Entonces su jefe no exageraba cuando me habló de su don de la ubicuidad.
—¿Mi qué?
—Su capacidad para estar simultáneamente dentro del Gobierno, fuera del Gobierno, contra el Gobierno y reclamándole cosas al Gobierno.
—No, no me refiero a eso. Ha dicho “su jefe” y, yo, el único jefe que tengo es el pobo galego. Y no es ubicuidad. Es capacidad de coordinación política. Soy mujer y puedo hacer más de dos cosas a la vez.
—Claro… coordinación política… ¡ya! Ese fenómeno por el que una persona puede ocupar un ministerio y, cinco minutos después, manifestarse contra el ministerio que ocupa.
—Yo no me manifiesto contra mí misma.
—Eso es lo que diría alguien que acaba de convocar una protesta, entre otras cosas menos entendibles, contra la precariedad laboral.
—Mire, yo estoy perfectamente. El problema lo tiene el Gobierno.
—¿Qué Gobierno?
—El Gobierno.
—¿El Gobierno del que usted forma parte?
—Sí.
—¿Como vicepresidenta?
—Sí, aunque ya menos.
—¿Y ministra de Trabajo?
—También. Y de Economía Social, no lo olvide.
—¿Y líder de una formación que reclama medidas al Gobierno?
—Exactamente.
—Fascinante. Está usted dentro del Gobierno con una parte de su personalidad y fuera con la otra.
—Eso se llama pluralidad y no renunciar a ningún papel.
—En psiquiatría política lo llamamos “ajomari” y en psiquiatría clínica bilocación.
—Pedro me ha recomendado venir porque él tampoco entiende la dinámica de la izquierda.
—¿Qué le ha dicho exactamente?
—Que si hay que ir contra el Gobierno, vamos contra el Gobierno.
—¿Y usted aceptó?
—Por supuesto.
—¿Y contra qué Gobierno?
—Contra el de Pedro.
—¿Y usted dónde está?
—En el Gobierno.
—¿Y Sumar?
—En el Gobierno.
—¿Y su despacho?
—En el Gobierno.
—¿Y su sueldo?
—También.
—Entonces, tranquila, lo suyo no es bilocación. Simplemente, tiene usted un don extraordinario: puede estar en el Gobierno y protestar contra él sin moverse del sitio, todo ello por la pasta.
—Eso es un insulto. Es eficiencia institucional.
—Lo suyo es ubicuidad administrativa en concomitancia con insolente desfachatez, más conocido como cara de pedernal. Usted no necesita desplazarse: le basta con cambiar de comunicado a su conveniencia.
—No me gusta el tonito, ni esa calificación.
—No es una calificación. Alégrese. Es un diagnóstico y no necesita medicación, solo vergüenza.
—Mucho mejor entonces.
—Vamos a otro asunto. Después del desahucio de Maricarmen, desde Sumar se reclamaron públicamente soluciones al PSOE y al Gobierno.
—Porque había que actuar.
—Naturalmente. ¿Y quién gobierna?
—El Gobierno.
—¿Y quién forma parte del Gobierno?
—El PSOE.
—¿Y quién más?
—Bueno, Sumar también.
—¿Y quién reclamaba medidas?
—Sumar.
—¿Y quién podía aprobarlas?
—El Gobierno.
—¿Y quién estaba dentro del Gobierno?
—Sumar.
—Yolanda, acaba de completar usted un círculo perfecto.
—¿Qué círculo?
—El de pedirle al Gobierno que haga algo mientras usted, desde el Gobierno, espera que el Gobierno se lo pida a usted.
—Eso es una interpretación maliciosa.
—No, es una reunión del Consejo de Ministros vista desde fuera.
—En el Consejo de Ministros nos sentamos alrededor de una mesa.
—¿Y quién está enfrente?
—El PSOE.
—¿Y quién está a su lado?
—Sumar.
—¿Y quién está en medio?
—Pedro.
—¿Y usted dónde está?
—En todas partes.
—No me joda. Acabo de descartar la ubicuidad como mal grave.
—También estoy en la mesa, en la rueda de prensa, en el comunicado y en la crítica posterior.
—¿Y en la solución?
—¿Solución para qué?
—Por ejemplo, para acabar con las maricarmenes en España.
—Las ministras de Sumar hemos reclamado medidas porque la situación de Maricarmen era inaceptable.
—Eso es perfectamente comprensible.
—Entonces, ¿por qué me mira así?
—Porque me pregunto si ellas también poseen el don de la ubicuidad aunque don Pedro no me las haya enviado.
—¿Por qué?
—Porque, igual que usted, aparecen simultáneamente como ministras del Gobierno y como reclamantes ante el Gobierno.
—Lógico. Quieren soluciones.
—Podrían haberlas solicitado en el Consejo de Ministros.
—Lo hicieron.
—¿Y qué pasó?
—Que el Gobierno no nos echa cuenta.
—¡Otra vez! ¿Y quién era el Gobierno en esa sala?
—Nosotras.
—¿Y quién esperaba la respuesta?
—También nosotras.
—Esto ya no es terapia individual. Es una serie de ciencia ficción.
—¿Podría ser más respetuoso?
—Lo intento, pero cada vez que usted habla aparece en otra institución.
—¿Qué deberíamos hacer, entonces?
—Una terapia sencilla: en la próxima reunión, antes de exigir al Gobierno que actúe, compruebe si usted está en la sala.
—¿Y si estoy?
—Pregúntese quién es.
—¿Y si soy yo?
—Si está a gusto, relájese y no anuncie que convocará una manifestación contra el Gobierno de usted.
—¿Y si no me gustan los acuerdos que se adopten?
—Entonces pueden dimitir y salir a la calle a protestar contra el Gobierno.
—¡Eso y nos vamos todos al INEM que tan bien dirijo! Eso sería absurdo. Para eso, mejor acepto el puesto de máxima responsable de la OIT, por el que me embolsaré TRESCIENTOS MIL EUROS ANUALES, aparte falcons, chóferes oficiales, residencia de gañote, etc.
—Por fin coincidimos.
—Doctor, creo que Pedro tenía razón al mandarme aquí.
—¿Ve? Primer síntoma de recuperación.
—¿Cuál?
—Ha empezado a hablar de don Pedro en tercera persona.
—¿Y eso qué significa?
—Que todavía no ha asumido que cuando Pedro dice “el Gobierno”, también está hablando de usted.
—Doctor…
—¿Sí?
—¿Cuánto cuesta la sesión?
—Para usted, nada.
—¿Por qué?
—Porque la paga el Gobierno.
—¡Perfecto!
—Aunque, técnicamente, la paga usted, mejor dicho, el resto de españoles.
—¿Yo?
—Sí, el contribuyente, usted, el Gobierno, la vicepresidenta, la ministra, Sumar y hasta la oposición interna.
—¿Todo eso soy yo?
—No exactamente.
—¿Entonces?
—Tranquila, no posee un don de la ubicuidad. Está usted en todas partes… menos en la ventanilla de pagos.
—Nos vemos el martes.
—¿Otra vez?
—Sí. Es el Consejo de Ministros.
—¿Y vendrá sola?
—No.
—¿Con las ministras?
—No, con todo el Gobierno.
—Perfecto. Prepararé la sala grande.
—¿Para una terapia de grupo?
—No. Para una reunión de carad…, digo del Gobierno.
—¿Y quién la preside?
—¡Qué más da! El que la tenga más dura. Cualquiera de los veintitrés.
Este texto es una obra de ficción en clave de humor y sátira política





