Ser y estar. Dos verbos que aluden a un estado permanente (ser) o transitorio (estar), pero que, curiosamente, en otras lenguas europeas son recogidos en una misma palabra. Así el caso de être en francés, to be en inglés, essere en italiano o sein en alemán. El portugués adopta nuestros mismos vocablos.
¿Cómo se dirá en estos idiomas “ni son todos los que están, ni están todos los que son”? Es algo que me he preguntado en ocasiones sin recurrir al diccionario traductor, que a buen seguro me aportaría la respuesta correcta.
“Yo Soy el que Soy” es la frase que Dios daría como respuesta cuando Moisés le interroga por su nombre en el episodio de la zarza ardiente (para los más jóvenes o desconocedores de la Historia Sagrada, es una escena de “Los Diez Mandamientos” o de “El príncipe de Egipto”). El relato se encuentra en el Éxodo, segundo libro de la Biblia que narra la liberación del pueblo hebreo esclavizado por los egipcios.
Es uno de los Siete nombres de Dios que tuvieron un cuidado especial por la tradición judía medieval. La frase también se encuentra en otra literatura religiosa del mundo, que se utiliza para describir el Ser Supremo.
Viene al caso la alusión a esta diferencia entre ser y estar en un período como la Semana Santa, llena de tradiciones, en el que a veces parece que el tiempo se detiene y vuelven los que nos parecen eternos rituales, para acercarnos a esa paz que nos aporta lo inmutable. En Oriente Medio suelen decir que el tiempo no pasa, pasamos nosotros.
Vivimos una época donde todo es efímero, pasajero, donde los cambios se producen con tal celeridad que no llegamos a asimilar una innovación cuando ya hay otra que deja a la anterior como anticuada; donde una noticia que ocupa los titulares de un día queda como algo que ocurrió hace mucho tiempo a la semana siguiente; donde los conocimientos se vuelven caducos a los pocos años de ser adquiridos.
De ahí que la Semana Santa tenga para muchos ese valor intangible, no cuantificable en términos monetarios, que la convierte en algo a lo que no estamos dispuestos a renunciar a pesar de los compromisos que nos aturden a diario, de los achaques de la edad y de los cantos de sirena que nos seducen con estancias en lugares de vacaciones. Es como un asidero a algo que permanece en el tiempo a pesar de los incesantes vientos de cambio que nos asolan.
Sin decirlo, me estoy refiriendo a la Semana Santa que se vive por estas latitudes, y más concretamente en Sevilla capital, la única semana del año que comienza en domingo (como los almanaques que se ven por otros países), toda ella llena de recuerdos, de ritos tanto en casa como en la calle y no digamos en los templos, de una luz primaveral que continúa de noche con la luna de Parasceve (primera luna llena de la primavera) que nos remonta a la celebración de la Pascua judía con origen en el paso del mar Rojo por el pueblo hebreo.
El Domingo de Ramos con sus procesiones de palmas por las distintas collaciones, las visitas a los altares el jueves santo (ellas de mantilla y ellos a las sevillanas maneras), los oficios del triduo y la celebración de la Vigilia Pascual el sábado santo por la noche, la Eucaristía más importante del año, todo ello acompañado de procesiones a diario y este año con la celebración de un gran Santo Entierro.
La expresión “Yo soy” es tan importante, que los judíos la identifican con el nombre de Dios, el único que permanece en el tiempo. La iconografía hispalense no ha dejado pasar por alto esta afirmación y la podemos ver reflejada tanto a los pies de la imagen de Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder ante Caifás (San Gonzalo) como en el misterio del Cristo del Soberano Poder en su Prendimiento (Panaderos), que representa el momento en el que los judíos van a cogerlo preso en el huerto de los olivos y Él responde “Yo soy”, ante lo cual retrocedieron y cayeron en tierra (Juan 18,6).
“Yo Soy”, el Eterno, el Inmutable, el Infinito y Glorioso en todos los sentidos, y más allá de todas las cosas creadas, ante quien rendimos culto de latría por su Pasión, Muerte y Resurrección. ¡Feliz Pascua!
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Totalmente de acuerdo contigo Alberto. Cómo hermano de San Gonzalo desde hace más de 25 años y que año tras año vuelve a ponerse delante de la Virgen de la Salud, reconozco que ponerse delante del Soberano y mientras te mira leer «Yo soy» no te deja indiferente. Feliz Pascua de resurrección a ti también.
Un saludo,
Pedro.