Hoy me gustaría hablarles de cómo el término woke (despierto en inglés), movimiento puesto de moda desde hace una década, y que tiene su origen en los Estados Unidos en la década de 1930 con la frase «stay woke» («mantente despierto») ha pasado de ser una corriente de moda de izquierda y progresista, a ser denostado por considerarse más propio de la derecha.
Inicialmente se usaba para referirse a quienes se enfrentan o se mantienen alerta frente al racismo, y posteriormente llegó a abarcar otras cuestiones de desigualdad social, por ejemplo, en relación con el género y la orientación sexual. Desde finales de la década de 2010, también se ha utilizado como un término general para los movimientos políticos progresistas o de izquierda, y perspectivas que alegan enfatizar la política identitaria de las personas LGBT, de la comunidad negra y de las mujeres.
Para sus adeptos se trata de una verdadera religión, la primera religión surgida en una universidad (antaño lugar de crítica racional y libre intercambio de argumentos). Sus seguidores son fanáticos entusiastas con una nueva visión del mundo totalmente alejada del sentido común. En su mundo de ilusiones siempre se es víctima o culpable, y la ciencia debe dejar paso a la experiencia vivida.
En su aparente caos de afirmaciones podemos distinguir cuatro tesis: 1. La teoría de género: lo que cuenta no es el cuerpo o el sexo, sino la conciencia que tenemos de ser hombres, mujeres o lo que sea; es posible nacer con un “cuerpo equivocado” y remodelarlo a voluntad, de ahí que cuenten con el aplauso de los partidarios del transhumanismo. 2. La teoría crítica de la raza: los blancos somos culpables por definición, y los “racializados”, víctimas eternas. 3. La teoría de la intersección: la discriminación basada en el género y la raza se refuerzan mutuamente, y si además se es, pongamos por caso, musulmán, trans, o discapacitado, la discriminación se multiplica hasta el infinito, por lo que sólo ven víctimas por todo el mundo. 4. El rechazo del conocimiento objetivo: la ciencia se hace siempre desde el punto de vista del hombre blanco, así que se desestiman sus postulados; la ciencia deja de ser búsqueda de la verdad para dar paso a los “puntos de vista”.
Ante este repudio de la razón en nombre de la “experiencia vivida”, esa forma de pisotear los valores de la universalidad y de faltarle el respeto a la libertad académica, me pregunto ¿dónde están los herederos de la Ilustración?
Pues bien, tras boicotear presentaciones de libros que les hacían sentirse incómodos a sus partidarios, como el de “Nadie nace con un cuerpo equivocado” de José Errasti y Marino Pérez; amenazar a profesores y autores que no comulgan con su credo; impedir la entrada a un campus universitario a políticos que no son de su cuerda, y reventar actuaciones de primeras figuras de la lírica por ser sospechosos, ahora resulta que ya no mola simpatizar con lo woke.
Me explico: una filósofa y ensayista tan poco sospechosa como la norteamericana Susan Neiman acaba de publicar un libro con el título “La izquierda no es woke”, donde nos habla de sus equívocos presupuestos teóricos y la contradicción de sus principios fundamentales, y viene a decirnos que si bien el fenómeno nace con unas nociones muy de izquierdas (ya saben, estar del lado de la gente oprimida, luchar por los marginados, corregir las injusticias históricas…), lo que no funciona son ideas reaccionarias propias de la derecha.
Por su parte, Urtasun, nuestro flamante ministro de Cultura, no ve ni rastro de “despertares” en España. Es cosa de gringos, y, aquí, fabulaciones de fascistas y ultraderechistas ( ), y así, una minoría ha decidido que, esas minorías a las que tanto caso se les ha prestado, deben ser ahora ignoradas porque le hacen daño a la izquierda, bien por ser de derechas o porque están siendo instrumentalizadas por la derecha.
Lo dicho, como el canario en la mina, que calla cuando barrunta que va a haber un derrumbamiento, o las ratas del barco que comienzan a querer irse cuando sienten que se está hundiendo, se presiente esa frase de “no fuimos nosotros, erais vosotros”, que a muchos nos suena, y será entonces cuando tendremos que jurar que les vimos abatir estatuas, destrozar vidas de adolescentes, asaltar museos, reventar presentaciones de libros y condenar sin juicio a quienes luego la justicia declaró inocentes, y no quedará otra que tirar de hemeroteca, si no ha sido modificada a su gusto por la Inteligencia Artificial.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Bravo. Magnífica disertación.
Totalmente de acuerdo, y en tirar de hemeroteca , ya que nos toca demostrar lo que se empeñan en que olvidemos o quieren tergiversar .
Siempre un placer leer tus artículos tan documentados.