Uno de las más famosas obras de Agatha Christie es “Diez negritos”, que fruto de lo políticamente correcto ha tenido que cambiar su título a “Y no quedó ninguno”. Para aquellos que no hayan leído la obra, la acción se desarrolla en la isla del Negro, con diez personas que no se conocen entre sí y que van muriendo uno a uno del mismo modo que dice la canción de los “diez negritos”, hasta que no quedó ninguno.
Como dato adicional, de manera paradójica, uno de los primeros países que le cambió el título fue Estados Unidos para no ofender a los mismos afroamericanos que sufrían en su territorio la cruel como irracional segregación racial, siendo una España marcada por la dictadura woke de la izquierda una de las últimas en las que podía encontrarse dicha obra con su título originario.
De manera similar a lo que decía la canción recogida en la exitosa novela de Agatha Christie ha sucedido en VOX, donde uno a uno han ido cayendo sus fundadores y primeras espadas, hasta que sólo quedó Abascal en su condición de indiscutible Líder Supremo. Cayó Macarena Olona, Víctor Sánchez del Real, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Mazaly Aguilar y hace escasos días fue el turno de Javier Ortega Smith, que junto al propio Abascal era el único rostro que quedaba del núcleo que contribuyó a fundar VOX en 2014.
Desde las redes sociales y siguiendo las consignas de Bambú, ya se han apresurado a lanzar una respuesta política para salir del paso, diciendo que los únicos fundadores de VOX fueron Abascal y Ortega Lara, esgrimiendo la imagen del banco de la calle Asunción de Sevilla, como si Abascal hubiese estado completamente solo sin contar con la ayuda de ninguno de los citados. Esta respuesta rezuma ingratitud y denota el modo de proceder de los políticos profesionales de la peor calaña: aquellos que conciben a los demás como una escalera con la que ascender y cuando ya han subido, al no necesitarla, le dan una patada a la escalera.
Aquellos que apoyamos a VOX desde sus instantes fundacionales, sabemos que Espinosa de los Monteros fue el secretario general entre 2014-2015, siendo sustituido por Ortega Smith en dicho año, cuando VOX estaba en sus cotas más bajas, con 50.000 votos en toda España. En aquellos tiempos, Ortega Smith tuvo la valentía de poner la bandera española en Gibraltar y salir a nado para evitar ser detenido por las autoridades de la colonia británica.
Si a alguien se le debe el ascenso de VOX como una de las principales fuerzas a nivel nacional es al propio Ortega Smith más que a Abascal, ya que si por algo fue conocido y admirado el partido de derechas es por sus querellas contra el separatismo, las cuales lograron sentar a Artur Mas en el banquillo por malversación de fondos en el referéndum ilegal del 9-N, disolver la Asamblea Nacional Catalana y encarcelar a Junqueras, frente a un PP liderado por Rajoy que, pese a tener el gobierno de España, no movió un dedo contra los sediciosos.
Ortega Smith ha demostrado, a lo largo de todos estos años una mayor valía política que Abascal, siendo uno de los mayores oradores de España, con una independencia política y económica de la que el líder de VOX carece, viviendo toda su vida de la política desde que adquirió la mayoría de edad, y con una enorme capacidad de trabajo, sacrificio y entrega en favor de VOX, pues ha sido simultáneamente diputado en el Congreso y portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, percibiendo un solo sueldo por ambas obligaciones, algo a lo que muchos no accederían.
También es encomiable su negativa a la deriva económica del partido, pues se opuso a que la cúpula percibiese remuneraciones por sus responsabilidades internas cuando ya tenían cargos representativos en las instituciones, algo que Garriga e Ignacio de Hoces impulsaron en aras de comprar lealtades puramente personales.
“Un partido no puede ser un rebaño flanqueado por mastines” es una frase brillante que denuncia la falta, cuando no ausencia, de democracia interna en las principales formaciones políticas, y fue pronunciada precisamente por Abascal en los momentos fundacionales de VOX. Hoy, sin embargo, el partido que lidera funciona de manera puramente autocrática, disponiendo no ya sus militantes sino sus propios representantes de mucha menor libertad de la que Abascal contaba en el PP.
Cuando liderada DENAES, Abascal fue criticado intensamente en la que entonces era su casa política por invitar a dar una conferencia en su think tank a Albert Rivera en 2012, señalado como referente en defensa de España frente al nacionalismo catalán, ya que representaba a un partido que hacía competencia electoral al suyo en dicha región. Hoy, Ortega Smith ha sido progresivamente apartado en el partido por ir a un acto de un amigo y antiguo compañero de partido como Iván Espinosa.
Primero lo apartaron como portavoz adjunto de VOX en el Congreso, luego relegado al “gallinero” de la Cámara Baja y, por último, se le ha pretendido relevar como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, un proceso que hubiese culminado, con toda certeza en su exclusión de toda lista electoral y su retirada forzosa de la vida política.
Le han suspendido cautelarmente de militancia en un procedimiento que conllevaría su expulsión por “desacatar” una orden interna. Actúa aquello que, con sorna, Javier Nart bautizó en su día como la “dictadura del secretariado”.
Los Estatutos de un partido no están ni pueden estarlo por encima del Reglamento de una Cámara local, que dispone que el portavoz de un grupo parlamentario debe ser confirmado por los concejales que lo integran, algo que Ortega Smith en su condición de jurista conoce, por lo que se ha rebelado contra una abusiva como humillante directriz de una Ejecutiva que carece de voluntad propia, actuando como correa de transmisión de Abascal y su reducido núcleo asesor, que son los que hacen y deshacen en VOX sin contar con los demás, que deben resignarse a obedecer milimétricamente sus dictados so pena de expulsión.
Muchos alegarán que el propio Ortega contribuyó a articular esta estructura ferréamente jerárquica, pero hay una diferencia fundamental entre el VOX de 2019, que había suprimido las primarias para elegir a sus dirigentes, y el actual, y es que entonces las decisiones se tomaban de manera colegiada porque la Ejecutiva era un órgano con poder de decisión real, donde había debate interno y tenían cabida una gran pluralidad de opiniones y puntos de vista. Ahora quien decide es Abascal y sus más cercanos asesores, y el resto debe resignarse a ser vasallos de estos nuevos señores feudales. Eso explica que los mejores y más capacitados política y profesionalmente hayan sido apartados, siendo sustituidos por mediocres que carecen incluso de experiencia profesional, algunos de los cuales no han llegado a acabar la carrera.
¿Dónde está el mismo Abascal que animaba en los inicios de VOX a sus militantes y votantes a ser críticos? ¿Ya no le pide a los jóvenes que se sigan formando para servir mejor a España en lugar de profesionalizar la política?
Tuve ocasión de ver el fragmento de un mitin de Abascal en las recientes elecciones en Aragón, y su intervención me pareció tan funesta como decepcionante, ya que comenzaba diciendo: “Ahora los políticos nos dicen…” ¿Acaso él está al margen de la política activa? Es sonrojante que hable en tercera persona aquel que lleva toda su vida viviendo de la política, abrazando el mismo discurso simplista de Podemos, que tachaba como “casta” a los demás partidos. Lo que es peor es que su populismo comparte el adanismo de la formación de extrema-izquierda, tachando como negativo todo lo que se ha construido desde 1978, cuando un conservador coherente trataría de cambiar lo negativo y mantener lo positivo, en lugar de destruirlo todo para partir de cero como haría un revolucionario.
He seguido la trayectoria de Abascal desde 2009, cuando era un desconocido para el gran público y lideraba la Fundación DENAES, que promovía el patriotismo por encima de siglas y de manera admirable alzaba la voz contra la deriva de su partido. El mismo que en un pasado fue amenazado por ETA y tenía que ir a la universidad con escolta, sufriendo su familia más de cien actos de violencia y siendo destruida la tienda de su padre en un atentado. No hay más que ver el vídeo de su toma de posesión como concejal en Llodio (el pueblo natal de Ibarretxe), cuando junto a su padre y otro compañero de ese PP heroico, fueron increpados, acosados y agredidos por decenas de pro-etarras en 2003.
Alguien que no dudó en poner en juego su vida para defender España y la libertad cobrando únicamente 300 euros no entró en política por interés personal sino por principios, hasta el punto que, pese a ser un héroe anónimo, el propio Aznar como presidente lo citaba como ejemplo de coraje y determinación frente a la amenaza terrorista que sufrían muchos españoles en las Vascongadas.
Luego se mantuvo fiel a todo un referente moral como María San Gil frente a la traición de buena parte del PP vasco, de aquellos que como Basagoiti, Oyarzábal, Javier Maroto, Alfonso Alonso y otros muchos no dudaron en dejar de lado la memoria de las víctimas para blanquear al brazo político de sus verdugos en aras de la conquista del poder a cualquier precio. ¿Qué queda de ese Abascal que se comportaba de manera honorable y era digno de seguir? Él mismo decía que “ganar las elecciones no es un fin sino un medio para conseguir que unos principios imperen, pues de lo contrario se hace un ejercicio de travestismo político”. ¿Ha perdido la brújula moral? ¿Ha confundido los fines con los medios? ¿Se ha vuelto maquiavélico y ahora cree que todo está justificado en aras de una desmedida ambición para llegar al gobierno?
Si está llevando las riendas de un partido de un modo tan manifiestamente mejorable que está generando una fuerte contestación interna, ¿cómo pretende llevar ni más ni menos que las de un gobierno? ¿cómo tratará a aquellos que trabajen con él en su condición de potenciales ministros?
Muchos culparan a los críticos, pero algo ha tenido que hacer la Dirección Nacional de VOX para llevarlos a esta situación extrema, con un partido en el que nadie puede plantear alternativas para mejorar las cosas sino resignarse a prestar férrea obediencia, pues el menor signo de disidencia supone ser purgado.
Un líder se caracteriza por unir e integrar y no dividir y expulsar. Si por algo destacaba Aznar era por rodearse de personas que eran más brillantes que él, como fue en su día el caso de Rato (pese a su corrupción posterior) y Mayor Oreja, articulando un proyecto sólido que fue la alternativa al socialismo al ser sus primeras espadas personas cualificadas, además de aunar a todas las sensibilidades ideológicas que estaban a la derecha del PSOE.
En contraposición al éxito que tuvo el PP de Aznar, Abascal ha depurado a los mejores y se ha rodeado de personas que no le hagan sombra, pues ha hecho de la política su modus vivendi, y carece de toda alternativa profesional al margen de ella, del mismo modo que VOX se ha convertido en un partido con una única ideología oficial: el nacionalismo identitario, después de extirpar a aquellos que representaban el liberalismo.
Considero que es mi deber moral alzar la voz cuando el único partido que se atreve a confrontar las tesis de la izquierda corre el riesgo de malograrse, ya que se ha convertido en un proyecto personalista al servicio de Abascal, sin un relevo que lo sustituya una vez que se desgaste, algo tan común como inevitable en todo ciclo político, ya que aquellas figuras que podrían sumir tan alta responsabilidad están fuera de la organización, sin haber nadie con las cualidades necesarias para aunar a sectores tan heterogéneos de la derecha.
Mi compromiso no es con ningún partido ni con ningún político sino con unos ideales, y si he apoyado a VOX desde su fundación es porque era el mejor cauce para que mis principios estuviesen defendidos en el panorama político. Si lo voy a seguir votando es porque, bajo mi punto de vista, no hay una alternativa mejor. No voy a confiar en un PP que, con Feijóo va a seguir la línea de Rajoy, haciendo seguidismo de la izquierda, ni a un Alvise Pérez que no es más que un populista sin ideas que, del mismo modo que Podemos, sin haber tocado poder, ya practica los peores vicios de la vieja política.
Si hubiese una alternativa que distara mucho de la cobardía y la indefinición del PP como del populismo nacionalista de VOX, contaría con mi voto sin ninguna duda para representar a la derecha liberal-conservadora en la que creo, una derecha sin complejos, pero sin extremismos.
Muchos alegarán, y no sin razón, que lo que planteo es muy peligroso, ya que la dispersión contribuiría a perpetuar a un Sánchez deseoso de convertirse en un autócrata, pero no es menor cierto que Abascal y su camarilla están malogrando un gran proyecto, y se lo están poniendo muy difícil a sus críticos en un irrespirable clima de represión interna. Por dichos motivos, tanto ellos, como yo mismo, hoy nos encontramos en tierra de nadie.





