Cruzar la Puerta de los Leones y atravesar el patio de la Montería, en el Real Alcázar de Sevilla, es uno de los privilegios que nos regala esta ciudad de las maravillas, para recordarnos nuestra antigüedad cultural. Un decorado de lujo para disfrutar del lujo del arte jondo.
Se ha dispuesto un escenario que deja a la vista la majestuosa fachada, y un aforo de sillas que, aunque llena cómodamente el patio, es insuficiente. Algunas personas se han quedado en la puerta por estar toda la taquilla vendida. Decepcionante para ellos y afortunado para los organizadores y para los artistas.
En la noche cálida bajo el techo de estrellas, estamos esperando la apuesta de su director Manuel Valencia. Xerezanías, propone una visita de las familias jerezanas, un flamenco de tradición, de historia, de herencia, que nos transporta a los cantes en la intimidad, en las casas, en las fiestas, en las gañanías, en definitiva en la vida común.
Jerez tiene otro aroma cuando canta, quizá porque es el lugar que mejor mantiene esa sensación de que el flamenco está por todas partes, con sus cambios, es natural. Es tierra de compás y de sentimiento gitano que conservan con mucho talento porque saben que guardan la llave de uno de los vértices del triángulo. Cantar por Jerez tiene otro sabor, a veces muy amargo y otras genuinamente festero, pero siempre auténtico, propio, con personalidad.
En la palestra Dolores Agujeta, Luis el Zambo y Antonio Malena, vienen arropados por las asombrosas guitarras de Manuel Valencia y Manuel Salado. Al compás de las palmas Javier Peña y Juan Diego Valencia, arte en las manos. Los cantaores van tomando el relevo y subiendo al escenario a la llamada de la guitarra. Esta vez no están esperando las falsetas sentados en la silla, esta vez van asomando al escenario conforme el toque los convoca y toca meter el cante.
Tres familias, tres sellos puramente jerezanos, con un Malena que unió el gusto entre Lebrija y Jerez. Tres voces de leco gitano arañadas por los golpes de la vida y el tiempo, tres maneras de soltar el arte a gañafones de los que jieren. ¡Ojú, omaíta de mi alma! así sonó el quejío de Dolores Agujeta después de arrancarse del corazón una seguiriya marca de su casa. Porque esto de cantar flamenco es tremendamente difícil y cuesta sacar de las entrañas la emoción que se espera. Es una pelea constante que requiere grandes adentros y mucha valentía.
El fin de fiesta, por bulerías naturalmente, vino con la aparición sobre las tablas de Las Tatas de Jerez: Juana de la Curra, Manuela la Majuma, Luisa de la Torrán, y la incuestionable Tía Yoya que puso su singular e intemporal pataíta en las tablas y una sonrisa en el público. Tampoco faltó la pataíta de cada uno de los palmeros y, a remate por sorpresa, la pataíta del mismo Manuel Valencia.
A pesar del cansancio en las cuerdas vocales, a pesar de la lucha con el compás y los tercios, a pesar de que se me hizo muy corto, porque una siempre espera que salte una chispa de arte incontestable, el aire de Jerez llenó el patio de la Montería en una noche de Bienal de Sevilla.
Fotos: Laura León
Ficha Artística
Dirección: Manuel Valencia
Cante: Dolores Agujeta, Luis el Zambo y Antonio Malena
Guitarras: Manuel Valencia y Manuel Salado
Palmas: Javier Peña y Juan Diego Valencia
Colaboración especial: Las Tatas de Jerez.








