En la ciudad de Buenos Aires se ha celebrado estos días el Foro empresarial internacional organizado por la Cámara de Comercio de Argentina y la Asociación Iberoamericana de Cámaras de Comercio.
En el mismo se han congregado más de 350 empresas y asociaciones empresariales de 17 países. Como es habitual en este tipo de encuentros, se han sucedido multitud de paneles y conferencias en las que se han analizado la situación económica de diferentes regiones iberoamericanas, sectores empresariales, últimas tendencias, los modelos de negocio del futuro y cómo afectan las políticas económicas gubernamentales a las inversiones y desarrollos empresariales en los diferentes países.
Varias cosas han llamado mi atención estos días, pero dos por encima de todas. La primera ha sido reivindicación de la labor que realizan las empresas en las economías nacionales, con la consiguiente repercusión sobre las sociedades en las que actúan. Acostumbrados a que los empresarios casi tienen que pedir perdón por alcanzar el éxito en España, a lo largo de este foro se ha repetido una y otra vez la ingente labor social que realizan los empresarios. Arrancar, consolidar y mantener en el tiempo un proyecto empresarial supone arriesgar una y otra vez el patrimonio propio y de tu familia. Es la empresa privada la que consigue crear los empleos con los que facilitar los desarrollos vitales de personas y familias, generar impuestos con los que hacer hospitales, carreteras o colegios y generar la riqueza de la que disfrutamos todos los países, en mayor o menor medida.
Sin ninguna duda, la empresa privada es la piedra angular de cualquier sociedad, sin la cual no existiría el mundo tal como lo conocemos. Reivindicar esta labor, a los que la hacen posible y la soportan sobre sus espaldas, debe ser una obligación moral para cualquier sociedad. Los discursos de los que he disfrutado estos días me han limpiado la pátina de culpa con la que los gobiernos de izquierdas nos llevan impregnando desde hace años, con la única intención de justificar su negligencia más absoluta. Esta ha sido una inyección de moral que me obliga a reivindicar la labor del tejido empresarial por una parte y a condenar y exigir que los gobernantes de turno cumplan con las obligaciones por las que les pagamos un sueldo más que cumplido, y posiblemente inmerecido, cada uno de los ciudadanos.
Como les decía, fueron dos las circunstancias que llamaron poderosamente mi atención. La segunda ha sido la esperanza que ha despertado en el tejido empresarial argentino la llegada del presidente Milei. No por una adoración personal al líder mesiánico, si no por la adopción de medidas que puedan facilitar un clima propicio para los negocios y las inversiones. Es la más común de las afirmaciones que, “el dinero es cobarde”. Efectivamente, si el clima político económico no es propicio, los proyectos vuelan a territorios más amables. Por lo que a los políticos lo único que les pide es que no pongan más trabas que las que ya impone el libre mercado. La excesiva regulación, las sobre presión fiscal, las administraciones duplicadas y triplicadas, la multiplicidad de legislaciones en un mismo territorio. Todas estas no son más que barreras a la creación de riqueza y puestos de trabajo.
Por contra, lo que he encontrado en Argentina es una tremenda ilusión por parte de los responsables de levantar el país, que son los empresarios. En solo 10 meses este gobierno ha reducido los impuestos, las regulaciones administrativas y ha conseguido poner en circulación capital para la financiación de proyectos. Esto último gracias a alcanzar el equilibrio fiscal y por lo tanto no tener que endeudar al país todos los meses, quedando así ociosos estos capitales, pudiendo redirigirse al sector privado.
¡Progres del mundo levantaos! y por favor, dejar los sillones libres a otros que sean capaces de trabajar en pos de la riqueza de sus ciudadanos. Que no hay mayor labor social que la de crear empleo, facilitar a los jóvenes construir su propia familia y generar el clima necesario para el crecimiento económico y social de todos, todas y todes. Cosa que a los progres históricamente no se les ha dado bien precisamente. Así que “ale” a la calle a buscarse un trabajo de verdad, que es sanísimo tener objetivos que cumplir a final de mes para que te paguen. Abramos las ventanas a políticos valientes como Milei, que sean capaces de cambiar lo estrictamente necesario para que la sociedad civil pueda crecer sin barreras.





