Compañero médico que me lees: coge la maleta y vete. Lárgate pronto de aquí. Agarra tu fonendo, tu inglés, tu alemán, tu portugués, tu inigualable expediente académico, tu carísima formación MIR… y vete. Sube a tu mujer o a tu marido en el avión y llévatelo contigo. Coge a tu hija, o a tu hijo, y busca lejanas tierras para él: otro colegio, otro idioma, otras gentes. Y no olvides al perro, a tus libros, a tus fotos… Pero deja la bata colgada en el consultorio donde te han amenazado, donde te han grabado con el móvil, donde te han insultado, donde te han pegado, donde te han toreado los pacientes y tus jefes, donde te han humillado, donde te han quitado la razón y la autoridad cuando indudablemente la tenías, donde te han perseguido por los pasillos buscando Trankimazín, donde te han reventado a guardias sin pagarte siquiera la comida.
Vete, médico joven. No aguardes más. Esto no tiene remedio. Te lo dice uno que sabe, uno que observa, uno que conoce, uno que estuvo en el pastel. Te lo dicen 37 años de deterioro sanitario galopante.
Vete, médico. No mires atrás. Olvida a los miles de políticos españoles que, acaso con el graduado escolar como único mérito académico, te gobiernan, te mangonean y ganan más salario que tú.
Vete. Olvida los malos modos en la consulta, los móviles sonando mientras exploras, el insolente tuteo de las adolescentes para exigir una receta, la altanería con que te obligan a dar una baja que no quieres dar, o una derivación que no procede, o un fármaco que no se necesita.
Vete. Olvida las reclamaciones por llevar retraso en la consulta (a quién se le ocurre entretenerse con los pacientes más de los siete minutos que te dan). Olvida las reclamaciones que te han puesto por las listas de espera a los especialistas (como si tú tuvieses la culpa). Olvida las reclamaciones por no atender de forma urgente un apestoso pedo, o un dolor en el codo de cinco años de evolución. Olvida las reclamaciones por haber distinguido la emergencia de la urgencia, y la urgencia de la prisa, y la prisa de la poca vergüenza.
Vete. Olvida los comentarios ruines del tipo <<algo habrá hecho ese médico cuando le han pegado>>, o <<yo no estoy de acuerdo con que le peguen a un médico, PEEEEERO…. a mi hermano le perforaron el estómago>>.
Vete. Aléjate de los millones de derechos que tienen los pacientes y de los millones de deberes que tienes tú. Aléjate de los gestores que responden en tu contra, sistemáticamente, las puñeteras hojas de reclamaciones; de esos hijos de puta que han convertido la asistencia en un infierno de papeleo, de objetivos a cumplir, de burocracia, de ordenadores que fallan, de sustitutos que no llegan, de botones antipánico escondidos bajo las mesas, de agresores reincidentes a los que no hay manera de expulsar.
Vete. Aléjate de la especialidad de medicina familiar y comunitaria como si fuese la peste, o la viruela del mono. Una especialidad donde, cada año, quedan cientos de plazas sin escoger en el examen MIR. Este año, más de doscientas. Por algo será.
Vete. No te lo pienses. Haz lo que ya han hecho decenas de miles de compañeros. Haz lo que, en lo que va de año, han hecho varios miles más.
Vete, y mándanos a todos a la mierda. A mí, el primero.
Que nos jodan.
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Médico y escritor malagueño.
PD. Dedicado, con cariño, a mi amiga Miriam. Tal vez, con este post, comprendas el porqué de la tardanza en atender a tu hijo en tu Centro de Salud.





