Nos están intentando inmunizar contra un virus que nos machaca la salud sin entender de espacios ni tiempos. Pero como casi todo tratamiento médico parece ser que la vacuna mata lo malo y lo bueno. Como una quimioterapia que arrasa con todas las células. Benignas y malignas.
Algo parecido siento estos días de Navidad. La vacuna está matando la caridad, el cariño y si me ponen… hasta el amor.
Los seres “humanos” expulsan de sus hogares a los enfermos de Covid, a los no vacunados y hasta a aquel que tosa un poco más de lo normal.
Las redes sociales escupen sin escrúpulos frases tajantes como “en mi casa no se sienta nadie a cenar que no esté vacunado”. Ni Nochebuena ni leches, señores. O aquella otra frase que da un portazo en las narices al que no lleve una PCR negativa. O aquél “sanilegal” que presume de sus hazañas y virtudes virológicas mientras se arrea unos chicharrones con ocho cañas en la barra de un bar.
Piensen en los que han perdido a su madre, su padre, el abuelo o el hijo. ¿No se sentarían esta Navidad a la mesa con ellos por muy enfermos que estuvieran? ¿Se sentaron las pasadas Navidades antes de que este virus se los llevara? ¿Nadie pone un límite a esta locura egoísta? ¿Tanto miedo tenemos a este virus como para no abrir la puerta a un familiar? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar? ¿Hasta dónde nos van a llevar? Y sobre todo, ¿hasta cuándo? Hace poco leí que ojalá el tiempo fuera oro.
No comprendo cómo las personas arriesgan la vida muchísimas veces por estupideces y no la arriesgan por amor. Nos han inmunizado, nos han metido un miedo sin entrañas, sin escrúpulos, con precisión.
Solo me viene a la memoria aquel villancico en el que me educaron: “Madre, en la puerta hay un Niño más hermoso que el sol bello. Pero debe tener frío porque viene medio en cueros…”
Dejad fuera al Niño Jesús, que no viene vacunado. Dejad fuera al Niño Dios, que el frío de la noche se le ha cogido al pecho. ¿Cuántas puertas encontró cerradas María? ¿A cuántos vamos dejar en un pesebre?
Enhorabuena, ya no sufriremos por culpa de ser caritativos. Nos han inmunizado contra la caridad.
¡Triste Navidad!





