Todos hemos sido testigos en alguna ocasión de cómo cambiaron personas conocidas cuando alcanzaban un puesto laboral o político que les daba cierto poder, cambio que se consolidaba en la medida que se mantenían más tiempo en el cargo y que una vez sustituidos, volvían, de alguna manera, a su ser original. De ahí el dicho popular de Si quieres conocer a Fulanito, dale un carguito.
Este cambio de personalidad que sufren algunas personas al acumular y ejercer mucho poder sin límites claramente establecidos durante un tiempo prolongado, recibe el nombre en Psicología de Síndrome de Hubris (del griego hýbris). También se le conoce como la «enfermedad del poder».
En la mitología griega, el término designaba la desmesura arrogante con que los mortales desafiaban los límites impuestos por los dioses, gesto que conducía inevitablemente a la némesis o castigo divino. Desde las tragedias de Esquilo y Sófocles hasta la filosofía aristotélica, la hýbris se entendió como exceso de orgullo que rompe el equilibrio cósmico y social.
Fueron dos médicos en 2009, Owen y Davidson, quienes describieron un cuadro diagnóstico de este síndrome con los síntomas característicos, que al ser leídos seguro que les van a recordar a alguien:
- Tiende a ver el mundo como si fuera el escenario donde llevar a cabo su poder y alcanzar la gloria.
- Lleva a cabo ciertas acciones con el fin de ensalzar su propia figura y auto-glorificación.
- Se identifica con la organización, el Estado y la Nación.
- Se encuentra obsesionado con su imagen.
- Utiliza con frecuencia su poder para la auto-glorificación.
- Posee una confianza excesiva en sí mismo, muestra desprecio hacia los demás (se siente superior) y hace duras críticas a sus adversarios.
- Ha sufrido una pérdida de contacto con la realidad, cae en un aislamiento progresivo, solo se rodea de aduladores.
- Puede llegar a considerarse como un salvador, perorando de un modo mesiánico para hablar sobre cualquier acción suya.
- Tiene tendencia a referirse a sí mismo en tercera persona y para hablar de nosotros utiliza una forma regia.
- No escucha consejos ni acepta opiniones contrarias, realiza comportamientos impulsivos e imprudentes.
- Posee un convencimiento de la rectitud moral sobre sus propuestas sin preocuparse de los costes.
- Ejerce sus funciones de manera incompetente, causadas por un exceso de confianza.
- Está convencido de que no debe rendir cuentas a nadie.
- Cree firmemente que el Juez Supremo (la Historia o Dios, si es religioso), le absolverá de sus malas acciones y desprecia las leyes comunes así como a los jueces que dictan sentencias que no le favorecen.
No figura como diagnóstico en el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición, Texto Revisado de 2022) ni en la CIE-11 (undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades), pero sí se ha planteado como un posible “trastorno de la personalidad adquirido por poder” que nos incumbe a todos por darse en personas que toman decisiones que nos afectan. En resumen, no es una enfermedad mental oficial, sino una conducta exagerada de soberbia y arrogancia.
Resulta llamativa la similitud que existe con el trastorno narcisista de la personalidad, que sí recoge el DSM-5-TR y hay quien considera el síndrome de Hubris como un subtipo de este. Juzguen ustedes:
- El sujeto carece de empatía.
- Tiene un sentimiento grandioso de importancia sobre sí mismo.
- Considera que es único y especial.
- Se preocupa por una serie de fantasías sobre el poder, el amor ideal o el éxito ilimitado.
- Considera que tiene un sentido de derecho único y especial.
- Reclama una excesiva admiración.
- Actúa de manera explotadora con los demás.
- A menudo cree que otras personas le envidian y/o es envidioso.
- Se comporta de manera soberbia o arrogante.
Como dije al principio, seguro que habrán conocido a alguien con estos síntomas, pero lo preocupante es que estemos gobernados desde el ayuntamiento, la comunidad autónoma o, lo que es peor, desde el gobierno de la Nación, por alguien así. Haríamos bien en recordarle que el cementerio está lleno de gente que se creía imprescindible.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





