En primer lugar, aclarar al improbable lector de este humilde artículo que no se ha equivocado de sección, no está en la sección cultural y de crítica cinematográfica.
Explicado esto, no diré que soy lo que se llama un cinéfilo pues me parecería que, habiendo tantos y tan buenos estudiosos del séptimo arte, sería pretencioso por mi parte. Lo que sí soy, sin duda, es un gran aficionado al cine. Recuerdo haber visto películas desde muy pequeñito y no en la tele, que también, sino en el cine, pues mis padres, devotos asimismo de esa forma de vivir otras realidades distintas a la propia, me llevaban, nos llevaban, pues éramos cuatro hermanos, al cine continuamente a ver (en aquella época, ay, se podía aún) películas clásicas como Lo que el viento se llevó, Ben-Hur o Doctor Zhivago….Quiero decir con esto que, modestamente, creo tener un conocimiento más amplio del habitual hoy en día sobre el cine, sus directores, sus estrellas, etc, y un gusto (y yo soy de los que creo, aunque posiblemente sea políticamente incorrecto hoy en día decirlo, que existe el buen y el mal gusto, en todo. En cine, en música, en literatura, en elegancia indumentaria…y no eso tan manido de “sobre gustos no hay nada escrito”, que, además, es una gran falsedad, pues sí que hay mucho escrito sobre ello) conformado por la contemplación, y no una sino muchas veces, de clásicos de maestros como John Ford, Howard Hawks, Leo McCarey, Frank Capra, Ozu y tantos y tantos genios de este arte que, cada vez más, y desgraciadamente para los que lo amamos, se ve desplazado de las salas de cine, santuarios donde se profesaba la religión de los amantes de las películas, la sala oscura, la pantalla grande…..a esos dispositivos que nos ha traído el avance tecnológico, ya no sólo la televisión, sino los ordenadores, tablets o incluso móviles.
Pero de lo que quería hablar hoy es de una sensación que percibo de hace bastante tiempo a esta parte y que he confirmado recientemente, les explico. Hace unos días fui con mi esposa, gran aficionada también, a ver, con cierta prevención pues no me suelen gustar las películas basadas en best sellers literarios, que, por otra parte, no suelo leer, una película de largo título, basada como digo en un best seller mundial que yo no había leído, “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata”, título, convendrán conmigo, al menos original y con cierto aroma naif. A mi prevención se añadía el hecho de que las críticas profesionales que había leído sobre el film no eran especialmente buenas, sino más bien tibias y condescendientes. La película versa sobre libros, sobre las relaciones que se pueden crear entre seres humanos, sobre amistad, sacrificio, amor, sobre crear una familia, pero también sobre la envidia, la traición, la delación, la guerra…….
La sala, siendo una tarde de viernes, estaba a medio llenar, o sea, medio vacía. La película no era corta pero, y aquí viene lo magnífico del asunto, me atrapó de principio a fin, emocionándome, haciéndome sentir las sensaciones y sentimientos que vivían cada uno de los personajes, todos ellos interpretados por grandes actores británicos, en el marco de unos paisajes bellísimos y una ambientación muy cuidada. Cuando terminó la proyección quedé, y debo decir, también mi esposa, con una gran emoción apenas contenida en el lagrimal y con la sensación de sentirme un poco más orgulloso de pertenecer al género humano de lo que últimamente me siento, pues no son pocas las ocasiones en que, en esta sociedad actual, me invade una cierta y difusa misantropía…..
El que las críticas que había leído se saldaran con un mero aprobadillo así como el escaso público asistente, comparado con el que, esa misma tarde, llenaba las salas de ese mismo multicines donde se proyectaban películas violentas, comedias sin gracia (españolas o francesas, tanto da), films gore de sangre y vísceras amen de otras lindezas por el estilo, me hizo pensar, aunque quizá es que soy un raro, no lo niego, que a esta sociedad en la que vivimos le afecta una patología que hace que le repugnen por “ñoños” los buenos sentimientos, una sociedad a la que repele ver como algunas personas no se resignan y luchan por crecer por dentro, que buscan el apoyo del prójimo para ayudarse y salir de su soledad, y, sobre todo (es que eso debe ser muy de derechas), una sociedad que rehúye los finales felices.
Es una sociedad amante del feísmo, del humor zafio e insultante, de la cutrez, y que rechaza la libertad del individuo para ser el mismo y no aquello que quieren imponerle, libertad para equivocarse, sí, pero también para elegir y pensar por sí mismo sin que lo estigmaticen aquellos a los que se les llena la boca de palabras como tolerancia o igualdad y lo que desean es una sociedad de borregos atentos a la voz de su amo. Una sociedad que aparta a toda esa gente que no se enorgullece ni presume de su ignorancia sino que, en su modestia, desea mejorar espiritualmente porque aspira a otras cosas más elevadas que el simple prosperar económico…quizá esté equivocado pero me parece que el hecho de que una película como esta reciba críticas mediocres y acuda escaso público a verla, es un síntoma de esa patología grave de nuestra sociedad, enferma de nihilismo y de relativismo, en la que todo da igual, en la que todo vale lo mismo, en que la incultura y la falta de educación son valores en alza porque igualan a la mayoría en su ignorancia, en su pobreza intelectual y espiritual, y eso nos hace, les hace, sentir mejor……..y que todo ello nos aboca al mundo que estamos construyendo para nuestros descendientes: a un empobrecimiento galopante de la calidad en la educación de nuestros hijos, a una zafiedad y ausencia de respeto hacia los demás y hacia uno mismo en los comportamientos sociales que asusta y, como colofón, corolario o consecuencia de todo esto al auge de opciones políticas colectivistas (llámense comunistas, podemitas o separatistas) donde el individuo no es más que una pieza más del engranaje de la maquina del Estado, manejado por unos pseudo jefecillos tan ignorantes como aquellos a los que mandan, sin ningún ascendiente moral sobre aquellos a los que tendrían que guiar porque no son referente valido de ningún tipo de valor superior, y que aspiran, y lo están consiguiendo, a anular la individualidad pensante y crítica de la persona, porque la desprecian, porque les estorba para sus planes, para que prepondere lo colectivo, la masa, el grupo, el “círculo”.
Si la persona pierde su individualidad, el respeto por sí misma y por los demás, su legítima aspiración de crecer para poder así tener la capacidad de realizar su propia valoración de la realidad sin dejarse influir por las corrientes y opiniones dominantes y que nos quieren imponer como verdades únicas e irrebatibles, nos encaminamos raudos a un mundo poco habitable y, sin duda, peor………
Me viene a la cabeza el último párrafo de uno de los último artículos del maestro Arturo Pérez Reverte, el titulado “Idiotas Sociales”, que les recomiendo vivamente y que decía: “Sobre ese particular, recuerdo que un amigo maestro llamó la atención a un alumno por escupir al suelo en clase y éste replicó, sorprendido: ¿Qué tiene de malo? Mi amigo me dijo que se quedó bloqueado, incapaz de responder. ¿Qué podía yo decirle? –comentaba–. ¿Cómo iba a resumirle allí, de golpe y en pocas palabras, tres mil años de civilización?”
No sé, quizá me he pasado extrayendo todas estas conclusiones de mi reacción ante una simple película que me ha emocionado o quizá es que últimamente me levanto demasiado a menudo con mal pie……





