La exposición “Pedro Roldán, escultor (1624 – 1699)” se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Sevilla desde el 29 de noviembre pasado hasta el próximo 10 de marzo, con motivo del cuarto centenario del nacimiento del destacado escultor sevillano. En medio del florecimiento artístico de la Sevilla barroca, que vio surgir a renombrados artistas como Murillo, Valdés Leal o Francisco de Herrera (el mozo), Roldán, afincado entre los barrios de San Marcos, Santa Marina y San Julián, se destacó como el mejor escultor de su época en la ciudad. La muestra presenta 44 obras, de las cuales 36 son esculturas del propio Roldán.
Para que no se diga aquello de “tiene que ser gente extraña la que venga a descubrir las cosas que tiene España al pie del Guadalquivir”, que cantaban Los Romeros de la Puebla en unas sevillanas inolvidables, el comisario de la muestra ha sido el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla y especialista en la obra de Roldán, José Roda Peña, y en ella se nos ofrece una visión actualizada y rigurosa de la producción del artista, una de las figuras estelares de la producción de la escultura barroca española, cuya influencia se extiende hasta nuestros días.
La primera impresión que se lleva el visitante es que se encuentra ante un tesoro, que como dice el diccionario de la RAE, es un término que hace alusión a una serie de objetos preciosos, reunidos y guardados, y más adelante, a cosas de mucho precio o muy dignas de estimación. Lo segundo que se nos viene a la mente al entrar en la gran sala 5, que es donde se encuentra al núcleo de la exposición, es que estamos ante un bosque esculturas, un inmenso taller del siglo XVII con con todas las obras a ras de suelo, lo que nos permite contemplarlas desde todos los ángulos, algo imposible de hacer cuando se colocan de frente a una mayor altura que la de nuestros ojos. También nos sorprende el enorme visillo color neutro con el que se han tapado los cuadros que cuelgan de las paredes, porque se ha quedado corto en algunos casos y se ven los bordes de los cuadros en otros.
Nada más entrar, a nuestra izquierda nos quedamos extasiados ante la imagen de Santa Ana y su hija, la Virgen niña, traída desde el convento concepcionista de Santa Ana, en Montilla (Córdoba): ¡qué naturalidad!, ¡qué perfiles más cuidados!, ¡qué manos las de esa Virgen que parece señalarnos en el Buen Camino con la izquierda, mientras sostiene en la derecha las Sagradas Escrituras!, parece mentira la perfección de los pliegues de los vestidos, adornados con una excelsa policromía de Fernando de Fonseca.
Para que no quede duda acerca de la sevillanía del artista (toda su familia era original de Antequera), se nos muestra su partida de nacimiento, hallada en la parroquia del Sagrario, de la catedral, justo enfrente de la imagen comentada en el párrafo anterior. Esta parroquia está muy vinculada a Roldán, y así lo demuestra su retablo, actualmente en restauración, del que podemos disfrutar de un relieve con la Entrada en Jerusalén con policromía de Valdés Leal, conservado tras el altar de dicho templo.
Cuando dos imágenes sagradas se exponen juntas, se produce una especie de diálogo sublime, como el que se dio en aquella madrugada lluviosa en la catedral de Sevilla en 1995 cuando se colocaron frente a frente los pasos de la Esperanza Macarena y la Esperanza de Triana. Pues bien, algo parecido es lo que se experimenta al contemplar la cercanía entre dos obras que conviven a escasos metros, como son el Santo Cristo de la Caridad (1673-74), procedente del Hospital de la Caridad, y el Cristo de los Dolores (Varón de Dolores), del Pozo Santo.
Otras obras destacables son el Cristo del Perdón, traído desde Medina Sidonia (Cádiz), un San Fernando, Santa Apolonia mártir, a quien le extrajeron todas sus piezas dentales antes de ser asesinada por los romanos y por ello es patrona de los odontólogos, un San Juan Evangelista minimalista y un exquisito Nacimiento, junto a una Virgen dando su leche y la Cabeza de San Juan Bautista Niño, ambas de Luisa Roldán (La Roldana, que llegó a ser escultora de cámara de Carlos II), hija junto a otros siete hermanos más del prolífico autor, que también fue abuelo de Duque Cornejo. Resulta llamativo que sus ocho hijos trabajaran en el taller, varones y hembras, en una época donde a la mujer le estaba vedado por los gremios su participación en el trabajo.
Esta cita artística, alabada por el diario The Times y que califica a Roldán como el Bernini español, no se limita a su celebración en el ámbito del museo, sino que trasciende sus muros y ofrece la ocasión de conocer en profundidad un patrimonio a nuestro alcance, en nuestro barrio o parroquia. Además, la Junta de Andalucía ha puesto en marcha la aplicación EspaciosCultur@ que permite apoyar la visión de las obras con nuevas tecnologías.
Finalmente, sirvan estas líneas como invitación a visitar la muestra, si aún no lo han hecho, y a dejarse guiar por la sabia mano de un autor tan arrebatado en su técnica como atento a la religiosidad y al fervor hispalense de los tiempos que le tocó vivir.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
esplendida exposición sin duda
Gracias Alberto. Desde luego no quiero perdérmela. Es una ocasión de poner en valor la obra de este imaginero. Al hablar del barroco el sevillano de a pie siempre destaca a los universales y clásicos : Montañés, Mesa,. Roldán es un universo a descubrir. Anotado queda