¿Cuántas veces necesitarán Casado y Arrimadas ser engañados para admitir que es inútil intentar llegar a ninguna clase de acuerdo con Sánchez? No pido que dejen de intentarlo, si lo desean, pero sí que no se dejen arrastrar por la corriente de esa catarata de embustes, un Iguazú de mentiras, un Niágara de falsedades, ese «humo que truena», como llamaban los nativos a las cataratas Victoria en el río Zambeze.
Me sabe mal verlos flotar en la deriva de ese flujo achocolatado que constituye el relato de Iván Redondo hacia el salto de piedras que supone el momento en que Sánchez se agarra a la rama más inesperada y deja caer a sus oponentes (incluso de su propio partido) al vacío de niebla y piedras que esconde siempre detrás de su desparpajo.
Es tanto el descaro de ese tipo, que un día proclama ante el plasma con el entusiasmo de un telepredicador ciego que él con sus manos ha vencido al virus, como un Tarzán en lucha contra los cocodrilos, y con ello ha salvado 450.000 vidas de sus fauces, y dos meses más tarde sostiene que San Otilio, en forma de comité de expertos, se le ha aparecido en su lecho anunciándole que el fuego sobrevuela ya nuestras cabezas y que el fin del mundo está cerca.
Nadie, salvo el doctor Steegman, de VOX, parece haberle dicho todavía que el gobierno no ha adoptado en ocho meses una sola medida para luchar contra la epidemia, más allá de encerrarnos en casa por decreto. Pero es que tal vez la pandemia sea el propio gobierno, esa cueva de inoperancia que sostiene como portavoz de la cosa a una especie de capitán Haddock beodo, que se ríe a destiempo y cuyos silogismos y predicciones son redundantes, como un pleonasmo sostenido entre los inspectores Hernández y Fernández:
– «Si los contagios siguen creciendo llegará un momento que se colapsarán las UCI», dice Simón, tan pancho.
¡Omeclaro!, y si siguen bajando, habrá menos casos, ¡no te jode el mono y qué saltos pega!, le habría respondido Campmany.
A Salvador Illa se le está poniendo cara de profesor Tornasol, Iglesias es el perrito Milú, siempre con su ladroteo, e Irene Montero ya aburre con sus desafinaciones y sus excesos de Madame Castafiore, ahora a vueltas con un clásico del femicinismo bobo y párvulo: el color rosa.
Luego llega lo del cáncer de mama y ellas se visten de rosa. O se manifiestan contra la violencia sobre las mujeres en Tijuana o en Ciudad Juárez… y se visten también de rosa. Así que a golpe de estereotipos, pero sobre todo a golpe de contradicciones, la doña aprovecha entre sesión y sesión de maquillaje para pintarse las uñas de los pies y darse colorete en el rostro.
Pero digo que Pedro Sánchez tiene más trampas que Daniel Boone y miente tanto como habla. O quizás más de lo que habla, porque miente hasta cuando calla, que está como ausente, hasta que le encienden el piloto de una cámara cerca y empieza a desfilar el tele-prompter..
Lo primero que ha intentado Sánchez es poner la Justicia a su servicio, porque no quiere rendir cuentas a nadie. De momento no lo ha logrado, pero es cuestión de tiempo y el coyote merodea a su presa.
Casado, que ya parece que se ha tragado el sable del estado de alarma sin tener que rendir cuentas en el Congreso cada quince días, asusta cuando muestra lo que parece una ingenuidad genuina y desparramada. Lo de Inés Arrimadas es simplemente un hara-kiri de tintes catalufos con adobo jerezano.
Sánchez no quiere tener que responder ante los tribunales y ahora tampoco ante el Poder Legislativo, de modo que sólo le faltaba no tener que rendir cuentas ante Dios y allá que se fue, a cantarle la Salve al representante de Dios en la Tierra y se reunió con el Papa.
Bergoglio con una cara de cólico biliar y el solideo papal caído hacia un lado, como un gorro legionario. Sánchez a la moda de Pablo Iglesias, con los pantalones pitillo de Zara seis dedos más largos… y Begoña, que rezaría por redimir las ‘guarreridas’ españolas de las saunas familiares. Ese era el pantocrátor.
A Macron se le ha ido de las manos la polémica sobre el islamismo radical que le quita el sueño, porque en las ‘banlieues’ de París y de otras grandes ciudades están hasta las narices del choteo que se trae la morería con Madame la République y sabe que se le está llenando el depósito de voto obrero a Marine Le Pen, lo mismo que en Suecia, donde lees lo que dice ahora el Partido Socialista y parece que le han calcado un discurso a Santiago Abascal.
Si Casado sube en las encuestas y Abascal también, más vale que vayan preparando un armisticio, sin dejarse arrastrar por la corriente hacia la catarata ruidosa de mentiras de Pedro Sánchez. Y a ver cómo nos sacan de esta si para entonces Marisú, Calviño y Sánchez habrán dejado el tesoro público como la cámara acorazada del Banco de España en 1939. Con telarañas.
He dicho.





