Media mañana, soleada y apacible, tranquila. Todavía los cafés y las medias tostadas pueblan las terrazas. Un ex dirigente de los tiempos apabullantes del felipismo y el guerrismo pasea de regreso a casa, repeinado y fresco, oloroso a gel de baño, con un ejemplar del ABC y otro de El País, aún planchados y sin abrir.
«Eres más clásico que el palio del Valle», le digo. No hay prisas y me acepta un café, aunque al final prefiere sólo un vaso de agua mientras me explica su difícil relación con las nuevas tecnologías…
– Leídas en el ordenador o en el móvil parece que las noticias te las disparan y no me gusta. Yo necesito otra cosa para tomarle el pulso a la realidad del día…
Han pasado más de 20 años desde su última responsabilidad en la política activa y ahora contempla los toros desde la barrera, con la luminosa lucidez de la experiencia y una capacidad para la sorna y para el sarcasmo casi inalcanzables.
Sigue manteniendo tertulias amigables y la vieja camaradería con los zorros de aquel tiempo, lobos que dominaban el corral sin sentimentalismos ni ñoñerías, más conocedores de lo que nunca convenía o no se debía hacer que, a menudo, de lo que tocaba.
Se desparrama en desgranar anécdotas de la gestión en aquellos años, tanto dentro como fuera del partido, divertidas y a veces hasta crueles, pero todas ellas las ofrece en comparativa con lo que ocurre ahora en su viejo partido y casi escandalizado con la pastueña ineptitud o con la frívola irresponsabilidad de la maquinaria de poder en manos de ese impostor llamado Pedro Sánchez. Hay cosas que no le entran en la cabeza…
«Ya has visto lo que dijo el idiota ése, el delegado del Gobierno en Madrid, sobre Bildu y las pulseritas… La gran diferencia es que en nuestros tiempos todos sabíamos a la perfección las cosas que nunca puedes decir o hacer, aunque las pienses. Nadie nos lo había enseñado, pero lo tenías muy claro y si no, estabas fuera. Lo de ahora es un esperpento. Es que el propio presidente es un gran y verdadero esperpento… No cabe en una cabeza sana que este país haya tenido de embajador, atiende bien, ante la ONU, ¡a un trostkista!… ¡Dónde se ha visto eso! Y encima dedicado a exponer su opinión de trostkista e independentista en todos lados. No se le ocurre ni al que asó la manteca. Pero este muchacho -se refiere a Sánchez de mil formas, casi siempre sin nombrarlo- es así de indocumentado, un papafrita al frente del partido. Déjame decirte, a propósito, que cuando este tío estaba llevándole la maleta a Westendorp en lo de Bosnia-Herzegovina, con 23 años, era del ala más derechosa del partido», me explica y lo acompaña con un movimiento ampuloso de su brazo derecho que casi le derrama la bandeja con los cafés al camarero, que llega por ese lado.
«Todo es de una idiotez reconcentrada y penosa, desde aquella Adriana Lastra a, sobre todo, los ministros de Exteriores… Aunque la cosa viene desde Zapatero, porque nadie podía imaginar que Moratinos, el más atolondrado y torpe de los de su especie, llegase a ser ministro y ahí lo tienes. Y eso que todavía estaba Rubalcaba, que ése sí que tenía la cabeza bien puesta en su sitio. Moratinos era un compendio de casi todas las cosas irrisorias e hilarantes que se te ocurran y una vez que estaba de visita en Cuba, tuvo que colgarle Zapatero después de decirle que no le hablase desde el coche oficial que le habían puesto los cubanos porque estaría lleno de micrófonos. Pero es que los que le han seguido después con éste son verdaderamente preocupantes y sólo tienes que ver lo del presunto espionaje de Marruecos. Son de traca. O piensa en el CNI y las maniobras que ha hecho este fulano hasta para colocar allí al de la coleta y es todo para echarse a temblar o como para no fiarse un pelo. Sólo queda esperar los resultados de las elecciones del 23-J, que las tiene perdidas, salvo que intente alguna jugarreta, y convocar un congreso extraordinario para ponerlo de patitas en la calle«.
Aprovecho el momento para recordarle a mi interlocutor que eso ya sucedió, cuando le cogieron haciendo trampas en una urna detrás de la cortina y luego ganó las primarias frente a Susana Díaz: «Esta vez no va a suceder algo parecido -dice-, porque con el batacazo en las pasadas municipales y las autonómicas se ha quedado sin alpiste para repartir dentro del partido y hay cientos de cargos y de dependientes que se han quedado sin tener dónde agarrarse por sus frivolidades. A duras penas tenemos Barcelona y poco más, pero ha perdido Diputaciones provinciales a punta pala. Le cae mal a casi todo el mundo y le van a pasar factura… Por cierto, lo de la OTAN se lo ha inventado él, los americanos no se fían ni un pelo y ni en sus peores pesadillas se les ocurriría algo semejante. Y eso que los que tiene en frente no son tampoco los más listos de la clase, que aquí en Andalucía llegaron y dejaron casi todo como estaba. El día que un Gaspar Zarrías o un Luis Pizarro, independientemente de la catadura moral o de la opinión que cada uno tenga de ambos, vuelvan a la secretaría general, no dejan en pie nada de los que haya colocado Moreno Bonilla, te lo aviso. Nos pasó a nosotros en el Ayuntamiento y nuestro alcalde nos autorizó pero pidió que por favor no hiciéramos mucho ruido en la masacre mandando a gente al palomar o a las catacumbas de los archivos. Dejamos aquello limpio como una patena… Mira, el otro día, paseando, me encontré a los dos Alfonsos -se refiere a Guerra y a Lazo, los sempiternos uno y dos en las listas al Congreso de los Diputados por Sevilla- y estaban asombrados con las cosas de este tío y con la deriva del partido. No se explican que esté dejando las siglas para el arrastre, acompañado de los tíos de Bildu, de los golpistas y los indepes del 3 por ciento. Lo que ocurre es que el símbolo de las siglas nos permitirá recuperarnos cuando pase un tiempo y no creo que desaparezcamos como sucedió en Italia, en Grecia o en Francia, reconvertidos con otro nombre, a lo Melenchon pero esta vez en rubia. En todo caso es muy preocupante… Es verdad que la economía no va mal del todo y no hay grandes alarmas encendidas, sobre todo mientras la UE nos respalde…, pero no hay otra solución que dejarle paso al PP en el Gobierno, ya toca, porque es lo mejor para este país».
A esta hora de junio el sol aprieta un poco y se arraciman todas las sombrillas desplegadas para la hora del primer aperitivo. Se despide jovial y divertido, como siempre, y justo cuando se ha marchado, por pura casualidad, atraviesa la plaza, repeinado, con pantalón de cuadros escoceses y chaqueta azul, sin corbata, otro señor despreocupado llamado Mario Conde, como un epítome añadido de una conversación que corrobora que la Historia da muchas vueltas.
He dicho.





