No en uno, sino en varios de los principales diarios “generalistas” nacionales pudo leerse unos días ha un titular del que no acabamos de recuperarnos.
“Un hombre muere al entrar en una casa…”. Una persona ingenua ni entiende este titular abyecto, no sabe a qué se refiere. Ignorante de los manejos periodísticos, una lectora inocente se imagina a un hombre entrando en una casa, tan normal (¿será la suya, no? ¿o la de un amigo o familiar que le invita? Es el único caso en que, en español y aun en todos los idiomas, se puede hablar de “entrar en una casa”). Y entonces, al entrar, muere. ¿Se le cae una viga encima, o algo similar? Parece un accidente de esos, sin duda (hay a quien se le cae una casa encima al pasar por una calle..). ¡Qué fatalidad!
Pero la frase sigue “… tiroteado por el dueño”. ¿Qué dueño? ¿El dueño “de la casa” en cuestión? Ah, ya la cosa es distinta. Hablamos de un okupa. Un okupa que entra en la que considera “su” casa, y resulta que el propietario legal de la misma, desesperado por recuperarla, se las ha arreglado para esconderse en un rincón y dispararle al entrar. Sin duda es eso. Muy sesgado el titular; hombres son todos, hombres o mujeres; pero para titular la noticia, la palabra adecuada hubiera sido “un okupa”.
Sería la palabra técnica adecuada al caso. Se dice “un policía hizo esto” “un juez decidió tal cosa”. No es lógico decir “un hombre” cuando actúa como juez o como policía. Sólo se emplea el término “un hombre” cuando en la noticia no influye para nada la profesión o actuación de la persona en sí (“en la explosión resultaron tres hombres heridos”).
Así pues, la noticia es que un okupa es tiroteado por el propietario del inmueble (y que el redactor, por lo visto, simpatiza mucho con el okupa, pues lo coloca como víctima directamente). La cosa cambia. Pero aún queda un resquicio de pensar “qué bestia” con respecto al dueño escondido y embozado para recuperar lo suyo.
Algo así pensarán pues los miles de personas que no pasen del titular. Pero he aquí que leemos la noticia. Que el dueño se despertó “a las dos de la madrugada”, que oyó unos ruidos…
Entonces… ¡no es un propietario airado que planea una recuperación violenta de lo suyo! Hablamos de una persona que duerme tranquilamente en su casa, y oye ruidos, y con horror comprueba que hay ruidos, que han entrado, que tiene en ese momento ladrones. La peor pesadilla de la mayoría de ciudadanos españoles, como atestiguan las ventanas enrejadas, las cerraduras, las alarmas, el negocio que se mueve en torno a la seguridad… la peor pesadilla se hace carne. Y no ya que entren a robar, sino “conmigo dentro”. No sabemos si hay niños, si hay abuelos. No ya robo, sino agresiones, horrores inimaginables… la peor pesadilla de miles de personas se CUMPLE.
Que tuviera a mano una escopeta se sale algo de lo común (aunque según dicen tal vez no tanto, con el tema de la caza, etc). Tal vez muchos quisiéramos tener un arma al lado si nos llega ese momento espantoso.
Así pues… hablamos de una persona que en mitad de la noche descubre con horror que tiene ladrones en su casa.
Así pues, el “hombre” que primero se presentaba como hombre inocente y víctima, y luego pareció ser un okupa (concepto que a muchos todavía inspira, según el caso, cierta simpatía), pues no, no es ni un okupa, resulta que es un ladrón puro y duro, un ladrón que irrumpe en una vivienda y con sus habitantes dentro, haciendo uso de la violencia, con nocturnidad y alevosía.
Si el designar al ladrón como “un hombre”, y al hecho de allanar morada como “entrar en una casa” (como Pedro por su ídem, así de natural e inocente) indica una maldad espeluznante, no lo es menos el etiquetar al durmiente como “el dueño”. Hablamos de una persona que está durmiendo en su casa. Si es el propietario de ésta o si vive de alquiler, ¿afecta mucho al incidente? Pero claro, decir “el dueño” le da un sello de “propietario”, de “malo”, de “capitalista cruel”…
Aquí me detengo, pues la historia la desconozco, sólo comento lo que leo. Y la abyección del periodismo.
Si “la pandemia” ha provocado la criminalización de actitudes sanas y naturales de toda la vida (criminal se considera el ir sin mascarilla, ver a jóvenes reunidos charlando, etc… eso ha adquirido tintes de delito grave), esto coincide con la descriminizalización de los verdaderos crímenes (que creíamos eran… pues robar, atracar, asaltar viviendas…).
Creo que en Francia por ejemplo, el titular de un suceso así hubiera rezado: “Asaltan de noche una vivienda y el criminal es abatido”.





