Hoy se constata el fracaso del sistema. El vitoreado progreso ha frenado en seco, mostrando la incapacidad del conjunto de la sociedad para hacer frente a problemas complejos e intentar resolverlos hasta el último aliento.
Noelia, una niña que pertenecía a una familia desestructurada. La Generalidad retiró la custodia a sus padres para tutelarla e ingresarla en un centro de menores, un lugar que debía protegerla de aquello por lo que allí se la llevaba. Pasó de vivir en una familia rota a sobrevivir vagando de centro en centro durante varios años hasta que un día la violaron un grupo de aquellos con los que convivía en ese lugar que debía estar protegida.
La ayuda que pudo recibir tras ese atroz momento es evidente que no fue suficiente pues ella decidió suicidarse, pero no murió. Las secuelas por el intento de suicidio y el constante eco de las heridas abiertas de toda su corta vida la llevaron a pedir su eutanasia.
No se trata de estar de acuerdo o no con la eutanasia, máxime cuando aquellos que deciden sobre la misma no han pasado por la situación de tener que solicitarla, se trata de analizar si se ha podido evitar ese momento en el que Noelia decidió poner fin a su vida y posteriormente pedir su muerte. Porque la cuestión no es tener derecho a morir, la cuestión es desear morir porque nadie ha sido capaz de ayudar, porque no se han puesto los medios para evitar todo lo que le ocurrió y no se le prestó la ayuda necesaria o se fracasó en su aplicación para intentar apagar ese terrible trauma.
¿Dónde estaban las feministas ante el atroz hecho de la violación en manada de una niña en un lugar que tenía que estar protegida? ¿Dónde el gobierno defensor de las mujeres? ¿Dónde está el tribunal Europeo de Derechos Humanos? ¿Se le prestó la ayuda necesaria? ¿Fueron realmente competentes los servicios sociales, los psicólogos, los psiquiatras y todos los actores necesarios en su camino? ¿Hemos de asumir que un trauma o decir que tienes un trauma, algo que es muy subjetivo, es suficiente para que te ayuden a morir antes de ayudarte hasta el final e intentar que superes dicho trauma? Y, por otro lado, si aceptamos el derecho a decidir cuándo morir, ¿debemos sanar a aquellos que deciden poner fin a su vida suicidándose y no lo consiguen? ¿Por qué a estos se les niega el derecho a morir por decisión propia?
El día de hoy será un día para no olvidar. Cuando Noelia cierre sus ojos al mundo y se marche, se abrirá definitivamente la puerta de un Estado de Derecho fracasado que debe de mirar y proteger a las personas, un sistema que la sacó de las garras de una familia descompuesta para meterla en las fauces de una voraz fiera vestida de cordero, como es el actual Estado de Derecho.
Nunca debió vivir lo que vivió para querer morir por los fantasmas del pasado y por el miedo a lo que le quedase por vivir, porque la ayuda que nunca llegó o que no consiguió su fin le arrebató algo fundamental en todos y cada uno de nosotros para seguir adelante por los zarpazos de la vida: la esperanza





