Una de las instituciones del Estado español que han contado con más prestigio de una forma tradicional es el Banco de España, y ello por el rigor con el que realiza cada una de las funciones que tiene encomendadas: poseer y gestionar las reservas de divisas, promover el buen funcionamiento y la estabilidad del sistema financiero, supervisar la solvencia de las entidades de crédito, poner en circulación la moneda metálica, elaborar y publicar estadísticas macro económicas, prestar servicios de tesorería de la Deuda Pública, asesorar al gobierno en materia económica, definir y ejecutar la política monetaria que le marque el Banco Central europeo, realizar las operaciones de cambio de divisas, promover el buen funcionamiento de los sistemas de pago, y emitir los billetes de curso legal, nada más y nada menos.
Es precisamente de este último cometido del que hoy quería hablarles, pues vivimos un tiempo en el que se nos dice que el dinero en efectivo está llamado a desaparecer en la forma en la que lo conocemos, si bien hay una fuerte oposición en muchos sectores a que esto ocurra y, de hecho, la emisión de billetes de cuso legal parece cobrar un nuevo impulso.
Soy de los que piensan que el dinero en efectivo es todavía un importante método de pago para los ciudadanos, la moneda de curso legal que facilita la inclusión financiera de todos los colectivos y segmentos de la población de forma equitativa, y un símbolo de libertad y garantía de privacidad ante la injerencia de organizaciones y corporaciones en los datos personales de los individuos. El efectivo es, además, la única alternativa de pago en situaciones de catástrofes naturales, ciberataques o cualquier incidencia tecnológica, una reserva de valor para los ciudadanos segura frente a estafas y ciberdelitos.
Cualquier sociedad avanzada debería preservar el acceso a esta forma de pago como bastión de los derechos y libertades fundamentales frente a los riesgos de exclusión financiera, desatención de colectivos vulnerables o ante situaciones de emergencia, y esto sin menoscabo del uso de las tarjetas, el móvil o el Bizum, ese invento español que cuenta con el respaldo de todos los bancos españoles y que causa admiración en el mundo.
Se le llama dinero fiduciario precisamente porque su valor no está respaldado por un activo físico, como el oro o la plata, sino por la confianza que la sociedad tiene en el emisor, generalmente un banco central, como el Banco de España en nuestro caso. En otras palabras, su valor se basa en la creencia de que el emisor garantizará su estabilidad y uso como medio de cambio.
Si hay algo que preocupa a todos en relación con los billetes es la posibilidad de que sean falsificados, de ahí todas las medidas de seguridad al tacto y al trasluz que se incorporan a cada unidad, pongamos por ejemplo, de los ejemplares de 50 euros (el modelo que más se intenta falsificar):
– Impresión en relieve, con líneas cortas en los bordes izquierdo y derecho del anverso.
– La marca de agua con retrato de Europa que se puede apreciar al trasluz.
– El número verde esmeralda brillante situado en la esquina inferior izquierda y que cambia de color a azul oscuro.
– El hilo de seguridad que se observa al trasluz y que aparece como una línea oscura, donde puede verse el símbolo “€” y el valor del billete en caracteres blancos de tamaño reducido.
– La ventana con retrato del holograma que se vuelve transparente y nos muestra un retrato de Europa en ambas caras.
– La banda plateada en la esquina superior derecha con un holograma que nos permite ver un retrato de Europa, el motivo principal y el valor del billete.
– Otros elementos, como un micro texto en algunas zonas del billete, luz ultravioleta estándar en las estrellas de la bandera de la UE, luz ultravioleta especial (UV-C) en el símbolo “€” y, finalmente, propiedades infrarrojas.
El Banco de España tiene mucho prestigio internacional y una experiencia relevante en un asunto como este, y ello le ha valido que el Centro de Investigación y Reproducción de Billetes (RRC, por sus siglas en inglés), un laboratorio anti falsificación a nivel mundial, creado en 1989, respaldado por catorce de los principales Bancos centrales del mundo, haya acordado trasladar su sede desde Copenhague a nuestro país, concretamente a la central de nuestro Banco emisor, el próximo uno de enero de 2026, lo que supone un espaldarazo a su trayectoria y un reconocimiento a la empresa Imprenta de Billetes SA (Imbisa), dependiente del Banco.
Su preocupación es ir por delante de los delincuentes, de las nuevas tecnologías, y de todo lo que tenga impacto en la falsificación de billetes, un reto que nos llena de orgullo y que asume la “marca España” para toda la zona euro, en el que, por supuesto, se pondrá a prueba la nueva serie de billetes en la que ya está trabajando el Banco Central Europeo y que pronto veremos en circulación.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
¡Bravo! que un economista de profesión avale la importancia fiduciaria del billete de banco. Felicitaciones por su esmerada explicación.
Cordial saludo para Alberto Amador Tobaja.