Voy a intentar estos meses escribir poco de política. Creo que el ambiente está tan viciado que es imposible un debate mínimamente mesurado, sin llegar a las manos. Incluso gente, habitualmente ponderada, lleva semanas o meses pontificando por estos lares quiénes somos idiotas y quiénes sabios, quiénes demócratas y quiénes tiranos. Lo hacemos casi todos, ojo. Yo también. Nos hemos atrincherado todos en nuestras preferencias y el resto es simplemente un enemigo borroso, molesto y a menudo peligroso ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Seremos capaces de dar marcha atrás?
Pero antes de reducir mis intervenciones políticas – que por otra parte tienen escaso valor pues soy simplemente un ciudadano de a pie – , voy a dejar unas breves reflexiones generales acerca de algunos de mis puntos de vista políticos e ideológicos:
1. No existe un partido perfecto. Existen partidos mejores, peores e inaceptables. Entre los inaceptables están todos los partidos que vulneran la Constitución, algunos de los cuales han sido el sustento del Sanchismo todos estos meses. Esto podrá no gustar a los votantes de Sánchez, pero es un hecho indiscutible. Creo que esos partidos deberían ilegalizarse, sin mas miramientos.
También me resulta inaceptable PODEMOS. Me basta ver qué regímenes apoya, qué propuestas sustenta, que ideología le nutre y qué odio destila para que ese partido me resulte el peligro mayor que ha afrontado España hasta la fecha. Su aparente decadencia es un soplo de esperanza, pero no me olvido que los 5 millones de españoles que los votaron siguen ahí y difícilmente puede pensarse que votaron engañados. Si algo tiene podemos es que nunca ocultó sus planes, ni sus filias y abundantes fobias. Siguen ahí, presumiblemente dispuestos a seguir votando propuestas populistas y promisorias.
2. Mi enmarque ideológico es una suerte de social liberalismo. Los días pares propendo más a liberalismo y los impares a una socialdemocracia que aún no tenemos en España. En la actualidad, y vista la oferta, mi voto es muy dudoso. Por exclusión me quedaría el PP, pero el PP de Casado me resulta una cosa meliflua y sin sustancia.
3. Mientras el PSOE esté bajo la influencia de Sánchez ese partido no es homologable a un partido socialdemócrata a la europea. Dudo que sea homologable a un partido democrático. El Sanchismo ha terminado de arruinar el PSOE. Espero que este personaje catastrófico desaparezca de la política cuanto antes pues creo que nuestra democracia necesita del balance de una socialdemocracia con más sentido de Estado que ‘comunity managers’ y posados. Sánchez no sirve para eso, ni siquiera aunque ‘confesara que ha pecado «y que ‘no lo volverá a hacer». Debe desaparecer volando, en el Falcon o con las mallas de Superman. Pero debe desaparecer.
Si Sánchez decide no desaparecer o no ‘lo desaparecen’ espero entonces que concurra a las elecciones un nuevo partido socialdemócrata de verdad, con ideas, principios y sin ególatras. Después de la depurativa experiencia de UPYD, hubo algún conato con la Plataforma Ahora, actualmente transformada en Movimiento Jacobino. Veremos.
Sé que no es sencillo crear un nuevo partido de izquierdas con visión nacional, pero si dieran el paso intuyo que una gran parte del votante de centro izquierda – actualmente en la orfandad – les prestaría su voto. El Sanchismo ocuparía el espacio extremo de Podemos y Podemos (esto es la parte buena) descendería a la insignificancia parlamentaria que merece. Sin embargo, parece que la izquierda insiste en atomizarse en micro partidos de corte étnico y regionalista, perdiendo su esencia internacional para descender al reducido hábitat de la tribu. Teruel existe, Soria ya y cosas así. Ellos sabrán
4. Nadie va a ganar las elecciones con mayoría absoluta. Eso se acabó. Los partidos tendrán que negociar, justamente cuando la sociedad y la política están más envenenadas que nunca por una polarización que lleva a media España a considerar imbécil o criminal a la otra media y viceversa. Vaya papelón, negociar pactos de Estado con estas premisas.
5. La Constitución debería volver a estar por encima de las ideologías. Derechas e izquierdas tendrán que aprender a reconocerse y desandar el sendero de odios que empezó sembrando Zapatero al abrir nuestra eterna Caja de Pandora. La Guerra Civil, claro. No está mal desenterrar muertos de las cunetas y honrar su memoria, ni tampoco lo está analizar la Historia. Lo que está mal es instrumentalizar el pasado y trivializar el ‘fascismo’ atribuyendo esa peste a la mitad de España. Esa grave irresponsabilidad zapateriol – hoy convertido en heraldo de Maduro para su eterno escarnio – nos lleva a dónde estamos actualmente. Zapatero fue el pistoletazo de salida. Luego la bola fue aumentando: acción-reacción.
6. Un PSOE sin Sánchez tendría que llegar a acuerdos con las fuerzas de centro derecha en muchas materias (o estas fuerzas con el PSOE). Y ese mismo PSOE tendría que incorporar también a las fuerzas de la derecha para llegar a pactos de Estado que afecten a la integridad de nuestro territorio y a nuestra soberanía. No debería volverse a repetir el vergonzoso espectáculo de depender de los votos secesionistas, filoterroristas y bolivarianos y de aceptar lo inaceptable, aunque sólo sea durante unas horas (pienso ahora en el ‘relator’).
7. Deseo que la fuerza política ganadora no tenga que apoyarse en secesionistas y resto de fuerzas disolventes para poder gobernar. Deseo que quien gane lo haga con holgura para poder pactar con leales opositores en la orbita constitucional. Y entre los leales opositores incluyo a todos los partidos que expresamente apoyan la Constitución, incluidos aquellos aspectos que no comparten.
8. España es un gran país. No es momento de panegíricos pero me remito, una vez más, a algunos de los índices de civilización más acreditados internacionalmente: Índice de Democracia (The Economist), Índice de Libertades Públicas (Freedom House), Índice de Desarrollo Humano (PNUD), etc. Es verdad que durante el Sanchismo hemos retrocedido en nuestras tradicionales buenas notas, pero podremos recuperarnos cuando este ser desaparezca de nuestras vidas. Añadamos a esos índices, una ejemplar Transición (que Podemos y sus taifas llaman ‘Régimen del 78’), una monarquía parlamentaria que ha canalizado el mejor momento de nuestra Historia (si, el mejor), una larga presencia e influjo cultural e histórico a nivel internacional… Somos un gran país que necesita aprender a hablar menos de respeto y tolerancia y aplicarse de lleno a respetar al leal opositor.
Ojala que así sea y que con ello ganemos sino todos si, al menos, la inmensa mayoría que queremos otros cuarenta años más de libertad y relativa concordia.





