No diré su nombre ni su número de placa de identificación de Policía Local de Sevilla. Lo conozco desde niño. Y lo recuerdo atlético, fuerte y con arrolladora vocación de servidor público. En el Instituto donde él cursaba Bachillerato, un chico de su clase, bajito, delgado, tímido y amable, no se apuntó en el equipo de fútbol, prefiriendo participar en un taller de poesía. El profesor de gimnasia expresó a todos los alumnos su molestia con tal decisión, señalándolo inquisitivamente con el dedo:
– «Ya sabía yo que no íbamos a poder contar con ese maricón.»
Mientras muchos reían cruelmente y el chaval aludido se hundía en un abismo de humillación, mi amigo se levantó como impulsado por un resorte bestial…
– «¡Señor maestro, pídale perdón inmediatamente!»
Un ejército de ángeles sobrevoló el aula en ese momento, porque todos guardaron silencio, mudos de admiración y asombro, sin esbozar nadie la más leve sonrisita. Incluso el profesor se quedó en estado de shock, aturdido por el valor que rezumaba aquel muchacho que le plantaba cara mirándole a los ojos …
– «¡No se lo repetiré, señor! ¡O le pide disculpas ahora o llevaré esta noticia a los periodistas para que la publiquen en prensa mañana! ¡Se lo juro!».
Mano de santo. O convicción y dignidad de un estudiante que soñaba con ser Policía Local, que viene a ser lo mismo.
El ofensor debió pensar que ese chico alto, musculoso como el que hundió el Titanic, iba a por todas, sin encomendarse siquiera a Lucifer.
Debió calibrar las consecuencias que le acarrearía el hecho de no retractarse y… y pidió sincero perdón delante de toda la clase. A partir de entonces, ni un solo estudiante o profesor volvió a burlarse del muchacho a quien su universo íntimo de sensibilidad le inclinaba a amar la poesía.
Hoy mismo me encuentro a mi amigo, ya Policía, y advierto que se lo llevan los diablos. Su careto trasluce indignación, cabreo y una hondísima tristeza, sentimientos de los que me hace partícipe, que para eso somos colegas.
Gajes del oficio. Él conoce tramas de mafias y oscuras organizaciones del hampa. Y sabe de veras que la ideología de género que parece inundarlo todo, se sirve de tan inconfesables mecanismos para cercenar nuestra voluntad y llevarnos a su huerto.
Muchos cargos directivos en todas nuestras instituciones de gobierno, en medios de comunicación, en Universidades, en Hermandades y en cualquier foro de decisión, incluso en su querida organización policial, se hallan copados por meapilas que rinden pleitesía a tal ideología, en virtud de la cual uno no es hombre ni mujer, sino sencillamente lo que sienta en cualquier momento, pudiendo mutar su condición o combinar varias de ellas en función de lo que se desee.
Una ideología que, sustentada en el capitalismo más salvaje, pretende diluir nuestra identidad como seres humanos y cercenar nuestras raíces familiares y culturales, para transformarnos en individuos aislados y egoístas, abocados a buscar un espejismo de felicidad mediante un consumo frenético, con inmensos beneficios para las multinacionales que la promueven, fomentando un feminismo talibán; o elevando a los altares a los animalitos, haciéndolos valer muy por encima de las personas; o sirviéndose de las asociaciones que se enfundan banderas arcoíris de orgullos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales (LGTBI) y demás solemnes chorradas, con chiringuitos que se llevan lo más grande en subvenciones y prebendas.
Me sigue contando que, a estas alturas, la bandera LGTBI resulta tan ridícula como si los zurdos, los pelirrojos o los intolerantes a la lactosa portaran sus respectivas insignias, reivindicando igualdad.
Y me habla de ello alguien como él, de enorme corazón desde su infancia, que se jugó que le incoaran un expediente disciplinario en el Instituto por largarle las verdades del barquero a cierto impresentable que llamó maricón a un compañero de pupitre.
Me muestra innumerables fotografías de nuestra ciudad en las que se aprecia la bandera arcoíris en banderolas, farolas, marquesinas y autobuses, centros cívicos, sedes locales, correspondencia oficial y página web municipal, fachada del mismo Ayuntamiento, pins en las solapas del Alcalde Juan Espadas y de los miembros de su equipo de gobierno, sus asesores, sus adláteres y una cohorte de sumisos pelotas que ríen tales gracias, todo sea por trincar a potenciales votantes, de quienes no les importa un ápice su futuro ni su felicidad, todo ello con muchos ji, ji, ja, ja.
Disparando con la pólvora del Rey que son nuestras sufridas arcas presupuestarias, costeadas por vecinos currantes que se levantan a trabajar a las seis de la mañana, y que sostienen el entramado municipal con sus impuestos y tasas.
A mi amigo le inunda la tristeza. Tiene que conducir su vehículo de Policía Local, en el que consta la bandera multicolor y el lema «Sevilla, ciudad amiga de la diversidad sexual». Le duele en el alma tener que patrullar con un coche tuneado con semejantes falsedades, que ya dijo Goebbels, chamán de la propaganda nazi, que una mentira reiterada mil veces pasa a ser aceptada como verdad.
Igualico, igualico que el cartel «Sevilla, ciudad amiga de la infancia» de la Puerta de Jerez, en el que se obvia que en el último año se ha negado en la provincia de Sevilla el derecho a la vida a 4.544 bebés en centros abortistas. No hacen falta enemigos con amigos así.
Despido al Policía en la puerta del vehículo, cuando me dice que, al igual que todos sus compañeros, aún se halla a la espera de que el Ayuntamiento les pague las asignaciones extraordinarias prometidas desde la primera declaración del estado de alarma, y que ven como se tira el dinero a espuertas.
En ese momento, una cotorra kramer de los cientos de ellas que ensucian la Plaza Nueva (ave invasora que genera problemas de infección que el Ayuntamiento elude), suelta unos mojóncillos considerables en su vuelo, que van a estrellarse justo en la bandera multicolor y en el lema de ciudad amiga y gaitas.
Me sale de las entrañas. Le digo que tengo la sensación de que no va a limpiar tales excrementos.
Su respuesta es directa y franca, como él mismo:
– «Tú lo has dicho. La naturaleza es sabía y ha dejado a los mojones bien colocados en su sitio».
Mi amigo el policía arranca y le veo esbozar una sonrisa. Y yo que me alegro.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com






2 Comments
La ideología LGTBI se ha convertido en un tsunami que va a terminar arrastrando y arrasando a toda la sociedad, incluyendo a los propios homosexuales, bisexuales, lesbianas, transexuales, …
ES PENOSO Y ATERRADOR, VER LO QUE ESTA PASANDO EN …..este país