26 de Septiembre de 2025. 22ª de abono. Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Lleno de no hay billetes. Toros de Victoriano del Río (1º, 3º bis, 4º y 6º) y Toros de Cortés (2º y 5º) bien presentada, con complicaciones y, en general, bondadosos, destacando el cuarto, que fue aplaudido en el arrastre. JUAN ORTEGA (azul purísima y oro con los cabos blancos) –estocada caída y tendida en la suerte contraria- SILENCIO y – estocada entera y caída en la suerte natural— OREJA CON PETICIÓN DE LA SEGUNDA; DAVID DE MIRANDA (rosa y oro con los remates blancos), -estocada desprendida, tirándose a morir o matar- OREJA –estocada entera y desprendida— OVACIÓN.; PABLO AGUADO (sangre de toro y azabache), —casi entera en buen sitio— OVACIÓN y –estocada casi entera al hilo de las tablas tras pinchazo- OVACIÓN.
Tenía pensado irme esta noche a correr la nocturna de Sevilla, que tiene a la ciudad acolapsá, que dijo aquel. Pero no me ha dado tiempo, que la corrida ha durado dos horas y media. Y eso que tenía preparado el bañador, que yo hago deporte con cuadritos, cosas de cateto, la camiseta y unas zapatillas nuevas —bambas, le decían los catalanes que venían en verano— que me acabo de comprar. Cuando llegué ya habían salido todos los corredores y me he quedado compuesto y sin carrera. Bueno, el año que viene será.
Y es me he entretenido un ratito en El Picadero, en la calle Almansa, comentando las cositas de la corrida de hoy en la maestranza, con el eco de la voz de Garrido Bustamante en la memoria.
Mi amigo Paquito nació sin estar conforme con nada y así morirá. Que si la cerveza tiene poca espuma, que si tiene demasiada… y con los toros es igual. Se fija en todo lo malo… todo lo ve negro y de negro va siempre vestido. “En el primero, Ortega tenía que haber sacado un poquito al toro, que ahí seguro que embestía mejor. Seis estocadas y un solo pinchazo, pero qué estocadas: todas todas defectuosas de colocación. Es menester que Aguado le diga a Iván García que no apure tanto para cerrar a los toros en el burladero, que si apura algo menos y el compañero quita desde la otra bocana, se parte el pitón el tercer toro, con la buena pinta que tenía. David de Miranda debía haberle dado más aire, más sitio, al quinto de la tarde y no apretarle tanto desde primera hora”. Y todo así. Las cosas. Porque el que es negativo lo es para todo.
Joaquín es todo lo contrario. Positivo como el holandés aquel que era entrenador de fútbol. Y para él todo es de color de rosa. Solo ve lo bueno, que lo malo nos la manda la vida, suele decir. “Se ha visto poco el capote de ortega, pero cuando se ha visto, hay que aceptar que como él hay muy pocos. Aguado, por ejemplo, que enjaretó un quite por chicuelinas y una media marca de la casa con denominación de origen Alameda de Hércules. Y la quietud de de Miranda, que le ha recordado cosas de Paco Ojeda. Y lo bien que ha estado lidiada la corrida durante toda la tarde”.
Yo, por mi parte, he visto una corrida entretenida, muy de San Miguel, con toros hechos y rematados y con toreros con ganas de dejar buen sabor de boca en el aficionado, aunque unos lo consigan más que otros. A los brutos les ha faltado rematar en clase, aunque el tercero, y quizás también el cuarto, han tenido sus cosas positivas y había que haber apostado más por ellos.
En su primero, Juan Ortega ha estado en el Juan Ortega que yo entiendo: todo muy despacio, con los trastos a media altura y buscando cómo meterle mano a la embestida del toro. Es cierto que el negro zaíno no iba sobrado de fuerzas. Pero no se comía a nadie. En su segundo, Ortega me ha gustado y me ha sacado oles rotundos, sobre todo cuanto torea genuflexo, que le da más amplitud al muletazo. Torea con todo el cuerpo, siendo hombre y capote y hombre y muleta en uno. No hay altos y bajos en su tauromaquia. Plano pero bien ajustado y manejando la pañosa con una calidad difícil de ver en el escalafón hoy en día. El detalle de empezar la faena de muleta, con la montera en la mano, porque el toro se le vino al relance es de torero artista y despejado. Si el toro quiere pelea, se torea y luego se brinda. Sí señor.
El onubense David de Miranda bien podría haber dado un cerrojazo hoy a la Puerta del Príncipe. La oreja que le arrancó a su primero a base de arrimarse y arrimarse debería de haberla completado con las dos del segundo. El toro, aunque con sus teclas, no era un barrabás y tenía su lidia. Me extrañó que no saliera más arrebatado y se conformara pronto con las desiguales embestidas del burel, lo mismo que me extrañó que no brindara al público. Cuando el Paseo Colón está cerca —y había run run en la plaza antes de que saliera el quinto toro— hay que apostar más y dar bocados.
Pablo Aguado es un torero enorme. Eso no hay que discutirlo. Pero va ya uno escuchando por ahí que se le está acabando el crédito logrado —logrado por él y sus maneras de torear— hace ya demasiado tiempo. Todo lo hace bien y no hay un traspiés en su tauromaquia. Tiene la cabeza despejada y sabe ordenar la lidia y cuando hay que echar mano de la improvisación, lo hace como los ángeles. Lo he visto querer, pero le ha faltado algo. ¿Qué es ese algo? No lo sé. Pero al final, me ha dejado frio, como si faltara algo. Y eso que su toreo es todo lo contrario: pinturería, garbo y mucho toreo sevillano en las faltriqueras.
Al final, salimos contentos —unos más otros menos— y nos hemos puesto a comentar la corrida. Tanto hemos comentado, que me he perdido la carrera. Bueno, peores son otras cosas.
Incidencias.
Se guardó un merecido y emocionante minuto de silencio por el reciente fallecimiento de María del Mar Tristán, nieta e hija de los dos últimos directores de la Banda de Música del Maestro Tejera.
Tras picar al sexto toro de la tarde, con música, se despidió de los ruedos el picador Salvador Núñez, de grana o y oro.
El sexto toro de la tarde cogió al banderillero Sánchez Araujo en el embroque del segundo par. Puntazo en la parte posterior del glúteo.
El detalle.
No hubiera estado de más tener un detalle en recuerdo de Francisco Rivera Paquirri, torero que murió a causa de la cogida que le propinó el toro Avispado en la plaza de toros de Pozoblanco, hace cuarenta y un años. Que en esta plaza salió a hombros de novillero y de matador de toros. Aún resuenan en los papeles las palabras de Joaquín Caro Romero: “Porque Paquirri hizo subir de tal modo la temperatura que despertó a la canícula en el redondel. A mal tiempo, buen torero. A buen torero, buen toro”. Un torero que regó tantas veces con su sangre este albero, sobre todo aquella tarde del año setenta y ocho cuando le abrió los muslos, por dos veces, un toro de Osborne. Y en este ruedo dio su última vuelta al ruedo antes de ser sepultado en el cementerio de San Fernando. ¡Ay, los detalles!






