Hasta hace más o menos un cuarto de siglo, España era un país que merecía todavía la pena, con sus carencias, defectos y virtudes. Hoy es un país podrido por la política, con la Justicia en manos de mediocres como Sánchez, Bolaños o Marlaska. Las redes sociales han sido tomadas por los partidos políticos, que se dedican a intentar lograr que los ciudadanos nos odiemos. Fuerzan tensión en la sociedad para que nos matemos los unos a los otros. ¿Recuerdan cuando Zapatero, el amigo de Maduro, el tonto-listo del socialismo español, le decía en un plató de televisión a Iñaki Gabilondo, siempre pegado al perol, que necesitaban “tensión”? No nos dejan relajarnos y disfrutar de lo bueno que tiene la vida, porque nos quieren dependientes, con problemas y enemigos. O sea, quieren que usted odie a su vecino por ser de una ideología distinta a la suya. No he odiado a nadie en mi vida y menos por política o religión. Sánchez y su banda quieren que odie a la “derecha golpista”, cuando en el último siglo la izquierda ha dado más golpes de estado que la derecha y ha matado por odio a más personas. Sánchez y Paxi López lo saben perfectamente, pero cuando hablan de la derecha ponen cara de odio y se presentan como los salvadores de la convivencia y democracia. Los partidos tienen a cientos de personas pagadas en las redes sociales para que estén todo el día insultando a Feijóo o a Sánchez. La antigua red social Twitter es un nido de socialistas envenenando a los ciudadanos contra la derecha. Da asco entrar ya en X, te envenenas, sacan de mí lo peor y no estoy dispuesto a seguir. He abandonado Facebook temporalmente y haré lo mismo con esta red social tan podrida. Presumimos de la cantidad de amigos que tenemos en estos medios y cuando menos te lo esperas, esos que creías tus amigos van a destruirte, a comerte como lobos que matan por placer. Son esos a los que la política ha envenenado para que nos dividamos en buenos o malos, rojos o azules, católicos o ateos. Mientras ellos viven en nuestra piel para chuparnos la sangre como garrapatas. Vean el sueldo que va a tener Salvador Illa y el que le quedará a Pere Aragonés. O cómo vive la sindicalista Yolanda Díaz, la nueva reina patria del lujo.





