Como nos refiere el libro del Eclesiastés, todas las cosas bajo el Sol tienen un tiempo y un momento, y así hay un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar. La cuestión, sobre todo para las empresas, está en cómo medir ese tiempo de ocupación laboral por el qué se nos va a retribuir.
Durante muchos años, nuestro país ha tenido como asignatura pendiente en muchas empresas el respeto al horario laboral ante la falta de un control que verificara el tiempo de trabajo: llegar minutos más tarde de la hora señalada se convertía en algo habitual porque el jefe se permitía arribar media hora, o más, tarde; el desayuno se convertía en el tiempo de tertulia más celebrado cada mañana, a veces a dos manzanas del centro de trabajo, y diez minutos antes del cierre ya era costumbre recoger para, eso sí, irnos en punto.
En la actualidad, en España el Real Decreto-Ley 8/2019, norma cuya implantación acaba de cumplir cinco años, establece como obligatorio hacer el control horario de los empleados, y ello ha dado pie a que la Inspección de Trabajo haya triplicado el número de sanciones por incumplimiento de la norma. Similar al control de asistencia, dicho control es un área de gran importancia en cualquier organización.
El control horario, llamado también control de presencia en una empresa, es la acción de contabilizar las horas que ha trabajado cada uno de los empleados, y cómo éstas han sido repartidas a lo largo de su jornada. En este recuento se incluyen las horas comprendidas entre la entrada y la salida del lugar de trabajo, así como las horas extraordinarias y las que no se han realizado, por el motivo que sea. Estamos ante un asunto controvertido porque así expuesto pasa por alto algo fundamental, como es el rendimiento dado a ese tiempo, o, dicho de otro modo, su productividad.
El tradicional picado de ficha al entrar y salir en el mundo fabril, o la típica firma en el ámbito docente, generaban una inmensa burocracia que se pretende sustituir por medios digitales, máxime desde que la pandemia convirtió en habitual en muchos sectores el trabajo on line, con el fin de alcanzar una serie de objetivos: asegurar el cumplimiento de los horarios en el trabajo, evitar abusos laborales y fraudes por no pagar o compensar horas extras, garantizar el funcionamiento de las empresas y combatir la precarización.
El control horario de empleados, es además una herramienta fundamental para lograr organizar los diferentes departamentos que integran una compañía, al tiempo que fomenta la autodisciplina y la optimización del recurso intangible más valioso de cualquier trabajador: su tiempo. Gracias a la tecnología actual, se puede llevar a cabo con un software de gestión de horarios laborales, aplicaciones para ordenadores e incluso móviles, que permiten que los trabajadores registren su inicio y fin de la jornada, tanto fuera como dentro de su centro de trabajo. De hecho, a finales de 2023, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) publicó una guía sobre la utilización de datos biométricos para el control de presencia y acceso. Esta nueva interpretación determina otros criterios para el tratamiento de control horario como son el reconocimiento facial o la huella dactilar, si bien recomienda utilizar medidas alternativas y establece una serie de exigencias difíciles de cumplir.
A pesar de estos avances, se estima que un 30 % de las corporaciones de nuestro país siguen sin llevar a cabo un registro de la jornada laboral tal y como lo ordena la normativa en vigor (Informe “Registro horario en España en 2022” de la compañía Kenjo), de ahí que sea un asunto sobre la mesa de las actuales negociaciones para reducir la jornada de 40 a 37,5 horas semanales.
Bien por falta de recursos económicos o de información o de asesoramiento, o bien porque resulta muy difícil fichar en determinadas actividades con horarios hiperflexibles, o donde se trabaja por objetivos o proyectos, lo cierto es que el control horario no termina de calar en nuestras empresas, a pesar de que todas están obligadas: desde una startup con dos empleados, a una multinacional con miles; desde empleados ‘móviles’ como transportistas o comerciales, agentes inmobiliarios o trabajadores a tiempo parcial hasta los que trabajan a distancia.
La tendencia es a que el sistema de control sea objetivo, fiable, inmodificable, no manipulable y accesible por el trabajador, los sindicatos y la Inspección de Trabajo en remoto. Sigan atentos a la pantalla, porque hay todo un arsenal tecnológico para afrontar el reto normativo que supone el control horario de las empresas y vamos a ir viendo cambios en los hábitos laborales que nos van a sorprender..
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Es una cuestión de mentalidad y cultura tanto de la empresa, como del trabajador. Siempre he defendido que en España, acostumbrados a pasar incontables horas en la oficina, el control horario sirve para que esas horas sean «contables» en vez de incontables. Pero lo principal es la productividad. De nada sirve estar 10 o 12 horas trabajando si pasamos un 15 o 20 % charlando con compañeros, saliendo a desayunar, haciendo reuniones reiterativas de las que no se concluye nada, o, como a mí me ha pasado, » esto ya lo haré esta tarde fuera de hora». El control de presencia, por lo menos a mi, me anima a sacarle el máximo rendimiento a mi tiempo y poder salir del trabajo a una hora lógica, en mi propio beneficio, y en el de la empresa, por supuesto
Todos estos controles estarían de más si el trabajador fuera consciente de que además de tener derechos tiene obligaciones. Percibimos un jornal a final de mes y por lo tanto debemos de trabajar para ganarlo. Hablo de una forma generalizada pero gracias a Dios sigue existiendo personal responsable que son los que producen por todos.