La tarde de toros comienza mucho antes de que se abra, de par en par, la puerta de toriles. Todo empieza, acaso, en la respiración salobre de la bahía, donde la marea deja sobre los muros una costra de luz y de tiempo, esa mezcla de yodo, madera húmeda y vino derramado que sólo algunas ciudades conservan como un idioma secreto. El Puerto de Santa María es una de ellas.
Las calles estrechas del centro desembocan en la plaza como pequeños afluentes de una misma expectación. Bajo los alas de los sombreros y de las viseras de las gorras, entre los abanicos y el lento discurrir de los saludos, se mueve una multitud que no parece acudir a un espectáculo, sino a una antigua liturgia de oles y capotes. En cada conversación se adivina una cita con el pasado. En cada silencio, una espera.
El sol cae oblicuo sobre las viejas piedras de la plaza de toros, desprendiendo una claridad mineral. El olor de la tarde recién estrenada se mezcla con el del cuero caliente de los esportones, con la resina de los viejos tablones, con ese polvo de albero que nunca termina de asentarse porque guarda la costumbre de elevarse cuando alguien invoca la belleza.
Dentro de la plaza el aire posee una gravedad distinta. Es como si el recinto hubiese ido acumulando, durante generaciones, un sedimento de voces, de músicas extinguidas, de respiraciones contenidas. En ese preciso instante, no es difícil imaginar que bajo la arena permanecen intactas las huellas de quienes han atravesado aquel círculo buscando algo más complejo que la victoria.
Y empieza la tarde de toros en el Puerto de Santa María. Echo mano de mis notas:
Primero: Atigrado y tocadito arriba. Muy justo de presentación. Distraído de salida y cogido con alfileres. Poca fuerza. Morante (de berenjena y oro) lo capotea desde el tercio rematando la verónica levantando los brazos, evitando el codilleo, hace tiempo pecado mortal en el toreo. Muy flojo de remos el toro. Morante lo lleva con el capote al caballo. Puyazo corto y el toro flojea. Pero qué despacio lo hace todo Morante. Qué poquito a poco. Menos paso, como los andares de los palios en Sevilla… Pases por alto. Despacio y cerca. Hace tiempo que el de la Puebla pisa terrenos donde los toros embisten por lo civil o por lo criminal. Sigue en estado de gracia. Muy cerca en el primer muletazo lo espera con la muleta retrasa, consintiéndole. Luego le aprieta, pero no mucho. No puede. Las primeras tandas son la música callada del toreo. Estocada recibiendo tras pinchazo. Oreja.
Segundo: Embiste con los pechos. Algo mejor presentado que el toro anterior. Talavante (de grosella y oro) lo recibe por delantales, aunque el burel sale frío y dice poco. Muy parecido al anterior. Pero va mejorando con la lidia. Hace sonar el estribo en el encuentro con el caballo y desensilla al piquero. Breve quite por chicuelinas. Toreo de escuadra y cartabón el de Talavante. Lo vertical y lo horizontal a un tiempo. Torero que ha alcanzado la madurez desde el sufrimiento y la búsqueda de su propia esencia. Pero no termina de coger la distancia ni de encontrar el terreno. Un natural eterno recupera la faena. He echado de menos más acople y más temple. Estocada algo tendida y fallo con el descabello. Saludos desde el tercio tras ruidosa petición de oreja.
Tercero: Jabonero de capa y bajito. Buen toreo a la verónica con un remate garboso de Ortega (de verde hoja y oro). Marca de la casa. El toro embiste brutote. Picotazo en el caballo y se va de najas. Se duerme en el segundo puyazo. Busca los terrenos de toriles. Embestida incierta. Reservón. Quite magnífico en el primer par de banderillas porque el toro aprieta para los adentros. Tiene mucho que torear. Doblones para bajarle los humos al Cuvillo. El toro puntea y ya no es lo que era, lo que parecía. Derechazos mandones. Estoy viendo a un Ortega que yo desconocía, donde el poder va por encima de la pinturería. El toreo macho gana, en la faena, al artista. Hay toros con los que hay que estar así. Pero la cosa no termina de romper. Las malas ideas no se le han ido al toro por el boquete de la puya, y eso que le chorrea la sangre hasta la pezuña. Bien Ortega. Estocada desprendida en la suerte natural. Saludos.
Cuarto: Abrochado de pitones y buenas hechuras. La lentitud del toreo en las manos de Morante. Una tercera verónica a cámara superlenta, aquella del Canal Plus de los años noventa. Sale despistado de los trastos. Lo coge por los cuartos traseros con un recorte. No termina por derribar al caballo. Morante de desinhibe de la lidia. Mala cosa. El toro se lleva al caballo y al caballero a los medios. Fuerte puyazo. Segundo puyazo. Asoma una bronca en los tendidos…. el toro, con sus problemas, tiene los segundos contados. Muy incierto y con malas ideas. Breve tanteo con la muleta, con algún derechazo a media altura estimable. Y naturales cortitos, como buchitos de agua en el desierto. La cosa se viene arriba sin pensarlo. Yo no daba un duro por el toro. Morante se ha inventado al toro y la faena. Reinventando el toreo. Qué tres redondos… Qué verdad más grande. Hacer historia. Los oles son cañonazos. Sombreros en el ruedo, palmas por bulerías. Anda… y el que quiera más, mañana a la misma hora y en el mismo sitio. Estocada muy contraria tras pinchazo (se nota la herida de la mano derecha). Oreja. Hemos visto una de esas faenas que solo puede inventar el de la Puebla del Río.
Quinto. Recibo a la verónica. Es el toro más cuajado de los que han saltado al ruedo. Coge por los pechos al caballo en el primer y único encuentro. Bien lidiado con el capote por Álvaro montes. Buena cuadrilla lleva Talavante… Quita Alejandro por gaoneras a pies juntos y de perfil. Buenos pares de Javier Ámbel. Se desmontaran los subalternos. Brinda al público. Recibe al toro con estatutarios por fuera de las dos rayas. Inicio templadísimo. No quiere quedarse atrás el extremeño. Cambio de manos enorme. Naturales largos, templados. La muleta le vuela de una manera especial. El toro sólo ve muleta. Y embiste con clase. Derechazos mandones. El toro pica y pide pólvora. Unos pases con la zurda arremolinados a la cintura y ligados… las cosas de Talavante. Creador. Imaginación al poder. El toro sigue embistiendo con calidad y bravura. Algún sector del público pide el indulto. Run run en los tendidos. Talavante en torerazo. Este si me gusta. La petición se incrementa. La plaza es un manicomio, que hace desmontar la espada por dos veces y seguir toreando. Y el toro embistiendo. Los tendidos blancos de pañuelos. El público pide que no lo mate. Desconcierto. Estocada entera y tendida. Aviso y bronca al presidente. Dos orejas. Vuelta al ruedo al toro.
Sexto. Colorado capirote y axiblanco. Ramillete de verónicas exquisitas tras recibir al toro de hinojos con un afarolado. Por chicuelinas lo lleva al caballo. Manos altas para dejar que el toro se asiente y tome confianza. Ortega no se quiere quedarse atrás. Copia en el caballo al quinto. Pierde las manos al salir. Ortega sigue con el capote. Verónicas. Lentísimas… y una media abelmontada de la que sale trastabillado. Extraordinario tercio de banderillas. También deberían haber saludado al público. Empieza la faena de muleta pegado a las tablas con el cartucho de pescao de Pepe Luis, pero cambiado. Emprincipia con la rodilla en tierra. Viene arreando. Se cuela por el pitón derecho. Parece que no quiere las afueras y necesita distancia. Se sale del embrague y Juan tiene que estar buscándolo tras cada muletazo. Puntea la muleta y protesta. Ortega sigue con él. Pase de las flores, molinete y derechazos que se espacian por la poca fuera del toro. La cosa termina con un desarme. Pinchazo muy delantero. Pinchazo. Aviso. Tres pinchazos más. El toro está muy parado. Pero para eso se inventó el volapié, ¿verdad?. En esas que el toro se echa, aburrido. Silencio.
La noche ha caído rotunda sobre el Puerto. La afición salta al ruedo y se llevan en volandas a Alejandro Talavante —que ha podido con un toro muy bravo— y a José Antonio Morante, que ha bordado el toreo apostando por lo que nadie apostábamos.
Mañana, más…






