Hoy es día de sueños, nervios y desasosiegos. Día de insomnios, de intentos de agudizar el oído para oírlos entrar en casa y trastear dejando los regalos junto a los zapatos. Es, sin duda, el día más largo del año, la noche más eterna para los corazones de los niños (de todas las edades) que anhelan impacientes que despunte la mañana. Día de ilusiones…
Y es que, una de las cosas más hermosas de este mundo es alimentar y alentar la ilusión de los más pequeños, hacer volar su fantasía, hacerlos soñar y enseñarlos a que sean capaces de volver a ser niños en cualquier momento el día de mañana.
Por desgracia algunos insurrectos pertenecientes a la clase política han decidido violentar la inocencia de los inocentes y adoctrinarlos perfectamente, para que, en un futuro, pertenezcan a un rebaño bien guiado que obedezca sin condiciones.
Aunque, sin duda, la culpa no es sólo de ellos, sino de todos los que estamos permitiendo que esto ocurra, toda una generación que soñó en su infancia y que se ha dejado corromper al convencerse de que no se es progresista si se sueña, que no se es moderno y culto si se sigue creyendo en leyendas o cuentos.
¿Cómo contestarle a una criatura de tres añitos, cuando, al ver a las reinas magas pregunta: “Papá, ¿y Melchor, Gaspar y Baltasar?». Imagino a ese padre progresista, moderno y culto decir a su hijo: “Hijo mío, el heteropatriarcado ha muerto. Lo importante no es que sean magos o magas”…
Y sí, mire usted, sí tiene importancia. La tiene por interpretar y cambiar la historia, las leyendas o los cuentos de manera torticera, a conveniencia del momento para la captura de los votos de los borregos y la consiguiente conquista del poder, para que una vez que éste sea absoluto, desaparezca por siempre la enarbolada libertad de expresión para acabar sometido y dormitando a la sombra de la estupidez.
Por suerte, y humildemente así lo creo, pertenezco a ese afortunado grupo de adultos que aún, hoy en día, sigue poniéndose nervioso con la noche de reyes, que sigue soñando, que sigue manteniendo la ilusión.
Ilusión que debiéramos fomentar y contagiar a los niños que aún no están corrompidos, para que el día de mañana cuando se enfrenten un año tras otro a los avatares y reveses de la vida, anhelen un largo día, una eterna noche, un inmenso despertar y una enorme sonrisa, para tener la tranquilidad de que al menos, una vez al año, sigue existiendo un tiempo de ilusión.
Que en el día de hoy se cumplan todos vuestros sueños.





