Al llegar las vacaciones, podríamos establecer dos grupos de veraneantes tradicionales: los que no quieren perder las comodidades propias de la ciudad y optan por un hotel o apartamento (baño propio, cama con un buen colchón, …) y aquellos que aprovechan esta fechas para estar en contacto con la naturaleza, huyendo del aburguesamiento propio de la vida cotidiana, y eligen irse de camping, o con la tienda y la mochila a cuestas a recorrer senderos sin un destino fijo.
Sin embargo, de unos años a esta parte hay una modalidad intermedia que se está haciendo cada vez más popular: el glamping, término anglosajón resultante de la fusión de las palabras glamorous y camping, acuñado en Gran Bretaña en 2005 aunque empleado por primera vez en el siglo XIX por exploradores británicos como David Livingstone, que abrieron las puertas del turismo al continente africano, y que consiste en acampar al aire libre con instalaciones de lujo: dormir bajo la luz de las estrellas, pasar unos días en una casa del árbol, descansar en una tienda domótica frente al mar, o despertar en una cueva con temperatura perfecta para descansar, entre otras variedades.
Bien es cierto que nada hay nuevo bajo el sol: alrededor del año 200 a. C., los otomanos también transportaban tiendas de campaña lujosamente decoradas con bordados de oro, alfombras y muebles para que el sultán pudiera viajar cómodamente. Existen pinturas del siglo XI mostrando a la Emperatriz china Song dando a luz en una grandiosa tienda-palacio, rodeada de cuarenta y ocho tiendas más pequeñas. En la época de Gengis Kan —el conquistador mongol— (siglo XII – XIII), las lujosas tiendas se ganaron el apodo de «palacios móviles». En 1876, la Reina Victoria utilizó una de las shamianas (grandes tiendas de color rojo) indias para su coronación como Emperatriz de la India.
Con esta modalidad se fusionan lo mejor de los dos mundos: el contacto directo con la naturaleza propio del camping tradicional y el lujo del turismo de alto nivel. La tendencia a este tipo de vacaciones nació en los Estados Unidos bajo la estética ´hippie chic´ y ha evolucionado hacia un mercado consolidado con todas las comodidades.
En España su desarrollo ha sido impulsado por plataformas como GlampingHub, una start up sevillana constituida en 2014 dedicada exclusivamente a este tipo de alojamientos, que se ha posicionado como un referente global, gestionando miles de reservas en más de 90 países y consolidando a Andalucía como epicentro de esta modalidad de vacaciones a escala nacional e internacional. Fundada por David Troya y Talal Benjelloun, ambos graduados en Turismo por la Universidad de Sevilla, han llevado una carrera profesional paralela y una misma visión de futuro empresarial que les ha permitido llevar a cabo este proyecto, cuanto menos, innovador.
Este enfoque busca minimizar cualquier impacto, preservando el entorno natural sin alterarlo, manteniendo un equilibrio sostenible. Sus alojamientos se encuentran siempre al aire libre, y muy frecuentemente, dentro de parque nacionales, en zonas montañosas, campos, bosques, selvas, desiertos o extensos jardines. Cada glamping cuenta obligatoriamente con una cama (muy a menudo de gran tamaño), un baño privado, servicios exclusivos y una zona de relax para apreciar la naturaleza que le rodea.
Son muchas las modalidades de glamping: eco lodge, cabaña de material orgánico; tienda de lona; yurta, modalidad de tienda de campaña utilizada por los nómadas de Asia Central; casa en árbol; tienda de safari; pabellón, de forma cónica; autocaravana; iglú de nieve; tipi, tienda cónica como las utilizadas por los indios americanos …
En Andalucía tenemos ejemplos en todas las provincias: cabañas en San José del Valle (Cádiz), casas – cuevas en Guadix – Baza (Granada), alojamientos ecológicos en Fuengirola (Málaga), La Dehesa Experiences en Sierra Morena (Córdoba), la Cabaña Garrote Gordo en la Sierra de Segura (Jaén), TAIGA Almería Playa entre Vera y Mojácar (Almería), los Horizonte Bubble Rooms (burbujas transparentes) en Cortegana (Huelva) o tiendas tipo safari en El Pedroso (Sevilla), entre otros.
Si hay un argumento de venta de este producto que cala en muchos clientes potenciales es su carácter sostenible: Reducción del impacto ambiental, pues se disminuye notablemente el uso de materiales, energía y agua tanto en su construcción como en su mantenimiento, reduciendo su huella ambiental. Conexión con la naturaleza, pues sus alojamientos suelen estar ubicados en entornos naturales, fomentando la preservación de los ecosistemas locales. Uso de energías renovables en casi todos ellos. Gestión eficiente del líquido elemento: algunos alojamientos implementan sistemas para recolectar agua de lluvia o reutilizan aguas grises para tareas como el riego, reduciendo su consumo y, finalmente, apoyo a las comunidades locales: al estar ubicados en áreas rurales, los proyectos de glamping crean oportunidades de empleo y desarrollo económico para las comunidades cercanas, contribuyendo al crecimiento sostenible de la región.
Estoy convencido de que poco a poco iremos incorporando a nuestro vocabulario estival esta expresión hasta que nos resulte de los más familiar.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





