Escucho a Tezanos, el director del CIS, en su comparecencia en la Comisión correspondiente del Congreso y todo es un arcano que no explica nada sobre el desmayo abultado de sus predicciones, aunque todo lo encamina hacia lo que puede avecinarse en el futuro más cercano.
Toda su justificación la apoya en dos supuestos cambios trascendentales que se han producido entre los españoles. El primero de ellos sería que hace años los ciudadanos eran poco proclives a cambiar su voto y existía poca movilidad a la hora de coger la papeleta para introducirla en la urna. La segunda, según dice, es que antes los ciudadanos decidían su voto con bastante más antelación y que ahora optan en los últimos días o las últimas horas, lo que haría mucho más impredecible el resultado para las encuestas.
Olvida el científico Tezanos (aquí se apoda de científico hasta Fernando Simón, el de «habrá como mucho dos o tres casos») que de ser eso cierto eso, y tan decisivo como sugiere, no se trataría de algo que ocurrió de un día para otro, sino a lo largo del tiempo y menos aún explica cómo es posible que ello le permita a otras muchas casas encuestadoras aproximarse con bastante más exactitud a la realidad de los resultados.
Francamente, Tezanos y «su CIS» generan tal desconfianza en todo lo que dicen, sea de palabra, obra u omisión, que no merecería ahondar demasiado en el asunto…, de no ser porque a lo que se refiere, y esa tal vez es la razón de su discurso en el Congreso, sea a lo que se nos viene encima en futuros procesos electorales, cuyos resultados, quizá muuuuy sorprendentes o hasta escandalosos, quedarían explicados con las advertencias desgranadas por el profeta de guardia de Pedro Sánchez, que acomoda sus augurios a los intereses de su jefe durante todo el año en los períodos no electorales, tratando con ello de generar tendencias porque son indemostrables y luego, cuando llega la hora de la verdad y puede contrastarse su pronóstico, se choca abruptamente con el muro de la realidad y se transforma en fiasco sin que le duelan las muelas.
Tezanos no es que se pille un dedo, sino que tiene las dos manos colocadas en la bisagra de la puerta para deformar las apariencias y tiene convertida la cocina del CIS en un fogón de mamarrachadas donde los pucheros arden y humean las tergiversaciones a favor de parte.
Y ni les cuento, como digo, si de lo que se trata no es de pronosticar un resultado electoral, sino de conocer las opiniones grosso modo y las tendencias de la ciudadanía ya sea sobre monarquía o república (sólo introducir la preguntita tiene su delito) o sobre cualquier circunloquio de un ministro, como cuando preguntó en una encuesta: “En circunstancias como las actuales, ¿cree que los partidos y líderes de la oposición tienen que colaborar y apoyar al Gobierno, dejando sus críticas o discrepancias para otros momentos, o que deben continuar criticando y oponiéndose en todo lo que consideren?”… y se quedó tan pancho.
De Tezanos ya dije que es «el calendario zaragozano y las cabañuelas de agosto de Pedro Sánchez en una sola pieza» y que «si le preguntas la hora, te responde con los precios de ofertas del Alcampo o te encaloma el horario de salida de los trenes de cercanías del área metropolitana de Wuhan».
No tiene medida en sus manipulaciones ni el surrealismo de sus encuestas es capaz de adaptarse a su velocidad de mutación; es decir, «que no te da tiempo ni a reírte».
Tezanos cocina todo lo que toca y achicharra los pucheros.
He dicho.





