Ya es Ella. Volvió la Esperanza. Estaba convencida de que había solución. En este caso, rectificar no ha sido de sabios, sino de obligados forzosos. Así se ha demostrado, con las pocas horas que permite una sola noche, que existen buenas manos para Ella y no han estado, lamentablemente, muy lamentablemente, desde el principio. Después de haber permanecido ante Ella y fotografiarla, siento consuelo junto a todo el mundo que vuelve a verla. Me queda muy claro -lo tuve siempre- que no se puede restaurar a la Macarena en cinco días. ¡La Macarena!, devoción de universal renombre. No es una simple imagen, una diosa o una muñeca, como la califican esos tipos humanos que no dan más de sí, que seguramente nunca den más de sí. La Esperanza Macarena conlleva en su rostro, en su mirada única e incomparable, todo un mensaje espiritual de consuelo y fe para animar tantas postraciones, enfermedades, situaciones límite y hasta quehaceres diarios. Ya es Ella, repito. Me vuelvo tranquila y despierta. Alguien (ya sabremos quién más tarde o más temprano) me ha sacado de una pesadilla. Es quien ha sido capaz de conseguir desde un mal sueño el renacer de Sevilla.
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