El momento de mayor perplejidad es cuando percibes que acabarías antes de citar los derechos constitucionales que permanecen intocados que si recuentas la lista de los que están reconocidos en la Carta Magna.
Se los han cepillado o los han arañado casi todos, incluido el derecho básico a la vida, ampliando el aborto y la eutanasia, así como eliminando el derecho al trabajo para tener con qué comer, porque lo han cerrado casi todo y casi se diría que sólo nos quedan el ‘derecho’ a pagar impuestos, el ‘derecho’ a guardar silencio y a obedecer a un ególatra enfermizo y, como mucho, el ‘derecho’ a ser llamado en cualquier momento facha o cayetano por cualquier mamahuevos vestido de escopeta de feria y oliendo a sebo.
No hacéis caso, pero os tengo dicho que cuando escuchéis a un socialista o a un comunista escandalizado o denunciando algo desde la oposición, sabed que no reivindica nada, sólo anuncia lo que piensa hacer. Esto es así desde el comienzo de los tiempos, nada nuevo bajo el sol.
Cuando Sánchez llamó «indecente» a Rajoy en un debate cara a cara ante las cámaras, ya sabía de la mucha indecencia propia que guardaba dentro de sí mismo y que pensaba usar. Y cuando el Marqués de las Chaquetas Viejas hablaba de la indecencia de los sueldos de los políticos y de los casoplones, ya estaba buscando por todo Madrid hipoteca y los planos de un chalé a la medida de su miserable golfería.
Casi cada día, digo, estos dos tahúres se fuman por la vía de los hechos uno o varios derechos constitucionales sin pasar por el Congreso ni sumar mayoría cualificada alguna. Nos han devuelto a todos a los años de la cyclostil y de «la vietnamita» para imprimir folletos clandestinos que no podrás ni difundir en las redes sociales, porque la brigada contra el libre pensamiento del Big Brother Iván Redondo permanece ahora atenta a lo que digas y decretará no ya lo que es mentira o desinforma sino cuál es la verdad y en qué tono o qué palabras del diccionario puedes emplear.
El deber de conocer y el derecho a usar el español del artículo 3.1, por ejemplo, ha desaparecido con un ligero movimiento de muñeca en una ‘enmierda’ presentada a la Ley Celáa por los golpistas de ‘Catalumnia’, de modo que ya pueden cerrar todos los Institutos Cervantes repartidos por el mundo, si no fuese porque les sirven para colocar a los miles de amigotes de la infancia con una mano delante y otra detrás.
Pero digo yo que si Redondo piensa decidir los términos que puedo usar para acordarnos de su puñetera madre, lo mismo me toca aprender el idioma Nadsat de «La Naranja Mecánica», la novela de Anthony Burgess que Kubrick llevó al cine, y entonces tendrán que contratar a un millón de «drugos» con bates de béisbol y sombreros de hongo para leerse el ABC y el SevillaInfo cada mañana.
En definitiva, todos aquellos mindundis que llamaban Ley Mordaza a una norma que recogía, entre otras candideces, la prohibición de apuntar con linternas láser a los pilotos militares o policiales de helicópteros, han aprobado ahora que un inspector de Hacienda, ¡toc toc!, puede presentarse en tu casa a cualquier hora y hacer un registro hasta del horno o la nevera.
Así se llevaron aquella noche a Calvo Sotelo, a Foxá, a Maeztu y a tantos otros para fusilarlos delante de un tapial, pero ya le recomiendo yo y le advierto, a cualquiera de esos funcionarios, que si tiene intención de presentarse un día en casa, ¡ring, ring!, se haga acompañar de la pasma, porque, si no es así, se traga hasta la corbata, incluida la etiqueta de Gucci, y se lleva de mis partes un saludo y recuerdos para el Marqués de la Zambomba del FRAP y para su señora de color de rosa de Luxemburgo.
Pero se han jamado el artículo 14, que habla de la igualdad sin distinción de raza, religión, sexo o cualquier otra condición social; también el artículo 20, sobre la libertad de cátedra y de expresión sin ser sometida a censura previa; igual sucede con los que se refieren a los derechos de huelga (sin coacciones, que ahora ya no es delito), de reunión y de movilidad; han eliminado el 135 sobre el techo de gasto; van a por la Corona como garante constitucional y a por el artículo 2 sobre la indivisibilidad de la Nación; han pisoteado todo lo que hace referencia a los símbolos patrios y muchos más; pero sobre todo han destripado el artículo 9.1 que señala que: «Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico». Los cabestros del socialcomunismo se lo pasan por el forro de sus pitones.
Mientras todo esto ocurre aquí en España, observen el mal perder de Donald ‘Trón’, que el hombre ha decidido presentar recurso ante la Justicia (¡habrase visto estos fachas!) por el pucherazo electoral y no como su anterior contrincante, la enfermiza Hilaria, que cuando perdió las elecciones se limitó a incendiar las calles durante cuatro años con los salvajes antifas y Black Lives Matter, impulsó un falso ‘impeachment’ y casi que buscó en los bajos fondos a un sicario que le arrancara las pestañas postizas a Melania y le expropiara los abrigos de color mostaza que la dejaban a ella como lo que es, una palurda con 18 dioptrías hasta en el ojete y loca de atar a un poste.
Pero les advierto que a Biden se le está poniendo cara de Juan Pablo I «el breve» y no es un candidato sino a morirse. O a ser destripado en el «off playboy» de su pedofilia latente acreditada para que lo sustituya Kamala Harris, la primera mujer que llegará a la Presidencia -aunque por la gatera- para escarnio de doña Hilaria, la que no se la supo succionar a uno de Arkansas ni ganarle a ese ogro que no ha disparado un misil en todo su mandato, mientras que su antecesor, el del Premio Nobel de la Paz por rascarse el bolo, incendió el Mediterráneo, África y Oriente Medio poniendo voz de locutor del parte.
He dicho.





