Hace mucho, muchos años, los ingleses explicaban con orgullo el poder del Parlamento; lo único que no podían hacer los legisladores de Westminster era convertir a un hombre en mujer. Hoy, eso lo hace cualquiera. Un Parlamento puede incluso conseguir por mayoría que la democracia no sea democrática.
El PSOE y Podemos andan empeñados en que «el enriquecimiento sin explicar» sea por sí mismo un delito. Dicho de otro modo, el ciudadano tendrá la obligación de hacer público y aclarar de dónde viene cada uno de los euros que entra en su cuenta corriente. No se trata de que un juez pueda indagar sobre la fortuna de un presunto delincuente, eso ya existe, es lógico y no necesita una nueva ley. Se trata de un nuevo tipo de democracia: puesto que la mayoría siempre tiene razón y en consecuencia puede legislar sobre cualquier asunto, también puede hacer obligatoria la transparencia universal. La privacidad convertida en crimen. Lo que no está autorizado está prohibido. Hacia ahí vamos.
De momento, la nueva ley democrática sólo se aplicaría a los políticos; luego, va de suyo, se extenderá al conjunto social sin excepciones pues la infraestructura de vigilancia está operativa y puede ponerse en marcha de hoy a mañana.





